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3/12/11

Argentinidades


Tengo en mis manos un ejemplar de las obras completas de Jorge Luis Borges, editada por EMECÉ Editores (Buenos Aires, 1974), que alguien me regaló por aquellos años, me parece que en el ´78. Este libro, el objeto en particular, es incómodo. Pero su contenido, hablo de Borges, borra toda adversidad circunstancial.

El objeto, la publicación aludida, ya se cae a pedazos. Fue recorrido muchas veces. A Borges se lo lee, relee y se lo vuelve a leer. Así me lo dijo el bibliotecario de mi escuela secundaria la primera vez que puso en mis manos una obra de Borges. Tuvo razón. Y anoche volví, como en las Ruinas Circulares.

No fue casual el asunto. Hará un mes, más o menos, mi hija me prestó un excelente ensayo de Beatriz Sarlo (“Borges, un escritor en las orillas”, EMECÉ Editores / Seix Barral, Buenos Aires, 2º edición, 2007), que –además de resultar una obra esclarecedora, muy buena a mi juicio- me indujo a volver, como decía, a las páginas mi amado y sobado libro, aquel que me regalaron tiempo atrás. ¿Por dónde regresar sino por Evaristo Carriego? Voy, arbitrario, con la reproducción de algunos párrafos de esta obra que –si no me equivoco- se publicó por primera vez en 1930. Se trata de algunas reflexiones que me interesan.

“Hablar de tango pendenciero no basta; yo diría que el tango y que las milongas, expresan directamente algo que los poetas, muchas veces, han querido decir con palabras: la convicción de que pelear puede ser una fiesta.”

“La música es la voluntad, la pasión; el tango antiguo, como música, suele directamente trasmitir esa belicosa alegría cuya expresión verbal ensayaron, en edades remotas, rapsodas griegos y germánicos. Ciertos compositores actuales buscan ese tono valiente y elaboran, a veces con felicidad, milongas del bajo de la Batería o del Barrio del Alto, pero sus trabajos, de letra y música estudiosamente anticuadas, son ejercicios de nostalgia de lo que fue, llantos por lo perdido, esencialmente tristes aunque la tonada sea alegre. Son a las bravías e inocentes milongas que registra el libro de Rossi lo que Don Segundo Sombra es a Martín Fierro o a Paulino Lucero.”

“Tal vez la misión del tango sea […] dar a los argentinos la certidumbre de haber sido valientes, de haber cumplido ya con las exigencias del valor y el honor.”

“Nuestro pasado militar es copioso, pero lo indiscutible es que el argentino, en trance de pensarse valiente, no se identifica con él […] sino con las vastas figuras genéricas del Gaucho y del Compadre. Si no me engaño, este rasgo instintivo y paradójico tiene su explicación. El argentino hallaría su símbolo en el gaucho y no en el militar, porque el valor cifrado en aquél por las tradiciones orales no está al servicio de una causa y es puro. El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino, a diferencia de los americanos del norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción (1); lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.”


(1)   “El Estado es impersonal; el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo.”


5/8/10

Exorcismo

La “Crónica de la Vera Historia de los Sucesos Paranormales acaecidos en la Isla del Fuego, de cómo quedaron truncos, comenzó la tristeza, y otras pocas cosas más” (1), atribuida a los Primordiales Fueguinos, destaca: Ushuaia, jueves 14 de julio de 1996, 23.30 hs, noche sin luna ni estrellas, temperatura ambiente: 8 grados bajo cero. Sensación térmica: sin datos. Humedad: sin datos. Visibilidad: hasta donde alcance la vista. Estado del terreno: escarchado. Reseña del día: sin novedad. Reseña de la noche: sólo dos vehículos circulaban por Ushuaia a esa hora: casi chocan… sus conductores, realizaron un exorcismo.

