2/5/08

Imagen Urbana IV

Corría el año 1889 cuando el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires decidió afectar un terreno de 25.000 m2 sobre la calle Corrientes para que se estableciera un mercado destinado al abastecimiento de frutas y verduras para la creciente ciudad, que sería administrado por la Sociedad Anónima Mercado del Abasto Proveedor, integrada por productores y puesteros del clausurado Mercado Modelo de la Plaza Lorea.
Por entonces la provisión de estos alimentos se realizaba en precarias construcciones instaladas desordenadamente por la zona, a las cuales llegaban carretas con mercaderías. Y no solo supo haber vegetales: a pesar de que una ordenanza prohibía expresamente la comercialización de carnes y chacinados los habitantes de La Reina hacían caso omiso a tal disposición, detalle que me lleva pensar que la inveterada tendencia que tenemos los argentinos a sancionar normas que no cumplimos, no es ninguna novedad.
En 1904 se pone en funcionamiento la cámara frigorífica que construyó la sociedad, además de dos depósitos, totalizando unos 3.500 m2 aproximadamente. Esto no alcanzó y por los años veinte se toma la decisión de ampliar las instalaciones. Tuvieron que pasar unos 10 años para que en 1931 se colocara la piedra fundamental del nuevo edificio, inaugurado finalmente el 24 de marzo de 1934.

Fue proyectado por el ingeniero Delpini y los arquitectos Sulcic y Bes, profesionales que tuvieron a su cargo varios proyectos más que interesantes, entre ellos la Bombonera, canchita en la suelen jugar a la pelota los “primos” de Boca Juniors, un club de barrio.
En el caso que aquí tratamos, el resultado fue uno de los edificios más hermosos de la ciudad, con una superficie cubierta de 44.000 m2, con accesos para el tren, playas subterráneas de maniobras y estacionamiento, 540 puestos con comunicación telefónica, cámara frigorífica central y dos escaleras mecánicas, asombro de la época.
De más está decir que los alrededores se poblaron de conventillos y fondas de todo tipo. Por allí, entre tantos, anduvieron el Zorzal Criollo, Carlitos, y cientos de personajes que abonan la historia de Buenos Aires e hicieron su aporte a su cultura popular. ¿Cómo no recordar la película costumbrista de Lucas Demare, Mercado de Abasto, protagonizada por un elenco que encabezaron Tita Merello y Pepe Arias? (ver ficha) . Tita canta en ese film la milonga “Se dice de mi”, de Canaro y Pichot.

¿Cómo no recordar a Luis Ángel Firpo? El Toro Salvaje de las Pampas había nacido cerquita, en Caballito. Sin embargo, su barrio era el del Abasto y, su lugar de práctica, El Abasto Boxing Club, ubicado muy cerca del gran mercado.
En el año 1931 el Boxing pasó a llamarse Club Atlético Mercado de Abasto Proveedor y siguiendo los pasos del gran Firpo, allí se formaron varias glorias del boxeo argentino: Carmelo Robledo, campeón mundial pluma en las olimpíadas de Los Ángeles en 1932; Luis Sardella, campeón sudamericano de los medio medianos en el mismo año. Hubo otros que venían directamente del Mercado, entre ellos: el frutero Ángel Baieli, finalista en las Olimpíadas de Berlín en 1936; el inspector Nicolás Carmé, campeón amateur de peso pesado en 1946; y otro verdulero y notable peso pluma, Juan Carlos De Luca. Extraña combinación: verdulero y boxeador.

Pero, volviendo al imponente edificio, ¿qué pensaron y construyeron Delpini, Sulcic y Bes? Respuesta: una basílica. Lisa y llanamente una basílica romana, tamizada por el Art Decó, propio de las primeras décadas del siglo XX. Pura contundencia volumétrica.

