1/5/12

La sombra

No son pocos los que ante edificios de gran altura implantados en sitios estratégicos de las grandes ciudades, levantan la mirada y se sorprenden ante su imponencia. Diría que en la mayoría de los casos semejante presencia produce admiración, asociándola con el progreso, aspecto que –en lo personal- considero al menos discutible.


Hay también otros sentires, muy humanos por cierto. Por ejemplo la envidia. Envidiamos a quienes gozan del privilegio de encontrarse suspendidos en el aire, a considerable altura, disfrutando de espectaculares vistas, aire y, sobre todo, mucha luz. Una cosa es ver el mundo desde nuestra pequeña escala peatonal y muy otra es hacerlo allí arriba, coqueteando con las nubes. Es entonces cuando aquella admiración se relativiza y se olvida que no hay mejor escala para cualquier ciudad que la humana.

Hablaba de luz; si ella está, también merodea la sombra.


Buenos Aires es una ciudad amplia y abigarrada, dotada de espacios más que interesantes, hermosos, todos ellos cercanos al suelo. Para mi gusto demasiado abigarrada, pero… Ella es como es y se presenta plena a la luz del sol, sobre todo si penetramos en alguno de los altos edificios (aquellos que desde el llano obligan a levantar la mirada), permitiéndonos observarla desde “arriba”.

En los días de sol la masa compacta comparte luces y sombras en “bloque”. No podría ser de otro modo. Sin embargo, los elevados vectores verticales que exceden a la generalidad, esas torres que en algún momento admiramos y envidiamos, evidencian su falta de pertenencia al conjunto. Allí está la sombra arrojada que proyectan sobre el resto de la ciudad, más allá de su entorno cercano. He aquí la contradicción.

Podría explayarme aquí sobre varios aspectos, desde el punto de vista urbanístico, que la proliferación de torres de gran altura genera. Ni hablar del análisis sociocultural que esto amerita o, si se prefiere un costado un tanto más pragmático, de cuestiones ligadas a la sobre exigencia a la infraestructura de servicios, varias veces colapsadas. Esto se pondría muy extenso y aburrido, supongo. Pero no puedo dejar pasar algo que es insoslayable: el cepo visual. Estas grandes torres nos quitan el horizonte a los seres de a pié, es decir la mayoría de nosotros.

Una ciudad que se despoja de sus horizontes compromete su destino.

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