Dedicado a Nicolás Romano.
Nico ayuda al Oso a conjurar un maleficio

Ese fue, para Romano, uno de los mejores encuentros de poesía que recuerde. Apenas llegó a Río Grande, enfiló el SUZUKI SAMURAI blanco, derecho para lo de Julio. La casa de la calle Don Bosco era chica, pero de corazón grande, como el del Mochi; por tal razón, en un espacio de 4x4, se agolpaban unos 14 aventureros de las letras. Julio, se había rapado. Alucinado por la novedad, a Pablito no se le ocurrió mejor idea que imitar ese look y, todos los presentes, habían echado mano a la Triple Cero sin conmiseración: la cabeza de Pablo parecía un cardal, luego del paso de un malón. Faltaban pocos minutos para el inicio del encuentro, y alguna mano bondadosa se apiadó de él, proveyéndole un sombrero que oscilaba vacilante en su testa, como los platos voladores en las películas de Ed Wood. Todos los que allí estaban emprendieron la retirada hacia el Club San Martín.

Antes de sumarse a la caravana, a Nico le extrañó encontrarse con El Oso en el lugar. Había llegado a Río Grande manejando un desvencijado remís. Tipo raro El Oso, durante el verano ushuaiense juntaba plata trabajando para una agencia. Compraba las provisiones necesarias para el invierno y, con la primera nevada, se atrincheraba en su alpina hasta la llegada de la primavera. Se me da por pensar que, en ese tiempo, en el que aumentaba el volumen de su despensa, de manera inversamente proporcional, los supermercados locales veían disminuir de manera considerable su stock de frascos de miel, y de salmón ahumado.

Para ese entonces, en su tiempo libre, Nicolás estaba pergeñando algunos bocetos portuarios, había transformado en relatos algunos otros, se había enfrascado en la exégesis de la discursividad del Sub-comandante Marcos, leía a Humberto Costantini, recitaba a Juan de Dios Pesa; en sus correrías, había sorteado con total naturalidad, las emboscadas que le tendían los carabineros chilenos, y los gendarmes argentinos, había intentado escalar -sin éxito- el Monte Olivia, continuaba en la búsqueda del mapa de un tesoro, e intentaba tranquilizar a su esposa, para que no lo echara de su casa… sin por ello -claro- abandonar su labor como Preceptor en el Colegio Polivalente.

Lo que siguió fue una sucesión caótica de acontecimientos: la poesía de Julio, la presencia rectora de Dinko, la guitarra de Montes, la armónica de Legunda, Nelson y Fredy intercambiando extrañas afinaciones, la omnipresencia del Mingo, los ecos de la voz de Niní, la dulzura de Liliana Ancalao, el sombrero de Pablo, Mauricio haciendo dedo, las entrevistas de Inés, los comentarios de Celia, un match de semi-fondo protagonizado por el Gordo Nemesio, los aires patagónicos del Chele Díaz, de los Hermanos Contreras, y de Horacio Cholila, la pachorra de Zalazar, las viejas que afuera del Banco pedían 10 pesos por una estampita de San Cayetano, madrugadas en vela, y el vino generoso. Romano, aunque abstemio, estaba feliz: “Y vino la palabra” –se repetía a sí mismo.

El domingo a la noche, luego de 5 intentos por encontrar el Monumento a la Trucha –hecho que le llevó casi una hora de marchas y contramarchas, matizadas por enfervorizados insultos tanto de automovilistas como de peatones- Nico regresó a Ushuaia con sus retinas repletas de imágenes de amistad, y tarareando, desafinadamente, “El gorro de lana”.

“El estiba”, nunca manejó bien, es de esos tipos que cuando dobla en una rotonda, y ve que una multitud de autos se le viene encima como en el Gran Premio de Mónaco, piensa que son ellos los que vienen a contramano.

Unos meses después de aquel encuentro, perdido en la oscuridad invernal del Barrio Ecológico al comando de su SAMURAI; Romano, realizó en mitad del bosque, uno de sus habituales giros en “U”. La noche se iluminó de pronto, y “el Estiba” creyó ser un elegido por la divinidad, el depositario de la cifra del Universo… se relajó en actitud mística para asistir a la revelación, a la espera de la llegada de una presencia superior.

En eso estaba, cuando advirtió que su jeep se encontraba enfrentado a escasos 30 centímetros de otro vehículo que también estaba con los faros encendidos, del cual se bajaba su propietario para encararlo con intenciones siniestras.

