29/1/10

Un Cuento



EL JUEGO DE LA AMISTAD.
(O “de cómo conseguir amigos hoy día”)
Cuento corto, casi virtual.


El Sr. Boia, muy porteño él, es un tipo feliz porque tiene muchos amigos en los que ejerce un protagonismo pletórico de simpatía, voluntarismo... y “VIVEZA CRIOLLA”.
Se prodiga con todos ellos “A FULL”, saludando, apoyando, alentando, ayudando. Les pasa, porque no, recetas de cocina magistrales gracias a su toque personal, les cuenta cuentos o chistes graciosísimos (a su criterio), y ocurrencias muy porteñas no muy entendidas por sus amigos españoles. Si, porque sus amistades no se circunscriben a Buenos Aires donde vive, ni a Argentina, no, trascienden las fronteras.

Fundamentalmente los une un hobby, pero curiosamente de su hobby es de lo que menos hablan, se podría inferir que es la excusa para hacer amigos muy amigos. Y les encanta tener cada día más amigos, “coleccionar” amigos y alabarse mutuamente, porque si de algo hacen gala es de su buen carácter y “BUENA ONDA” o “BUEN ROLLO” como dirían en Argentina o España respectivamente.
Son amigos tan abiertos, que de inmediato acogen a nuevos amigos que de pronto irrumpen en su círculo presentándose sin más, sin que nadie los invite, con nombres extraños, tal vez originales.

Inmediatamente se brindan a ellos con la mejor buena voluntad, primero con todo tipo de frases hechas para darles la más calurosa bienvenida, y luego alabar su esfuerzo o virtuosismo que empeñan al desarrollar su hobby en la rama que sea, aunque a la vista salte su mediocridad que nadie ve, o mejor, no les importa ver; porque criticar sí, pero no crítica sincera, solo crítica elogiosa y “constructiva”, (¿mentira piadosa?)... ¡no sea que se pierda un amigo!, y, en eso no tiene rivales el Sr. Boia, la verborragia argentina le brota de sus poros adulando a diestra y siniestra, ofreciendo su ayuda y consejo que de paso, evidencie sus habilidades y sapiencia sin falsa modestia. ¡Vamos, que de modesto poco!

Es tal el ansia que tienen todos los amigos de cosechar amigos, que si no apareciera ningún “nuevo amigo”, una vez agotados los temas de charla habituales en sus reuniones diarias, más de un amigo se hace pasar por otro desconocido con nombre ridículo, (perdón: “ingenioso o divertido”) y se presenta como un “nuevo amigo”, así el resto de amigos, simulando no darse cuenta, poniendo cara de falsa alegría por la llegada de un nuevo “falso amigo”, pueda prodigarse en ridículas bienvenidas y tontos comentarios no tan originales como ridículos. ¡Pero qué divertido! La lista de amigos sigue creciendo.

Y... si... Visto de afuera por alguien que no se decidió a irrumpir en ese agraciado circulo de amigos que profesa tal juego de amistad a ultranza, todo suena bastante hipócrita y sobre todo eso: ridículo.

El Sr. Boia es uno de los pilares de ese círculo con muchísimas aspiraciones de ser el centro del mismo, y como supondrán con ese objetivo se brinda al máximo. Quedan muy atrás en el tiempo los días en que le costaba levantarse para ir a trabajar, hoy por hoy, se levanta una hora antes para saludar a sus amigos, incluso desayunar con ellos. Luego habrá que salir disparado para no llegar tarde al “laburo”, “curro” dirían en España, y, que largas son las horas de trabajo diario esperando terminar para volver con ellos. No se sienta a cenar sin antes contar algún chiste corto, alabar la ocurrencia de algún compañero, felicitar a alguno por su cumpleaños, agradecer a alguien por todo lo bueno que está haciendo por los demás...(?) y agradecer sin más por estar y compartir con tan admirable gente.

Pero por sobre todas las cosas lo que más le atrae de estas “reuniones” rápidas, es saber que opinan sus amigos de los comentarios que soltó por la mañana, en suma es lo que esperan todos, no solo él; a todos les encanta que les halaguen, y en este círculo de amigos el halago está garantizado. A nadie le interesa demasiado lo que hacen, dicen y les pasa a los demás, es un trámite a superar con algún comentario corto, si es posible de frases hechas, lo importante es halagar y esperar de sus amigos su cuota de halago diario.

Con su ego satisfecho trata de cenar lo más rápido posible para tener la última reunión diaria con sus compañeros de hobby, y simultáneamente explorar en internet, (Google, Facebock, YouTube mediante), para ver que video simpático o dramático, que foto, que curiosidad, que artículo de su común inquietud pueda compartir con sus contertulios.