Una basílica (basiliké) fue originalmente un suntuoso edificio público que en Grecia solía destinarse a tribunal. Ahora bien, si queremos poner la mirada en un momento de la historia occidental en que se desarrollaron y explotaron todo tipo de soluciones espaciales y/o constructivas para cuanta necesidad se presentara, debemos apuntar a la antigua Roma. El “Pueblo y el Senado de Roma” construyeron todo lo que se pueda imaginar y, en tal contexto, se multiplicaron las basílicas que, por lo general, ocupaban un sitio importante en los foros. Allí la basílica apareció hacia el siglo II AC. Era un edificio dedicado a transacciones comerciales o, más ordinariamente, a la administración de justicia; también se utilizaba como lugar de reunión de los ciudadanos para tratar asuntos comunes.
En cuanto a su concepción arquitectónica, se trataba de una gran sala rectangular compuesta por una o más naves (siempre en número impar, generalmente tres); en este segundo caso, la central era más ancha y alta y estaba soportada por columnas. La diferencia de alturas se aprovechaba para abrir huecos de iluminación en la parte alta de los muros. En uno de los extremos de la nave principal existía una exedra o ábside, donde se instalaba la presidencia, mientras que la entrada se efectuaba por el extremo opuesto a través de un pórtico. En ocasiones, la puerta de acceso también podía situarse en el centro de uno de los lados mayores. Por lo general la techumbre era plana y la cubierta a dos aguas, aunque hubo alguna, la de Majencio, cuyo techo fue resuelto con bóvedas despegándose así de la tradición.

Esta basílica fue empezada por el emperador Majencio alrededor del año 307 y fue terminada por Constantino después del 312. La calidad y el alcance de este edificio fueron excepcionales para su tiempo, considerándose como uno de los monumentos más importantes de la antigüedad clásica. Todo lo que queda hoy en día son las tres enormes entradas cubiertas por bóvedas de cañón.
Instalado el cristianismo en Roma, se aprovecha la forma basilical y, en muchos casos los propios edificios romanos, para utilizarlos como templo y en este sentido se utiliza hoy la denominación, tanto desde el punto de vista arquitectónico, como religioso. Baste mencionar, por caso, las basílicas de Santa María en Trastevere (año 222), o Santa María Maggiore y San Giovanni in Laterano (siglo IV).

De regreso a la calle Corrientes al 3200, Buenos Aires, es interesante observar que desde 1998 este bello edificio, luego de haber sido reciclado, se convirtió en un concurrido Shopping, manteniendo el espíritu de espacio comercial y sitio de reunión de mucha gente, ahora en franca actitud de esparcimiento. En otras palabras, de Roma al barrio de Balvanera, hay un solo un paso.

No sé por qué, pero me barrunto que mi espíritu de asociador ilícito ha cometido una nueva tropelía...

2 comentarios:

Miguel A. Mastroscello dijo...

Frank:

Como siempre, leer a ars es un ejercicio instructivo, además de agradable. En mi ignorancia, yo creía que "basílica" era un tipo de iglesia...

Pero centrando el comentario en Corrientes al 3200, se me ocurre un par de comentarios:

-el país gobernado por una oligarquía retrógrada (al que le supo dar, dicho sea de paso, las leyes de sufragio universal y de educación pública) era capaz de proyectar y llevar a cabo una obra con las características que vos describís, que en aquel momento fue un salto a la modernidad "en serio", no como los que imagina por estos tiempos la Reina Kristina.

-en los funestos noventa, un no menos funesto emprendimiento privado (con perdón de la palabra) rescató el lugar de las ruinas, y además posibilitó que el barrio entero resurgiera del abandono y la marginalidad en que había caído.

Es bueno recordar estas cosas, cuando la versión de la historia que se difunde es la que construye Felipe Pigna, a veces con la ayuda del intelectual posmoderno Pergolini.

Un abrazo, Mike.

Monica dijo...

no llegue a conocer lo que había antes en el abasto pero arquitectonicamente hablando es un gran edificio. se nota la buena materialidad.
mucha gente visita ese lugar, debería ser gratis el estacionamiento para mi chevrolet corsa como en los demás shoppings