Romano no se amilanó, y también descendió del suyo con rostro amenazador, dispuesto a enfrentar en duelo criollo al otro conductor, en caso de que fuera necesario.

Con las pupilas dilatadas por la dicroica luminosidad, ambos titanes midieron fuerzas y se reconocieron como en mitad de un sueño: el tipo que bajó del remís, de pelo y barba cobrizos, apenas si llevaba una desteñida chomba de manga corta, que alguna vez fue fucsia; delgados pantalones de vestir color caqui, y, por entre sus sandalias franciscanas, asomaban unas gruesas medias de lana cruda.

La vestimenta de Romano, llamó la atención de su contrincante: el vate, estaba equipado como para iniciar una inminente campaña al Polo Norte: su estrategia de adoptar el estilo “cebolla”, superaba en volumen al contenido de cualquier depósito de tal tubérculo en la lejana Olavarría.

-¡Oso…! –alcanzó a exclamar Nicolás, antes de que ambos reeditaran en ese apartado confín austral, un abrazo cuya definición ya fuera patentada por el extinto “Mono” José María Gatica: “Dos potencias se saludan…”


Una vez finalizado el abrazo cultural, “el estiba”, vio la preocupación reflejada en el rostro del jachayero:

-Tenés que ayudarme, Nicolás… -manifestó tímidamente éste.
-¿Qué te anda pasando, Cumpa? –expresó Romano, solícito.
-Estoy engualichado, hermano, alguien quiere hacerme un daño… nunca hay que confiar en las mujeres… acompañáme… -dijo El Oso.

Sin que mediaran más palabras, el de las sandalias se dirigió hacia el baúl de su auto, seguido por el de boina y borceguíes… cuando El Oso abrió el habitáculo, entre las sombras, Nico creyó advertir una pala, un pico, una linterna, y una bolsa de plástico con la inscripción de los Supermercados La Anónima.

Cuando “el jachayero”, acercándose con expresión temerosa, abrió aquella bolsita, a Romano le pareció distinguir en su interior algo así como los restos de un visón, luego de ser pisado por una aplanadora.

-La única manera de conjurar este mal, es enterrar su origen, si no estaré condenado, Nicolás… -advirtió El Oso.

Enfrascados en la misión, apagaron los faroles de los autos y se internaron en el bosque sin decir palabra… adelante, con la linterna en una mano, y la mínima bolsa en la otra, se abría paso el engualichado.

Atrás, consciente de su misión, Nico cargaba al hombro el pico y la pala… el apagado rumor de los pasos de ambos sobre la tierra helada, se confundía con el acelerado latir de sus corazones.

Llegados a un lugar que al Oso le pareció apropiado para el ritual, se detuvieron… Romano, colaborador, hizo rebotar en el sitio elegido la punta del pico con tal fuerza que casi la rompe.

-No, hermano -dijo el Oso, interrumpiendo el afán de su empeñoso colaborador- es el portador del mal el que tiene que hacerse cargo.

La pala de punta sacaba chispas de la tierra escarchada, ante cada acometida del Oso, poco a poco, los endurecidos terrones, comenzaron a agolparse alrededor del pozo.

Cuando éste alcanzó la profundidad que el hechizado creyó conveniente, antes de ubicar la bolsa en el fondo, el jachayero volvió a abrirla para que Nico, cual Escribano interviniente, verificara la transparencia de los hechos.

Con esa última mirada, “el estiba” entendió todo, pero no murmuró palabra… esperó que su amigo conjurara el maleficio y luego, como para dar su veredicto final y refrendar lo actuado, se paró sobre el túmulo, y pisoteó la tierra durante algunos segundos.

-¿Ya te sentís mejor, Oso? –alcanzó a preguntar.
-Sí, hermano, te debo una… no sabés el peso que termino de sacarme de encima… uno nunca sabe cómo pueden terminar estas cosas… no hay nada peor que una mujer despechada… -respondió el Oso.

Restablecido nuevamente el equilibrio universal, ambos amigos se despidieron fundiéndose en un nuevo abrazo. Cuando el remís se alejó, Romano no pudo evitar una sonrisa... pero el reloj del SAMURAI blanco le hizo recordar que debía participar de una cadena de oración. Por tal motivo, regresó a su casa, dejando para alguna ocasión más propicia, la búsqueda de un nuevo portal de entrada a la tierra.

