Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas

18/7/11

¡Felices Vacaciones!


Por imperdible, y ser la situación imperdonable, reproduzco la nota publicada el día de la fecha por El Diario del Fin del Mundo, medio de prensa de la ciudad de Ushuaia.

Ir a este sitio:

http://www.eldiariodelfindelmundo.com/noticias/leer/37523/no-voy-por-tierra-tampoco-en-avion.html

Nota: La fotografía que ilustra este post pertenece a la citada publicación.

2/10/09

Filosofando

Juan Ramón Carrasco es actualmente el DT del club River Plate, del Uruguay. Antes de dedicarse a esta profesión tuvo una dilatada y destacada carrera como jugador en varios equipos uruguayos, de América (incluyendo al River Plate -el del grato nombre- porteño y La Academia de Avellaneda), y Europa. Además integró en varias oportunidades la selección nacional de su país. (Ver Aquí)
Pero lo que pocos sabíamos hasta hace poco es que, además, parece haberse convertido en un filósofo de la globa. Observen sino esta alegoría motivadora de players del amor, ya no futbolistas.



No le fue tan mal. Sus muchachos ganaron aunque, en el resumen del partido, no se observe demasiado amor que digamos toda vez que los esclarecidos jugadores (de ambos equipos) no escatimaron patadas a la hora de los bifes.
Vaca, pasto, toro, red. El toro se monta a la vaca... Es muy complicado Ramón. Los muchachos no pueden con todo, los vas a estresar.

2/5/09

Todo cambia...

Esto de poder recorrer los diarios por Internet tiene sus ventajas, entre ellas la de acercarse a noticias que seguramente en otras circunstancias no se hubieran conocido. Por caso la que aquí sugiero leer, publicada por el Diario Perfil, de la ciudad de Buenos Aires (ver nota).
Es evidente que el caso que se cuenta no sólo presenta aristas graciosas o irónicas, sino que nos indica que los tiempos han cambiado y mucho. Y si no, que me digan de dónde ha salido la tal "Olga".
En fin, señores ladrones, ya lo saben y están advertidos. Hay -creo- unas cuantas Olgas más dando vueltas por el mundo, no necesariamente violadoras, pero seguramente lo suficientemente ágiles y entrenadas como para darles su merecido. Mejor no experimentar la aleccionadora historia del burlador burlado. ¿No creen?

7/6/08

Bergantines, marinos y majas

Ya que estamos, si hablamos de corsarios y aventuras, invito a reir recordando esta genialidad de Les Luthiers: Las Majas del Bergantín.

">

8/4/08

Desempolvando la azotea

–¿Cómo conoce tanto de música popular?
–Tuve una orquesta, una vez, con Santos Lipesker: Los Tururú Sereneiders. Eran viejitos. Tocaban con galera... y babero. Porque yo había compuesto un personaje, Reblán, que hacía de viejito reblandecido.
Yo tenía un amigo –acababan de aparecer las medias strecht, de nylon– que las usaba con liga. Entonces yo decía: ¡este tipo está reblandecido! Así se me ocurrió el personaje Jacinto Doblebé, el Reblán. Y en el programa de Tato Bores –que yo se lo escribía en esa época– entre la actuación de Manolo de Monroe y la de Tato aparecían Los Tururú Sereneiders. Juan Caldarella –el autor del tango “Canaro en París”–, que es buenísimo, tocaba el serrucho con un arco de violín (sonaba rarísimo).
–Fueron los antepasados de Les Luthiers.
–¿Cómo? Si... sí... con instrumentos hechos por ellos... con humor, tenés razón. Hacían una música que se llamaba “Chipi, Chipi, Tururú”.
–¿No era “Chipi Chipi, Bang Bang”?
–Esa era otra. Esta era el “Chipi, Chipi, Tururú”. El chipi, chipi es mejicano. Se había puesto de moda. Después saqué el chipi chipi “El manotón”.
–¿Pero usted los componía?
–Yo escribía la letra. Lipesker escribía la música –era un gran músico– y hacía los arreglos. El tenía muchas orquestas. Te digo, “El manotón” se hizo muy popular.
–¿Cómo era el estribillo?
–”El mano, mano, el manotón/ cuidado ‘mano con el manotón”. Y seguía, hablando de una chica que iba al cine, todo con doble sentido. Ese año yo habré hecho como diez temas: “La muña, muña”, otro que se llamaba “Fuerte de caderas”...
–¿Cómo era ¡por favor! “Fuerte de caderas”?
–¡No me acuerdo! –y se mata de risa– Eran temas que divertían a la gente. ¡Si te digo que ese año, en Sadaic (la sociedad de autores) salí tercero! Creo que el primero, ese año, fue Canaro, el segundo Palito Ortega... y el tercero ¡fui yo! Le había hecho una apuesta a Miguel Brascó: que iba a ganar plata –le dije– con una sola palabra. En medio del chipi chipi paraba la orquesta y Juan Caldarella decía: “¡Trácate!”. Gané la apuesta. “Trácate” se convirtió en un personaje de los Tururú: un viejito al que le gustaban las mulatas y salir... y al mismo tiempo era un funcionario importante. Yo miraba todo lo que hacían los viejos: cuando oyen un compás que les gusta, tamborilean con los dedos en la mesa, o silban en seco: “Tss, tsss, tss...” y proponía que lo hicieran los Tururú. En cambio los jóvenes, entonces, llevaban el compás, así, a lo grulla, adelantando el cuello y sacando la mandíbula: para adelante, para atrás. Yo me reía mucho observando todo eso en los lugares donde iba.


