25/5/11

Proverbios

Una esposa adúltera tapa con una capa al marido engañado. La caperuza limita su visión, y por eso la mujer se la encasqueta todo lo que resulte posible, en particular sobre los ojos. La capa es azul, color simbólico de la mentira. Este relato (porque lo es) es uno de los tantos que configuran lo que bien podríamos definir como un libro de cuentos que no contiene ninguna palabra, sino imágenes. Me refiero a la obra de Pieter Bruegel, El Viejo (1525-1569), Los Proverbios Flamencos.

Los proverbios eran un medio de expresión corriente e importante en los tiempos de Bruegel y, en esos tiempos, se los solía expresar visualmente. En rigor de verdad no solo se expresaban proverbios en términos visuales. Si hay algo que caracteriza al medioevo occidental (cristiano) es el uso de la imagen para relatar todo aquello que se consideraba importante, por caso la doctrina cristiana, valores morales o instalaciones políticas. También lo que hoy definimos como “sabiduría popular”, rica en proverbios.


Hay catedrales enteras, ya no cuadros o retablos, que son una suerte de relato múltiple plasmado en piedra, arquitectura y escultura mediantes. Y un caso paradigmático: las distintas construcciones religiosas que jalonan los “Caminos a Santiago”.

La explicación es bastante sencilla: la mayor parte de los habitantes de aquellos espacios en esos tiempos no conocían la que todavía era la lengua “culta” (y muerta a pesar de la insistencia pertinaz de quienes no deseaban ni querían reconocerlo), la que se utilizaba para plasmar en escritos el pensamiento oficial de la época: el Latín.

Pongamos las cosas en blanco sobre negro: la mayoría de la población era analfabeta. Bien, ¿cómo se relata a un niño de corta edad, que todavía no maneja la lecto escritura, un relato cualquiera? Pues con profusión de imágenes. Hay otros métodos, por caso los utilizados por el Islam, antitéticos por cierto. Pero esta es otra historia.

Creo que Bruegel se propuso deleitar e instruir con su cuadro, objetivo que alcanzó plenamente, creando una ventana abierta al mundo en sentido visual y moral. Esta obra ha perdurado porque el artista toca temas y realidades intemporales, accesibles para las sucesivas generaciones. Pregunto: ¿acaso no vivimos hoy en un mundo de imágenes?

Lo interesante, me parece, es que el lenguaje visual utilizado por Pieter es sencillo, fácilmente abarcable. Un catálogo complejo en términos conceptuales que todos puedan comprender. Una perla de la comunicación visual, envidia de los asesores de imagen de políticos y demás habitantes del poder en nuestros días, aunque Bruegel no facturaba en dólares ni tenía cuentas extrañas en algún paraíso fiscal.

Volviendo a Los Proverbios, es interesante ver en detalle cada uno de ellos, por caso el siempre vigente “El pez grande se come al chico”. Me divierten el de “Asar arenques” o el que nos cuenta sobre “Esquilar al cerdo”. Y hay un muchos más: “De cabeza contra la pared, fuego y agua, hipocresía, el diablo en casa, tarde y mal, el mundo en sus manos, quien no malgasta no pasa necesidad, mezquindad. Tomando la anguila, el culmen de la locura”. En fin, un extenso catálogo que propongo recorrer en este sitio Web, muy bueno por cierto. Hazme caso, vete por allí y te vas a divertir.

No sé si cabe una conclusión. En todo caso se me ocurre pensar que Bruegel a esta parte no han cambiado demasiado las cosas o, en todo caso, algunas cosas. Las que importan. Son las que nos hablan de las conductas humanas.

Mensaje final para quienes somos argentinos, en nuestro 25 de Mayo. ¿Y por casa cómo andamos?