La nieve, que lentamente comenzaba a caer sobre Ushuaia, con su inevitable paciencia, borró todas las huellas de lo sucedido.
……………………………………………………………………………………………………


¿Y qué podía hacer? –me dijo Romano años después en mi casa, con su inconfundible vozarrón: alguno de los que estaban en casa de Julio esa tarde, habrá metido la bolsa en el baúl del remís del Oso… El Cumpa creía en lo que estaba haciendo… y yo no iba a ser quién le dijera que esos pelos que enterramos en el bosque, eran los pelos de Pablito Aguirre.


© Roberto Santana

(1) recreación del título del film de Leonardo Favio “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza, y otras pocas cosas más”, también conocido como El romance del Aniceto y la Francisca -1967-. RS

Jugando un poco (juego de palabras)

¿Es lo mismo un vocablo que una palabra? Según el diccionario parece ser así. Pero, ¿es lo mismo? Creo que no, por una elemental y trascendente razón: un sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea y la representación gráfica de estos sonidos pueden resultarnos agradables, bellos, amigables. O extraños, molestos, agresivos. Será la concepción estética de cada uno quien asigne el adjetivo.

Cuando pienso en la palabra y pronuncio tal palabra, disfruto. Y no solo eso, intuyo esperanzadoras posibilidades creativas, intercambios de todo tipo, aventuras. Si se me ocurriera apelar al vocablo es posible que sintiera la enojosa sensación de estar envasado al vacío. Da miedo. Envasado, vacío. Nada bueno puede ocurrir con vocablos tan peligrosos.

Uno es un esdrújulo, ya lo he dicho alguna vez, amo los acentos. Y a las palabras. Porque ser esdrújulo (Ver) implica asumir el deber ciudadano de definir la ideología sintáctica que abrazamos sin disimulos o medias tintas, nuestra estética del lenguaje. ¿Se le puede ocurrir, acaso, a un ser bien nacido "dar su vocablo" a la hora de asumir un compromiso o promesa? No lo creo. Lo que se da, amigos, es la palabra. Dar, sideral verbo por cierto, toda una palabra.

Asunto complejo esto de la lengua, vocablo que no me convence, toda vez que uno se ha quedado anclado en la palabra idioma. Pero no hay que exagerar, tampoco nos vamos a poner en contra de la corriente. Dejemos pues a la lengua en paz, aunque no puedo evitar una de mis asociaciones ilícitas cada vez que se utiliza este sustantivo, imaginando una vinagreta, la de lengua, plato muy difundido. No hay caso, siento cierto “asquito”, por más que la creciente esfera que hoy define mi cintura, mi panza digamos, reclame su sobredosis alimentaria de cada día. Ella, la panza, podría ser una excelsa palabra, cargada de natural humanidad o un vocablo que obliga a la vergüenza del panzón y la tortura del gimnasio, a cargo de una inaccesible walkiria, pletórica de vocablos, algunos –debemos ser sinceros- tan interesantes que llevan a pensar en el panel central del célebre tríptico del Bosco, el Jardín de las delicias. Depende del punto de vista. Lo dicho: es un problema filosófico.

Confieso mi desconfianza (terrible vocablo) en lo que se refiere a las academias o, mejor dicho, lo que podríamos definir como academicismo áureo. Ocurre que hay oportunidades en las que se suelen definir (gran palabra, verbo además) como “académicos” a productos o producciones que me llevan a sentir un cierto cosquilleo (juguetona la palabrita) en algún lugar de mi consciencia. En particular si ellas pertenecen a sujetos acostumbrados a observar por encima de sus ilustres hombros a sus semejantes (contundente “palabraza”), supuestamente subsumidos vaya uno a saber en que rincón de la ignorancia, incapaces (¡horribles vocablos!) al parecer, de alcanzar el altar (palabra luminosa) de la ilustración de los figurones, expresada en complejos textos, plagados de ininteligibles vocablos. Ellos, los academicistas especializados en fabricar globos, esos que creen que todo lo saben, o simplemente que "saben" (¿es admisible que una palabra tan hermosa termine convertida en un vil vocablo?), me recuerdan al Salon des Refusées y con él a sujetos que algún fósil del intelecto no dudó en rechazar (vocablo, verbo deplorable) a creadores notables tales como Monet o Cézanne, entre otros. Confieso que no puedo retener en mi memoria muchos de los nombres de quienes ocupaban las paredes del Salón Oficial por aquellos años. Ni hablar de los críticos o jurados que fueron capaces de cometer semejante tropelía, palabra atractiva, caída en desuso, por más que las tropelías sobren en nuestra tierra. Menos mal que hay enciclopedias. Para acordarse de los fósiles, digo… las tropelías no necesitan ser registradas, están.