El diálogo que leíste es un fragmento de un reportaje hecho a Juan Carlos Colombres (Landrú) publicado por el diario Página 12 hace cerca de ocho años. (Ver aquí)
Lo encontré anoche, buscando información en Internet sobre los Tururú Sereneiders, grupo musical que salió del polvo de los recuerdos hace una par de noches, cuando cenaba con mis entrañables amigos vitivinílicos Roberto y Jorge, mientras escuchábamos buena música y hablábamos de recuerdos musicales. Ya voy a explicar en otra oportunidad esto de la vitivinilia, que no es algo menor. Ahora sigamos con la creación de Landrú y de un músico singular, Santos Lipesker.
Lo fantástico del caso (o la clara señal de los años que uno porta) es que desde aquella cena hasta ahora, han vuelto a la superficie recuerdos muy cercanos a mi infancia y primer adolescencia, cuando la familia entera se plantaba un buen rato antes frente al armatoste que llamábamos televisor, a la espera del programa del inigualable Tato Bores. Allí, además de los memorables diálogos telefónicos de Tato, sus monólogos poblados de personajes como el Coronel Espingarda, el Comodoro La Hélice, José Dondemepongo y tantos más, pude escuchar una orquesta que se presentaba con frac, sobreros y baberos, con un serrucho como instrumento musical. Entre otros, además de célebre guitarrista, Caldarella, tocaba allí su violín nada menos que Hernán Oliva, un grande del jazz. Los Sereneiders de Lipesker.
Tiempos pasados y no siempre fáciles.


Así y todo creo que por esos años supo andar por nuestros lares una generación que merece el recuerdo. El tiempo va pasando, el polvo cubre la azotea, hay cosas que van cayendo casi en el olvido. Como el humor inteligente. En otro reportaje (ver aquí) que pude rescatar, Colombres remata:

¿El humor es un rasgo de inteligencia?

Sí, porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia. Tengo 76 años, bastante memoria. Hay un amigo que tiene mi edad o menos, y está haciendo la lista de la gente que hay que matar, está medio mal, pero se confunde porque en lugar de Lorenzo Miguel escribe Luis Miguel, en lugar de Herminio Iglesias anota Julio Iglesias. Yo le digo: "Estás loco, tené cuidado, rompé esto porque estás mal". El no cultivó y no hizo trabajar la memoria. Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente. No hago ejercicio físico porque creo que el ejercicio es malo, todos los deportistas se mueren jóvenes. Un humorista inglés decía que "el mejor ejercicio es ir caminando al entierro de los deportistas".

22/2/08

Acerca de las tetas

Mi amigo Federico, arquitecto él, me hizo llegar el texto que a continuación transcribo. En esta oportunidad evitaremos incorporar imágenes, no hay que exagerar. Leamos...

