28/9/09

Ley de Medios (enfoque jurídico)

Federico es un joven abogado y, en mi opinión, un tipo inteligente. Además -aspecto más importante aún- tiene lo que parece faltarle a unos cuantos no tan jóvenes: conciencia cívica. Si esto no bastase, es menester confesar que compartimos varios amores que ahora no vienen al caso.
Acabo de leer un post publicado hoy en su blog referido a la denominada "Ley de Medios". Sugiero su lectura. Ir a este sitio.

Más arte

Me parece que esta nota merece ser compartida. Sobre todo si te gustan las artes visuales.

Recorrer galerías de arte con sólo un clic

Un sitio español recrea en 3D salas de casi 1300 artistas, 264 de ellos argentinos; Redgalería, dirigida por Santiago Bengolea, es el primer proyecto similar en el país

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lanacion.com Estilo de Vida Lunes 28 de setiembre de 2009

Juegos y palabras (o la mariposita)

Todo comenzó como un juego. Apenas un breve ejercicio que conocí recorriendo y disfrutando el blog de Jeve y Ruma, Palabras como nubes. Así fue como hizo su irrupción en este espacio nuestra mariposa. Como también los comentarios de Jeve y Horacio. Luego, Lucas -"amigo de la zona"- me envió ayer un hermoso correo al respecto que, con su permiso, comparto con ustedes. Vale la pena, según creo. Vamos con los comentarios de Lucas:

Lo que es maravilloso es que una palabra cambie el sentido del texto. Y es extraordinario también el poder de la palabra. Porque ¿qué es al fin y al cabo la palabra? Unos signos que para el 90 % de la humanidad no tienen sentido alguno, impresos sobre un plano, sin belleza ni color, ni armonía. Refieren a un código que inventamos para entendernos lo que las convierte en una simple convención. Y las palabras convención y convencional tienen mala prensa entre los artistas.

Pero vayamos a la frase y al cambio sutilísimo que surge al cambiar una palabra. No. No es sólo una palabra; es todo el sentido de la contemplación. Primero, no es lo mismo "y todo fue perfecto", que da la imagen de una consecuencia -con la partícula "y"- y de algo terminado, al usar el pretérito indefinido. En cambio al decir "todo era perfecto" uno estima que "era", es decir que es algo que está fluyendo, que no está termindo, para ella, para la mariposa; a mí personalmente me gusta más el pretérito imperfecto que me parece más adecuado a la levedad de toda la frase.

Pero más aún cambia todo al aparecer un niño. Un niño, en cualquier frase, texto, libro, documento o enciclopedia, cambia todo. Y el niño también es pequeño, leve, frágil, y sus ideas y sentimientos suelen ser también efímeras. Pero no sólo es además ese niño ni siquiera tiene existencia real. "Cuentan que oyó su lamento", no es seguro, es algo que pudo ser o no ser, pero hace a la esencia del problema. Nada es igual si un niño oye su lamento o si no lo oye. Y no es lo mismo pensar en la inmensidad de la existencia que pensar en lo efímero. De hecho ambos son conceptos extremos aunque en pocos casos como éste uno se tienta de pensar que los extremos se tocan y que cada vez que uno piensa en lo inmenso no puede dejar de pensar en lo efímero. Y esto me lleva, aunque no tenga nada que ver, a pensar en las más famosas "últimas palabras" de nuestros próceres (vaya, mariposita... a dónde nos has llevado!...). Voy a tomar tres casos: Moreno ("Viva la Patria aunque yo perezca"), Belgrano ("Ay, Patria mía") y San Martín ("Es la tormenta que llega al puerto"). En el primer caso, con la revolución aún en pañales, don Mariano evoca lo Sagrado, lo inmenso, lo que abarca todo -la Patria- y lo confronta con lo que es secundario, menor, individual -su vida-; Belgrano, mucho más humilde y algo más sensible que el joven jacobino, también piensa en la Patria pero se limita a sufrir por ella; no se siente tan importante como para poner su muerte como referencia, ni siquiera hace mención a ella sino sólo a los pesares que le esperan a esa construcción a la que había ofrecido su vida y que algunos, vagamente, llamaban "patria". Y San Martín, que murió muchos años después y que fue el único que pudo ver, mal que bien, su empresa terminada, piensa en las dos cosas; en la inmensidad de la vida, representada por la tormenta, y en la sabiduría de la naturaleza que la hizo efímera, porque la muerte es el puerto al que todos llegaremos y en el que descansaremos porque allí no llega el rumor de la tempestad.