Con academias o sin ellas, los hispano parlantes ya no tenemos un idioma o lengua (insisto: vocablo equívoco, recordar la vinagreta). Parece ser que hay acuerdo en no tener muy claro si hablamos español, castellano, argentino, colombiano, cubano o vaya uno a saber qué. Lo nuestro se ha convertido en un fárrago de palabras portadoras de múltiples influencias, aunque no deja de ser interesante este torrente idiomático (bueno, bueno, no se enojen los académicos, digamos lingüístico), ya que las cosas se han puesto diversas y la diversidad tiene sus ventajas: puede enriquecernos. Pero cuidado, que el enriquecimiento debe gozar de licitud (¿a qué les suena esto de la licitud; será una palabra o apenas vocablo discontinuado?), toda vez que abandonar la condición esdrújula que bien aconseja respetar las reglas del juego nos puede llevar por los meandros (vocablo sin duda traicionero) del enriquecimiento ilícito, a veces tan habitual como el aire, para desaire de la justicia, palabra hermosa que de tanto menearla al voleo corre el riesgo de convertirse en un vacío vocablo.

El idioma no es estático. Como la falquitrera (está buena la palabra ¿no?) puede crecer o menguar hasta mostrar una dramática falta de contenido, sólo piel y sin huesos, ya que apenas es una falquitrera. O lo que es peor: ella puede engordar al punto tal de inhibir (¿palabra o vocablo?) la básica identificación entre las saludables proteínas y los muy dudosos lípidos. La grasa de las capitales no se banca más, cantaban Charly y Serú Giran. ¿Banca? ¿Asiento, entidad financiera o actitud de sostener, soportar o aguantar algo o alguien? ¿Sustantivo o verbo? Ya ven, el asunto tiene sus aristas. Se impone entonces el buen uso de la palabra.

16/7/10

Pecados de juventud II (estado de inocencia)

Vuela camino
Corre y rueda
Vuela y salta
Vuelve y vete
Rueda camino
Rueda que rueda
Camino, corre.
No pares.
Camino, camino…
Camino ¿dónde estás?

© Francisco J. Arqueros, 1969.

15/7/10

Pecados de juventud (estado de inocencia)

Camino
y siento que aquello
que alguna vez llamé la verdad
es un engaño
y aunque no lo quiera
estaré equivocado.

Camino
despacio por el bosque
entre los rayos de un esquivo sol
que ajenos al mundo
juguetean
en las copas doradas del otoño.

Camino
mirando lo que me rodea
allí un pájaro
aquí una gota de rocío
la naturaleza toda
que te envuelve, nos envuelve.

Camino
a ciegas por la vida,
caminas
a ciegas por la vida,
caminamos y no podemos ver
pero buscamos, palpamos.

Somos dos murciélagos
que tantean la ruta
en la noche interminable del existir.
Somos dos seres ciegos
y como tales
nos chocamos
nos tomamos
vamos juntos
nos separamos
nos amamos
nos matamos.

Somos humanos
y por eso caminamos.

© Francisco J. Arqueros, 1971.

28/2/10

La Oveja Negra


Érase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna sorda para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar al alba cargado encontraba su casa desvalijada. Y todos vivían en concordia y sin daño porque uno robaba a otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero.

En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos. Y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que no se sabe cómo apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas. Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían. Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba; pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.
En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía.

Pero hasta ahí no había nada que decir porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden.