Ensayo sobre las tetas
por Pedro Mairal

Ahora que llega el calor y por toda la ciudad afloran las tetas con su vanguardia prometedora de un tiempo blando, vale quizá entregarse a esa curiosidad primaria que generan las tetas en la vida de los hombres. Primero están las tetas paradigmáticas, formativas. Las tetas alarmantes del cine o la TV. Depende la edad de cada uno. Para una generación fueron las tetas de la Loren en Bocaccio 70, o de Anita Ekberg en La Dolce Vita. Para otros habrán sido las tetas de la Cucinotta en Il postino, o las tetas ya más estilizadas y armónicas de Mónica Bellucci en Malena. El cine italiano siempre fue proveedor de grandes tetas mediterráneas.

Las tetas americanas en cambio siempre quedaron en un tercer plano, detrás de las explosiones y los autos chocadores. Estados Unidos no fue ni es un buen proveedor de tetas, a excepción de las tetas de Lynda Carter en La Mujer Maravilla que eran bastante notables, tetas atléticas, altivas, heroicas, increíblemente controladas por ese corset con estrellitas. Wonder Woman provocó en muchos las primeras inquietudes masculinas, el primer desasosiego, esa terrible sensación de falta que nos dejaba temblando ante la tele y el Nesquik, sin entender bien por qué. Pero en general, las tetas yankis suelen ser más silicónicas, como las de Pamela Anderson en Bay watch. O, si son naturales -como en el caso de la morena totémica Tyra Banks- ni tienen gracia ni son sexies. Tyra es tan poco sexy que en su programa invitó a un famoso cirujano plástico para probar, en vivo, que sus tetas son naturales. El cirujano se las palpó y le hizo una mamografía en directo, frente al público invitado. A Tyra, emocionada, se le entrecortó la voz explicando que hacía eso porque estaba harta de que dijeran que sus tetas no eran suyas.

A nivel nacional, todavía la Coca Sarli no ha sido desbancada de su puesto de diva exclusiva del fetichismo mamario, con una filmografía entera dedicada a sus tetas panorámicas, sus tetas como auspiciadas por la oficina nacional de turismo, porque asomaban en todos los lagos, las montañas, las cataratas del país, dándole una categoría geográfica a esas tetas exhibidas a la par de la exhuberancia del paisaje. Sus largas flotaciones en la hidrografía argentina no tienen y quizá no vuelvan a tener un parangón.

Después de las tetas virtuales y mediáticas, aparecen en la vida de uno las tetas reales, quizá todavía no palpables, pero sí visibles. Aquellas tetas que uno vio por primera vez desnudas, en persona, no se olvidan nunca más. Cuando estaba en segundo año del secundario, me llevé a marzo Lengua y literatura y tuve que tomar clases particulares de análisis sintáctico con una profesora que venía a casa. Se llamaba Teresa. Yo tenía quince años y ella no pasaba de los veinticinco. Era diciembre y hacía calor. Teresa venía a casa con unas musculosas sueltas, sin corpiño. Un día, sentados juntos, inclinados frente a las oraciones para analizar, le vi a través del escote las tetas, las puntas de las tetas, los pezones rosados. Sentí una alteración violenta, como si se me frenara toda la sangre de golpe y me empezara a fluir en la dirección opuesta. Ella se dio cuenta y se acomodó la musculosa sin preocuparse demasiado, dejando que volviera a pasar lo mismo varias veces. Tomé más clases, estudié mucho y di un muy buen examen. Nunca me olvidé de las estructuras sintácticas de Teresa. El relámpago clandestino de sus tetas veinteañeras le dio un erotismo a la materia que ningún profesor del colegio lograría infundir jamás.

La mirada de los hombres dobla. Cuando pasa una mujer con lindas tetas la mirada de los hombres se curva, busca, se inmiscuye a través de los pliegues, a través de los escotes o los botones mal cerrados, y adivina, sopesa, sentencia. Las mujeres modelan sus tetas como quieren. La ropa puede levantar las tetas, ocultarlas, ajustarlas, trasparentarlas, sugerirlas, agrandarlas. Es bueno conocer todos esos trucos, no tanto para no dejarse engañar, sino más bien para participar y entregarse al juego. Las tetas de los años cincuentas, por ejemplo, eran cónicas, eran parte de un torso sólido y apuntaban amenazantes; después, en los sesentas, las tetas desaparecieron un poco de escena en el hippismo de las pacifistas anti corpiño; en los ochentas empezó la fiebre de las siliconas; y ahora las tetas son como globos apretados y empujados hacia arriba por el famoso wonder bra. Hay que tener en cuenta que el wonder bra da forma, pero también rigidez. Y es una lástima porque no hay nada como ese temblor hipnótico que va a un ritmo aparte de los pasos de la mujer, como un contrarritmo, una síncopa propia de las tetas naturales en acción.