O sea que en nuestro caso, (y para no pasar por una de esas mariposas no comprometidas con la historia, que las hay) la mariposita podría haber pensado en cualquiera de las dos cosas. Pero de nuevo el niño cambia todo: si por algún motivo tomó conciencia de que éste había escuchado su lamento, puede pensarse que sintió cierta tristeza al morir y habrá pensado en lo efímero, en lo que se acaba, en una despedida, y las despedidas siempre tienen un dejo de tristeza, como lo tiene la conciencia de lo efímero. Ahora, si el niño no estaba, a la chiquitina le faltaba ese punto de anclaje con la vida que continuaba; sin el niño, la naturaleza eran las plantas, las flores, acaso el canto de los pájaros, y esa vida menuda de las criaturas más leves de la Creación, es la que no se apaga con la muerte. Los poetas juegan mucho con la idea de que nuestro cuerpo vuelve a la tierra para convertirse algún día en árbol o en flor, y en ese caso, nuestra mariposita filósofa sí podría pensar ingenuamente en la inmensidad de la vida a la que volvería. Después de todo ya había fecundado al par y ya había llevado el polen de una a otra flor; ya había creado vida, y, como Amado Nervo, podía decir:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
Vida, nada me debes, vida, estamos en paz.

Un abrazo, Lucas


Amigos, esto se está poniendo entretenido. Luego, ¿qué duda cabe? Habrá que seguir dando vueltas al asunto. Se impone y llegará "Un día (o jugando a escribir II.3)". Muchas gracias a todos los que andan por aquí, opinando o en silencio. Esto de comunicarnos está fenómeno.

27/9/09

Distensión, domingo por la tarde

¿Que tal una musiquita piola? Vamos con Luis Salinas y su "La Pesada", chacareraza ella. Todo un rocanrol. Después la seguimos con la "mariposa donosa" (1) y demás disquisiciones inconducentes. ¿Inconducentes? Me asalta la duda. Si dudo, no he muerto.




(1) Ver Les Luthiers. Si hay quien que no los conozca, sugiero que busque. Vale la pena.

26/9/09

Un día (o jugando a escribir II.2)


Una gota de rocío fue la señal para romper la crisálida. Decidió aprovechar intensamente el esperado momento. El prado, pleno de aromas y colores, se rindió ante ella. Voló entre las flores y su aleteo convocó al par. Hubo amor, se fecundaron. Su vuelo tomó más fuerza y en él transportó el polen generador de vida. Más vida. Exultante abrió sus alas al sol de primavera y todo fue perfecto.
Pero el sol se alejó lentamente, enfrascado en lo suyo. Brillos, aromas y amor fueron menguando. Ella sintió su cansancio. Pensó en la inmensidad de la existencia y luego murió.


PD1: Hace nada, unos días apenas, Jeve hizo un más que atinado comentario respecto de un breve y amateur ejercicio literario que, para variar, publiqué aquí con total desparpajo. Esta nueva versión, tan amateur como la anterior, pretende ir en el sentido señalado por Jeve. Luego, el resultado es decididamente mediocre, por más que Estela (mi crítica compañera) se haya "jugado" al indicar que me estoy poniendo "sutil". Todo un halago, viniendo de donde viene, pero teñido de la subjetividad del cariño, quizás del amor.
PD2: ¿No es extraordinaria nuestra lengua? Una palabra basta para cambiar el sentido de las cosas. Tan solo una palabra. Me parece que esto es tan maravilloso como la física cuántica. O tantas otras cosas.

21/9/09

Shaná Tová


Ha sonado el shofar, estamos en el 5770 según el calendario judío. No soy judío, solo un hijo de Abraham (en hebreo אַבְרָהָם, Avraham; en árabe ابراهيم, Ibrāhīm), es decir un errante descendiente del padre de muchos errantes. O si se prefiere, "un moro judío que vive con los cristianos", al decir del uruguayo Drexler.
No nos vendría nada mal el llamado a la reflexión y al Yom Kippur. ¿Podremos reflexionar los crispados argentinos?
Quien sea que sea tu Dios, aunque creas no tener ninguno, te acompañe. La paz sea contigo.

Artículo 32

Hace un par de días expresé algunas opiniones personales respecto de la denominada "Ley de Medios" que pretende imponer, contra viento y marea, la actual administración K valiéndose de un Congreso que ya no refleja la opinión pupular expresada en las últimas elecciones legislativas del 28 de junio pasado (elecciones que fueron adelantadas arbitrariamente por la misma administración, toda vez que debieron efectuarse casualmente en el próximo mes de octubre), más una buena cantidad de "jugarretas" parlamentarias, algunas de ellas difíciles de calificar.
Investigando algo más sobre el tema he dado con un muy esclarecedor artículo publicado por José Benegas en el medio digital Urgente 24 (Buenos Aires), el día 17 de este mes. Invito a leerlo (VER AQUI), creo que vale la pena hacerlo ya que permite tener algunos aspectos algo más claros, en especial respecto de lo dispuesto nada menos que en nuestra Constitución Nacional en su artículo 32 que, si alguien se toma el trabajo de investigar de qué modo, por qué razones y en qué momento se incorpora a la Ley de Leyes, se dará cuenta que es de absoluta y plena aplicación en el caso que hoy nos horada, mientras siguen violencia, hambre, carencia sanitaria, crisis educativa, desocupación, crisis económica y demás conflictos como si nada y estuviéramos nadando en la abundancia económica y social.
Y termino de una vez con este tema: nada de Ley de Medios, porque ya ha sido escrita. Derogación de las normas de la dictadura (más todos los aderezos que se han ido agregando en el tiempo) y libertad de prensa absoluta (y de palabra), como se puede leer en los diarios de sesiones en las que nada menos que Dalmacio Vélez Sarfield es miembro informante en la fundamentación del Art. 32, potestad federal que las Provincias nunca han delegado al Estado Nacional, mucho menos a una administración pasajera del mismo.