Porque él se dejaba robar todo y entretanto no robaba a nadie; de modo que había alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar.

El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.

Entre tanto, los que se habían vuelto ricos se acostumbraron también a ir al puente por la noche a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Pero los ricos vieron que, yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta".

Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes. Naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero, como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces, pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas y así fue como instituyeron la Policía y construyeron las cárceles.

De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres y, sin embargo, todos seguían siendo ladrones.

Honrado sólo había habido aquel fulano y no tardó en morirse de hambre.

© Italo Calvino


Este relato fue tomado de http://www.bolinfodecarlos.com.ar

10/2/10

Acerca de la Libertad


En este verano sudaca estuve leyendo bastante, un poco de todo, y todo muy bueno. Una de las obras que gracias a Estela cayeron en mis manos, es una conocida novela de Ayn Rand (Alissa Zinovievna Rosenbaum), escritora y filósofa estadounidense de origen ruso, para más datos nacida en San Petesburgo en 1905, fallecida en 1982 en Nueva York, Estados Unidos.
Uno, que es un ignorante profesional, no sabía de la obra de esta singular escritora. Y uno, que sigue siendo un ignorante, se ha quedado pasmado de lo que acaba de leer, en particular si este uno habita un sitio denominado República Argentina.
Connacionales, no se pierdan la descripción de situaciones curiosamente similares a nuestro presente, escrita en los Estados Unidos de Norteamérica a fines de la década del '50 por una singular señora nacida en Rusia.
Me refiero a una novela, La Rebelión de Atlas, que independientemente de las múltiples consideraciones que su lectura "dispara" (al menos es lo que a mí me ha pasado), abruma y llama a reflexiones profundas.
No estoy capacitado para realizar una crítica literaria. Y no me importa en este caso, precisamente, lo literario. Es que el mensaje de esta obra es muy fuerte, tanto que se relaciona con un concepto para mí superior, principalísimo: la libertad creativa y productiva, en el mejor sentido de tal concepto. Más otro, que podríamos definir como el costado perverso de buena parte de lo que nos ocurre a diario, no menos importante: la decadencia de un sistema social, político e institucional enfermo y tramposo como el que supimos conseguir.
No te pido que coincidas conmigo. Sólo sugiero que no te pierdas esta obra: La Rebelión de Atlas.

15/1/10

Ser de piedra




Como tú

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

León Felipe, Versos y oraciones de caminante (1920-1929)



Fuente: http://www.auladeletras.net/webquest/documentos/leonfelipe/comotu.html. Respecto a la foto lo mejor sería declararla anónima, por mala. Sin embargo yo he sido el responsable. La historia juzgará... Presuntuoso ¿no? No habrá historia, es imposible.

Otro si digo: considerando el atinado y muy cierto comentario de Jeve respecto de la espantosa fotografía que ilustra este post (sí, está fuera de foco y yo estaba tonteando con una camarita de morondanga), consideré aportar una nueva imagen, sin que la original desaparezca. Esto es "ao vivo" y muy real.

Gracias al sitio http://muchachadanui.rtve.es/foronui/download/file.php?id=6 que es de donde me he permitido tomar prestada la foto que agrego. Así y todo... la mía es más linda.

7/1/10

Volviendo a Prévert...

ARENAS MOVEDIZAS

Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Y tú
Como un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del lecho te agitas entre sueños
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Han quedado dos pequeñas olas
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
Dos pequeñas olas para ahogarme.


Jaques Prévert, Palabras; traducción de Juan José Ceselli; Compañía Fabril Editora S.A., Buenos Aires, 1977 (6° edición).

1/12/09

Homenaje a mi madre (II)

INOCENCIA

Piensa el intelecto,
la razón hilvana
junto al sentimiento,
diferentes credos.
A punta de espada
o tiro de revólver,
de acuerdo a los tiempos,
los defiende el hombre.
Mientras que los niños del mundo,
indefensos,
juegan en las playas
a hacer hoyos en la arena
para llenarlos de mar.