Las tetas tienen vida propia, eso es sabido; no son como el culo por ejemplo que se mueve dirigido por su dueño. Las tetas parecen difíciles de controlar. En ocasión de cabalgatas, escaleras y trotes para alcanzar el colectivo, pueden incluso ser graciosas, torpes y poco serias. Algunas mujeres sin embargo tienen la habilidad de dirigirlas. Nuestra deslumbrante Carla Conte, por ejemplo, sabe hacer un mínimo taconeo entusiasta, un rebote de afirmación, de plena simpatía, de aquí estoy, que le provoca un temblor hacia arriba que termina en una especie de vibración de trampolín a la altura de sus tetas plenipotenciarias de chica de barrio. Un movimiento que le ganó televidentes y que detiene el zapping. Dentro de los cambios evolutivos, que van del homo sapiens al homo mediáticus, la función más importante de las tetas hoy en día ya no es la reproducción sino la capacidad para aumentar el rating.

Pero volviendo a las tetas reales de este lado de la pantalla, ¿cómo se accede a ellas, cómo se alcanzan y develan? Las mujeres tetonas tienen una habilidad desarrollada durante años para frenar las manos de los hombres-pulpo. El hombre-pulpo es el que no da abasto, el que ya tiene las dos manos agarrando cada cachete del culo y va por más, porque quiere además palpar simultáneamente la abundancia de las tetas y es como si les nacieran dos brazos suplementarios para alcanzar ese fin. Pero las mujeres tetonas tienen mucha destreza, saben interponer el codo y bloquear todo intento de avance. Hay que aprender que si una mujer detiene una mano no hay que insistir, sino intentar más adelante por otro lado, despacio, sin apurarse. Nunca jamás debe intentarse tocarle las tetas a una mujer antes de darle un beso, porque sería un fracaso (hay excepciones, hay abordajes muy acalorados por detrás que vienen con doble estrujamiento de tetas y beso en el cuello, pero no son muy frecuentes entre desconocidos) . En general las tetas se exploran durante el beso, en lo más apasionado del beso. Una vez instalados en ese vértigo, se puede subir una mano por la espalda que explore debajo del elástico del broche del corpiño, pero sin desabrochar nada todavía, en una caricia que llegue a la nuca, que disimule un poco pero que a la vez diga ya estoy acá debajo de esta lycra tirante y no me voy a detener. Si la mujer accede tácitamente (porque nunca hay que preguntar ni pedir permiso) entonces ahí sí, se puede intentar desbrochar, desmantelar la delicada ingeniería del corpiño, desactivar esa tensión tan linda, lo elástico, lo tirante de las tetas sujetadas entre diseños de moños y florcitas. Y entonces llega la verdad, sin íntimos trucos textiles, la doble realidad pura y palpable. Entonces aparecen, asoman en estéreo, se despliegan las tetas en todas sus variantes como ejemplos de la biodiversidad. Tetas duras, nuevas, tetas derramadas, pesadas, tetas blandas, inabarcables, tetas sin caída, sin pliegue como cúpulas altas de pezones rosados, tetas apenas sobresalientes pero halladas finalmente por las manos, tetas enormes y llenas, tetas asimétricas, tetas breves pero puntiagudas de pezones duros, tetas lisas de aureolas enormes apenas dibujadas, tetas blancas, morenas, con marcas de bikini, tetas chiquitas y felices, tetas tímidas, esquivas, o desafiantes, orgullosas, guerreras. Todas lindas, dispuestas para el beso, la lengua, el mínimo mordisco, y provocando una sed desesperada cuanto más grandes, una actitud ridícula del hombre que de repente actúa como un cachorro ciego y hambriento y desbocado.