Así se acuesta a altas horas de la madrugada, ¡pero qué contento!, y no se duerme pensando con que podrá sorprender a sus amigos a primera hora de la mañana siguiente antes de desayunar y cumplir con su rutina. Rutina solo rota por su otra rutina de los fines de semana: pasar todo el día con sus amigos desayunando, compartiendo el mate de Argentina, o las porras de España, regocijándose con sus amigos catalanes que se juntan a compartir su hobby al aire libre en distintos y hermosos parajes. Hablando de todo con todos, no importa el tema siempre que sea de buen rollo, buena onda, aunque carente de trascendencia como:
- que lindo olor a café,
-disculpen me dormí,
-les mando para que prueben este dulce de leche argentino,
-que buena la tortilla de patatas española,
- ummm... que aroma el de ese pulpito a la gallega o ese matambrito arrollado.
-Por acá llueve y hace frio o por acá hay sol y mucho calor.
De más está acotar que el Sr. Boia con toda su suficiencia y arrogancia típica de porteño, no escatima dulces elogios a las mujeres, sobre todo a una de ellas, Amapola69, la más simpática por la cual siente un especial atractivo. Aparentemente y a los ojos de los demás, el sentir es mutuo.

Pero repito: buena onda, que nadie discuta nada, pues inmediatamente saltarían todos los demás para suavizar la cosa suponiendo un mal entendido. Si alguien insiste en disentir, no faltará el amigo que “moderará” la cosa y lo expulsará de esa cofradía de la amistad simplemente “desconectándolo”, no sin antes ser denostado por todos sus ex amigos con cientos de comentarios muy respetuosos pero irónicos, por no decir hirientes, que el pobre disidente no puede rebatir.

Es domingo; el Sr. Boia madrugó más que si tuviera que ir a trabajar; es que la noche anterior después de una larga tertulia con sus amigos, se le ocurrió invitar a todos a que conozcan su casa. ¡Será genial!

Les da a todos su dirección y les cuenta que está en la calle principal de uno de los barrios más bonitos de Buenos Aires, más bonitos y ¡de gran categoría por supuesto! Les muestra el portal de entrada de una pintoresca casa de tres plantas, un salón acogedor con el fuego encendido en su hogar, les convida unos ricos mates en la cocina y se regodea en el estudio donde practica su hobby. No se olvida de las vistas desde la terraza y su hermoso y florido patio interior, eje de la vivienda a donde se abren todas las estancias de la misma.

No quedó un solo rincón sin mostrar a todos sus amigos, no faltó nadie, y yo me atrevería a asegurar que muchísimos extraños que vagaban o “navegaban” por los alrededores también se metieron furtivamente a conocer la casa del Sr. Boia.
Los elogios al amigo Boia no se hicieron esperar, ningún amigo se cortó al agradecer la invitación y amabilidad del anfitrión que les abrió hasta el último cuarto, no escatimó palabras de felicitación por su casa tan hermosa, original, decorada con el mejor de los gustos, y con rincones tan agradables que ya conocían al detalle. Conocían la casa más que al propio Sr. Boia.

Y claro, a esta altura del relato se estarán preguntando quién y cómo es el Sr. Boia; si preguntamos a su gran cantidad de amig@s (parece que se estila poner @ en internet para leer “a” u “o”), cada uno de ellos tendrá su opinión por lo general muy positiva a partir de cómo se lo imagina, porque... ¿realmente importa cómo y quién es en realidad? ¡Es un amigo! Por ejemplo:

Para su sevillana amiga Maria Antonieta, (así llamada por que perdió la cabeza en internet) es un ser adorable, y que acento argentino tan dulce tiene; así será mientras no la contradiga, porque entre nosotros, es una viejita bastante rencorosa, o por lo menos así la imaginamos.
Para más de uno es el genio de la cibernética que los asesora con la mejor disposición en sus problemas de manejo de la “compu” para navegar por internet.
Para las amigas mujeres es un sol que no se cansa de regalarles piropos en sus halagos estándar, para las españolas además indexados con ese acento argentino tan encantador...
Para muchos compañeros españoles es un poco macarra pero: que gracia y simpatía derrocha el argentino...
Todos se lo imaginan como un ser admirable, ingenioso, afable, servicial, divertido...y muchos etcéteras mas de virtudes imaginables.