20/9/09

Un día (o jugando a escribir II)


Una gota de rocío fue la señal para romper la crisálida. Decidió aprovechar intensamente el esperado momento. El prado, pleno de aromas y colores, se rindió ante ella. Voló entre las flores y su aleteo convocó al par. Hubo amor, se fecundaron. Su vuelo tomó más fuerza y en él transportó el polen generador de vida. Más vida. Exultante abrió sus alas al sol de primavera, todo era perfecto.
Pero el sol se alejó lentamente, enfrascado en lo suyo. Brillos, aromas y amor se apagaron. Cuentan que un niño oyó su lamento. Ella pensó en lo efímero y luego murió.

19/9/09

Las apariencias engañan

Se habla de pluralismo, democracia, libertad de expresión. Se afirma la necesidad de "quebrar" la "tiránica concentración" mediática, toda vez que desde ella son "fusiladas" las largas peroratas presidenciales en cadena nacional; hasta se ha hablado de "goles secuestrados". Para mi gusto todo esto suena a violencia e intereses contantes y sonantes, que buen caballero es Don Dinero. Violencia mezquina e irracional como la que se desata en la recordada película "La Guerra de los Roses".

Hace menos de dos años los argentinos asistíamos a un matrimonio perfecto: el gestáltico gobierno K y el multimedios Clarín. Pues hubo divorcio y en la guerra nos llevan a todos puestos, como suele ocurrir en toda guerra. Que yo sepa, cuando las bombas caen, el resultado no es otro que el expresado por Pablo Picasso en su Guernica.


Es patética la confusión conceptual en la que debemos sobrevivir los argentinos. Ni siquiera podemos discernir entre lo público, lo estatal y lo gubernamental. Si no entendemos esto estamos fritos, no hay sistema republicano, plural y democrático posible, a no ser que se trate de un burdo montaje de cartón y papel maché. Espero que no llueva demasiado, a ver si ni siquiera nos queda el decorado.


Pobre país (o más pobre todavía, para ser más precisos) tendremos si es el gobierno (éste y los que vengan a futuro) quien tenga la potestad de "establecer contenidos" en vez de administrar lo que por naturaleza es de dominio público y merece la sana protección del Estado Constitucional. Nada menos que la libre expresión.

Nota: La fotografía que nos muestra una Cámara de Diputados sin diputados cuando se "debatió" esta ley, fue publicada en el diario La Nación (Buenos Aires) y ha sido tomada por Fabián Morelli.

18/9/09

Un blues

No caben las palabras. Escuchá y disfrutalo.



Dicen por ahí que cambiarán la ley que regula los medios de comunicación. Ja, ja, la risa que me da. Siempre habrá un blues y a la ley se la pueden meter en el bolsillo. El pueblo vence, tarde o temprano. No se puede ir contra la Ley de la Gravedad, las manzanas siguen cayendo... Y se pudren.

14/9/09

Ejercicio (o jugando a escribir)

Atmósfera cargada. Pensó en los desafíos de la selva. Entorno de gigantes ocultando el sol, seres tras una supervivencia incierta.

Acumuló voluntad para vencer al miedo y salió. “Mejor usar el túnel del gusano”- se dijo- penetrando junto a las demás hormigas en los laberintos de la fiera, sumándose al río atontado de insectos buscando un lugar soñado que, sin existir, alguien proyectó. Imágenes. Farol en la medianoche. Tramposa atracción. Una más.

Sucedió en un instante. Arrebato, golpe y empujón. Cayó en la senda del gusano. Mientras el tren lo despedazaba pensó: “Mi huerto era suficiente.”

Historia de Buenos Aires.

6/9/09

La Villa


"Nos encontramos el 10 a la tarde en la parada de micros de Gesell." El estudiado plan de la aventura a compartir en aquel enero del '69 se basaba en tan elocuente consigna. Juancho y quien escribe nos la pensábamos pasar fenómeno en la Villa. A último momento, mientras ya arrancaba el tren que dejaría a Juancho en la estación Constitución y yo caminaba hacia mi casa en un andén de la estación de Quilmes, Juancho me grita desde la ventanilla: "yo llevo la carpa".