Y sin embargo esa sed no termina de saciarse. Hay algo misterioso en la atracción por las tetas. Porque, ¿qué se busca en las tetas? Las atracciones de la cintura para abajo tienen un objetivo siempre más claro y complementario, que termina consumándose sin demasiado equívoco. Pero en las tetas, ¿qué buscan los adultos? Que todo sea un simulacro de lactancia no cierra bien. Demasiado edípico y cantado eso de buscar repetir ese vínculo nutricio con la madre. ¿Y además las mujeres qué ofrecen cuando ofrecen sus tetas? Dicen que la existencia de las tetas tiene un propósito de atractivo sexual(además de su fin alimentario). Dicen que al estar erguidas las hembras humanas tuvieron que desarrollar una especie de reduplicación del culo en la parte de delante de su cuerpo para atraer a los machos. Ése es el fin que cumplirían esas dos esferas juntas a la altura de las costillas superiores: ser un señuelo similar a un culo llamativo. La explicación parece bastante ridícula y quizá por eso mismo –porque el cuerpo humano es bastante ridículo- sea cierta.

Las tetas son insoslayables. Imanes de los ojos. Las tetas invitan a la zambullida para pasarse un verano entre esos dos hemisferios. Son más fuertes que uno. Hay una fuerza hormonal y animal que supera todo intento represivo y civilizatorio por no mirar, por no quedar como un primate bizco de deseo. Mirar todo el tiempo a los ojos a una mujer con un buen escote es un difícil ejercicio de autocontrol, es casi imposible que los ojos no se nos resbalen a esas curvas, que no caigan y se entreguen con toda la mirada a la gravitación de la redondez de la tierra. Porque hay tetas que son insostenibles, y provocan incredulidad. Uno mira una vez y vuelve a mirar pensando ¿Vi bien?. Y sí, uno vio bien, y esa visión genera una inquietud, una insatisfacción total de la vida, uno quiere entrar en ese mundo blando y suave, uno se siente lejos de esas tetas, desamparado como un soldado en la trinchera.

El anoréxico gusto de la época propone un ideal de mujer flaca pero con grandes tetas, algo raro que se da sólo en casos prodigiosos. Por eso la superabundancia de tetas falsas en los medios, tetas que quedan estrábicas, desorientadas, y a veces un poco ortopédicas. Se exigen mujeres escuálidas que terminan poniéndose siliconas porque sin prótesis presentarían unas tetas apenas protuberantes, tetas de bailarina de ballet; una belleza sutil y sugerida que la tele parece no poder aceptar.

Una regla extraña pero frecuente hace que las tetonas sean chatas de culo, y las culonas sean chatas de arriba. Como si en la repartija hubiera que optar por una u otra opción. La mujer latinoamericana suele ser más dotada de grupas que de globos. La mujer promedio brasilera, por ejemplo, con su mezcla afro-tupí, suele tener unas poderosas pompas brunas y ser bastante chata de tetas. En cambio las mujeres europeas, nórdicas, suelen presentar - como escuché decir una vez en un canal de cable- un volumen mamario importante. Las alemanas teutonas, las suecas, las valquirias escandinavas, son mujeres con toda la vida por delante. Avanzan heroicas con grandes tetas redondas, doradas, divergentes. En Francia se hace más un culto a las tetas que al culo, y sin embargo las francesas -con excepciones normandas que cortan el aliento como la impresionante Laetitia Casta- suelen ser magras, escasas y finas.

Quizá las tetas no sean indispensables, pero dan alegría. Por suerte, las argentinas, gracias al encuentro de las sangres nativas y la inmigración mediterránea, suelen tener medidas armónicas, lo que quiere decir que están bien de todos lados. Y si nos llegara a tocar enamorarnos de una mujer sin tetas, habrá que apechugar, quererla, y echar de vez en cuando unas pispeadas nomás, disimulando. Hay que tener cuidado. Un amigo tuvo un lapsus que precipitó su separación. Su novia, que era muy chata y celosa, se cansó de pescarlo mirando escotes por la calle y le vaticinó: Vos un día me vas a dejar por una tetona. Y él, queriendo arreglarla le contestó: Sin vos estaría perdido, amor, sos mi tabla de salvación.


Nota: Ya lo dijo Fontanarrosa. Hay cosas que sólo pueden ser llamadas por su nombre.

3/2/08

1 + 1 = 2

Esto es una prueba, deseo compartir un buen chiste que me envió mi hermana, Dolores, hace unos días.
Espero que lo disfrutes. Hacé "click" acá.