Si preguntamos por su aspecto físico, también depende de la imaginación de cada uno de los amigos que lo describe, porque solo lo han visto encasquetado hasta las cejas con un gorro de visera muy larga, anteojos (gafas) de sol muy grandes, de marca por supuesto, barba tupida pero cuidada... en fin, que solo se aprecia la nariz no muy discreta por cierto pero, ¡que bien le queda! Luego si es alto, bajo, gordo, dependerá de la imaginación de cada uno, incluso... ¿será hombre? Reitero, ¡a quien le importa! Es un amig@, o tal vez varios amig@s a la vez con distintos y divertidos nombres.

Solo lo conocen por una pequeña foto de su avatar.

Es lunes; el Sr. Boia da por terminado su primer contacto diario con sus entrañables amigos mientras desayuna. Afable como siempre saluda a los que cumplen años, halagó los trabajos y comentarios subidos al foro la noche pasada, y luego de subir su propio comentario original y simpático plagado de emoticones al uso, apaga la computadora para ir a trabajar.
Si no se apura llegará tarde, eso le impide encender la computadora nuevamente... es que se le olvidó dar de comer virtualmente a la virtual mascota del foro. ¿Ridículo verdad? Es que no es un niño, ya pasa los 40, pero él se va con mal sabor de boca.

Sale de casa bufanda al cuello con la que se tapa la cara hasta la prominente nariz con excusa del frio, en realidad se “esconde” para no saludar a la vecina. Que no está nada mal la morocha y le gusta, pero... no se atreve a hablarle.
Antes de cerrar la puerta con doble cerradura de seguridad, con el mejor mal humor (más que el usual de todos los días) le pega una patada al gato callejero que duerme en el porche para su eterno disgusto.

Parte caminando lo más rápido posible mirando al suelo, para que ningún pesado vecino lo pare con comentarios intrascendentes. Solo los saluda entre dientes si no lo puede evitar.
Cruza la calle para no toparse con el travesti, ese desagradable “maricón,” que entra al ciber café donde desayuna todas las mañanas mientras visita un foro de internet en el que tiene muchos amigos.
Se sube al “bondi” (el colectivo, el bus) que lo llevara a su oficina, aislado dentro de su MP3, el trayecto no es muy largo pero nunca falta algún plasta que quiere iniciar una de esas charlas estúpidas que a nadie importa.
Esquiva al portero del edificio donde trabaja, es un tipo insoportable y chusma.
Entra a su oficina, solo saluda con una mueca altanera al compañero más cercano, no le queda más remedio, y se enfrasca en su tarea diaria sin evitar pensar en sus amigos del foro.

Si preguntamos a los vecinos que opinan del Sr. Boia, nos dirán que no se trata con nadie, que es un tipo osco y desagradable, pedante, nadie sabe a qué se dedica.
Si preguntamos a los compañeros de trabajo, nos dirán que es el típico porteño fanfarrón insoportable, sabelotodo. Todos lo esquivan y el no hace nada por acercárseles, no están a su altura (según él, claro).

Por fin, se hizo largo el día de trabajo, pero se terminó. Ya está entrando a su casa ansioso por conectarse a internet para disfrutar del foro con sus amigos. Va directo al cuarto de la compu sin percatarse que el recibidor y el salón por el que pasa están un poco revueltos, se queda paralizado, pálido como el papel y con la boca abierta sin respirar…¡su computadora no está! Su “Mac”, su vida había desaparecido.
Está todo desordenado, libros, cuadros, adornos, notas, todo tirado por el suelo y... ¡su computadora “Mac” no está!
La escena se repite por todas las estancias de su casa, pero ¿por dónde entraron los ladrones?
¡Claro, por la terraza y luego el patio interno! Pareciera que conocían muy bien la distribución de la casa, pero ¿cómo?, si nadie entró jamás en ella. El Sr. Boia jamás recibe visitas, son una molestia, no le gusta andar atendiendo a nadie.

Y su computadora, los cabrones se llevaron su computadora, lo demás es lo de menos, pero su Mac es su vida, ¿cómo podrá ahora reunirse con sus entrañables amigos?

No se preocupó por el dinero que faltaba de su pequeña caja de seguridad, oculta tras los libros de la biblioteca, no le importó que faltaran sus caros adornos de porcelana, ni el televisor ni el equipo de audio. No se le ocurrió llamar a la policía, solo salió corriendo al ciber café de la esquina, (aunque esté el travesti desagradable) sus amigos del foro debían enterarse de sus desgracia, ya no tenía su “Mac”, ellos lo compadecerían con las más cálidas palabras de apoyo, y sobre todo Amapola69 su cibernético amor imposible, lo sabría consolar tan solo como ella sabe.