Y así pasó. Allí nos encontramos y fuimos felices, entreverados entre algunos médanos, muy poco protegidos por la excéntrica carpa que Juancho llevó. Se trataba de un rezago de guerra, más precisamente parte del equipo de emergencia que llevaban a bordo los pilotos de la RAF durante la Segunda Guerra (¡vaya hallazgo!), si es que sobrevivían a los disparos del adversario. Verde, de lona común, sin sobre techo ni piso y, sobre todo, para una persona. Nosotros éramos dos (y deseábamos fervientemente ser cuatro, no sé si me explico), llovió siete días seguidos, la arena nos invadió al punto de suponerla sabrosa a la hora de masticar algo y todas las noches no dejábamos de pensar en lo interesantísimo que sería haber seguido de vacaciones con la familia, arropados y alimentados por nuestros progenitores. Por suerte, no faltó la paciencia (o compasión) de la madre de nuestro buen amigo Fernando. Nuestro "campamento" estaba emplazado estratégicamente cercano al chalet en el que su familia pasaba sus vacaciones.

Pero, mis amigos, las aventuras son aventuras. Nada superaba los fogones playeros que cada noche se armaban, guitarras en mano y entusiasmo juvenil a flor de piel. Nos bastaba con cantar hasta el amanecer y ver el sol salir, una vez más, en el horizonte marino. Luego, a la hora de la necesaria supervivencia, bastaba con recorrer los almacenes de la zona y "mangar" los culotes de piezas de fiambres y chacinados. Luego, ingresar a la Jirafa Azul y ordenar al mozo: "por favor, una panera, una jarra de agua y dos vasos". Lo fantástico era que el mozo nos recibía el pedido solemnemente y cumplía puntillosamente con el mismo. A esto llamo yo ser comprensivo. Tal actitud ameritaba una devolución o reconocimiento de nuestra parte. Una vez cada tres días ordenábamos un plato de sopa (y dos cucharas), más precisamente un arroz en caldo. Gigantesca inversión, por cierto.

Tiempos de irresponsable bohemia y rebeldía estacionados entre los pinos de aquel vergel que Don Gesell construyó a partir de la arena de los médanos de la costa atlántica del litoral bonaerense y sus vientos. Pero no éramos los únicos. Algo estaba pasando en aquel entonces, flotaba en el aire un tiempo de cambio o en todo caso, pensábamos en él. Aunque, según se cuenta, Carlos Barocela no se había terminado de decidir.

"Yo todavía no voy a protestar", asegura, en cambio, el longilíneo Carlos Barocela, un adolescente de 28 años a quien CBS (el sello protector de los baladistas jóvenes) acaba de lanzar en un 33 simple, que incluye dos temas: Muchacha de mar y Lluvia. El mar y la lluvia son los resortes que habitualmente disparan a Barocela (un estudiante de Letras que escribe poesía) hacia las regiones del canto, en las que su voz se mece en cadencias parecidas a las del bolero, pero "con otra cosa" adentro. El poeta no había pensado nunca que pudiera cantar en público: su familia tiene casa en Villa Gesell, y allí entonaba Barocela algunos sones propios, acompañándose con la guitarra, "que estudié un tiempo". Se corrió la voz de que era "el trovador de Gesell", y unos amigos lo convencieron de que actuara en el ciclo organizado por Inés Quesada en el Club Defensores de la Villa —donde la Walsh estrenó Juguemos en el mundo, Dina Rot refrescó a la musa sefardí y Susana Rinaldi le dio una nueva voz al tango—, el verano pasado. De allí pasó, siempre con los fieles amigos que lo impulsaban, a grabar un disco, en forma privada, Baladas de la Villa, un 33 doble con cuatro temas: "Fue la locura, en 20 días se vendieron mil y pico de placas, y eso que ya era casi el fin del verano".

Lo arriba reproducido es parte de un artículo publicado por Ernesto Schoó en la revista Primera Plana, en junio de 1968, referido a la nueva canción argentina. (VER) . No creo que haga falta comentar que si algo estaba presente en nuestros fogones playeros eran, justamente, las muy románticas canciones de Barocela, empezando por la paradigmática "Muchacha del mar".



Gracias, amiga Paulina, por haber disparado tan gratos recuerdos... Aunque no todos ellos lo son. Fernando (este no era su nombre real, me lo guardo para mi, como el dolor por el amigo perdido), pocos años después cayó luchando contra un comando de la derecha peronista, en la ciudad de La Plata, en medio de una emboscada a las instalaciones de una agrupación universitaria en la que militaba.