Cientos de frases hechas entraron al instante, sus amigos se lamentaron, lo alentaron, hicieron los más variados comentarios de hechos similares vividos por no se quien, e incluso, trataron de sacarlo de su inmensa tristeza con algún chiste tonto. Luego siguieron con sus habituales halagos a cualquiera y subiendo el comentario que realmente le importaba subir a cada uno.
¡Ala, ánimo!, le decía Amapola69 la mejor moderadora del foro con su habitual dulzura; ya te comprarás otro “ordenador”, la vida continua, seguiremos compartiendo nuestros días como siempre. Tu eres un sol y lo superarás, este foro no sería el mismo sin ti... bla, bla, bla...

Ya muy entrada la madrugada cuando el dueño del ciber prácticamente lo hecha para poder cerrar -el travesti se fue hace rato- el Sr. Boia se dirige a su casa felicitándose por la fortuna que tiene al contar con tan y tantos buenos amigos.

Nunca se imaginó el Sr. Boia, que los ladrones en su computadora “Mac” recién adquirida, también leyeron en el foro su relato pero claro, no le contestaron, solo se desternillaron de risa y siguieron esperando que algún otro los invite a conocer su casa.

Nunca se imaginó el Sr. Boia que quien lo había realmente reconfortado y le daba sentido a su vida, Amapola69, a quien algún día se animó a llamar por teléfono pero no supo que decirle, es en realidad el travesti que tantas mañanas había mirado con desprecio, y que estuvo sentado a su lado hace unas horas en el ciber, sin siquiera mirarle.

© Alfredo Scaglioni
Zaragoza – diciembre de 2009.

Nota: Es sabido que los arquitectos servimos para todo. Somos todo terreno. Alfredo, colega y amigo, me envió el texto que has leído y, con su generoso permiso, lo he subido a ars porque me parece muy bueno. Luego, me tomé el atrevimiento de ilustrar esta historia contemporánea con una fotografía tomada del sitio http://isogadgets.com

5 comentarios:

Palabras como nubes dijo...

Muy buena -y absolutamente real- historia. Creo que en algún punto, por pequeño que sea, todos los que compartimos este mundo virtual somos el señor Boia, mal que nos pese. Y recalco, 'en algún punto'.

Abrazo, encantada de leerte de nuevo! :)

Jeve.

ars dijo...

Sí, "en algún punto". Es una cuestión de equilibrio, me parece. Esto está bueno, tanto como juntarse con los amigos, ir a la cancha, tumbarse al sol, ir a un cine o hacer el amor, físico y tangible. O lo que sea. Lo que no podemos hacer, creo, es convertirnos en Matrix. Sé que exagero un poco, supongo que me explico. Y si no es así, es lo mismo. No tiene la más mínima importancia.

dolores dijo...

Hace tiempo leí una historia parecida y también se utiliza algo similar para prevenir a los padres acerca de las amistades cibernéticas de sus hijos, el mensaje es simple, entendible y tan real como la vida misma, pero para poner un puntito de equilibrio (me encanta eso de presentar la otra cara de la moneda!) me siento en la obligcón moral de hacer notar que estoy felizmente casada hace cinco años con un "amigo de internet", que por esas casualidades de la vida compartíamos amigos, en el mismo chat, antes de venirme a vivir a España (hace ya casi doce años, que lo parió!). Amigos que lo siguen siendo como el archiconocido (para los lectores de mis mails) Kanguro.
Por otro lado creo que en realidad lo que pasa en Internet no es más que un fiel reflejo del mundo, al fin de cuentas se trata de personas que se manifiestan. Me gusta hacer la analogía con ir de ligue adonde sea, no se conoce a nadie, solo se ve lo que el otro quiere que se vea y el instinto nos hace confiar o no en ese otro... No podemos saber si todo es una farsa, que es lo más probable.
Dicho lo cual, tanto en el "ciber espacio" como en la vida real y tangible debemos cuidar de nuestra intimidad, pueden sacarte datos e incluso entrar en tu casa con cualquier "promoción" de algún producto y aunque se trate de una promoción real, el que viene no deja de ser un empleado cuyo fin puede ser otro diferete... Nadie nos asegura protección mas que nosotros mismos, tomando los recaudos necsarios, pero sin por eso acabar viviendo en una burbuja aséptica y sumamente solitaria...
La vida en si misma es un riesgo, no?
Un abrazo
Lola

alfredo dijo...

Gracias por detenerse a leer mi cuento, y Lola te recuerdo que a pesar de estar inspirado en personajes de un foro existente es solo eso: un cuento, no pretende alexionar a nadie ni prevenir a ningun padre, solo entretener con una historia ficticia, aunque a veces la realidad supera la ficcion, espero que te halla gustado

ars dijo...

Esto es un juego. Luego, el cuento está bueno. ¿Qué más?