LIBERTAD

Deja que parta el verano
que crezca en tormenta el viento
porque cuando el sol se ausenta,
sustituido por la niebla,
el cielo permanece.
Todo es mudable circunstancia
y tú eres el orfebre de ti,
creador en libertad
de felicidad o muerte.
Cada mañana la flor crece
a un orden obediente
y continua lo establecido.
Pero tú eres el orfebre
que niegas o afirmas libremente.
Tú que no sabes nada
de tí mismo, pobre mortal.

Carmen Arjonilla; Ediciones Rondas; Barcelona, 1978.

28/11/09

Homenaje a mi madre

93

Si yo fuera de madera
no me estaría quieta.
De noche, despacito, me habría de escapar
hacia un astillero,
para volverme barco flotando en alta mar.
Sería un barco contento
buscando aventuras en los oceanos
gozoso de la libertad.
No le pondría ancla.
Mi barco no se saciaría de inmensidad.
Después, al morir
sus restos flotarían
en la azules aguas del mar.


Carmen Arjonilla; Sentimientos; Nuevas Ediciones Argentinas, Bs. As. 1974.
Mi madre, Carmen, hace ya unos meses que flota alegre en el mar. Es justo que así sea.

26/10/09

Evaristo

Hace un rato (gracias al iGoogle, debo admitirlo) me enteré que hoy -26 de octubre- se recuerda a San Evaristo. Este nombre es de origen griego "Eu-aristos", que significa "Aquel que es apropiado para complacer" o "Aquel que es servicial" (gracias iGoogle, again). Fiel a mi costumbre, esa que me lleva a las asociaciones ilícitas, dejé que mi mente divagara por ahí. A poco de hacerlo recordé nada menos que a Evaristo Carriego, el poeta de Palermo. (VER).
Por supuesto que de allí a Jorge Luis Borges, hubo nada más que un paso. Precisamente fue Borges quien escribió un conocido ensayo sobre Carriego.

En fin, se trata de Buenos Aires, el arrabal y su música: El Targo. Música singular e inagotable. Pero a la música la componen los músicos y, si de ellos hablamos, traemos a nuestra memoria a Eduardo Rovira (VER), en mi opinión un gigantesco innovador del tango y excelente músico. Una de sus composiciones más conocidas es justamente "A Evaristo Carriego". Un tangazo que paso a mostrarles en este video. Bailan la pieza Marcela Durán y Carlos Gavito quienes -pienso- logran una puesta muy buena, cargada de sensualidad tanguera sin meterse en exageraciones coreográficas, en general poco felices.



Espero que hayan disfrutado este recorrido inorgánico, asociación ilícita -ya se ha dicho- que no tiene otra intención que hacer honor a los "Eu-aristos" con algo apropiado para complacer...Chan, chan.

P.D. 1: La bailarina definitivamente una dama. "Mata".
P.D.2: El quía, una demostración de la sabiduría humana. Maduro, un "troesma."
P.D.3: No todo es vértigo, juventud y toda la bola. Los años pueden resultar interesantes.

29/8/09

Reflexiones

Miguel es un amigo y además forma parte de la cofradía de los vitivinilos, aspecto para nada menor. La mayoría de los amigos de este espacio no saben de tal cofradía. Pues no sepan, ya se enterarán a su debido tiempo. Por ahora estamos enfrascados en la redacción del "manifiesto vitivinilo", texto que anda dando vueltas por ahí. Se trata de una creación colectiva, que no pertenece a sujeto alguno toda vez que es patrimonio de todos.

Lo cierto es que Miguel tuvo la deferencia de acercar un par de aportes que, en mi humilde opinión, merecen ser compartidos. La primera de ellas reza así:

"En respuesta a lo publicado por Francisco en su blog, la versión más conocida por mi de un poema de Goytisolo en la voz de Paco Ibañez."



PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

El segundo, como si con el ya compartido no bastase, "...es este temita, creo yo de los 90´s. La voz de Darius Rucker (Hottie and the Blowfish), potente voz por cierto."



Bueno, ¿no? Gracias Miguel.

PD: Es notable la que un ser humano y una guitarra pueden hacer.

El buen escribir

Jésica (Jeve) y Marcelo (Ruma) llevan adelante un hermoso blog, "Palabras como nubes". Si observan por el sector de los sitios interesantes, allí está el link.

Hace no muchos días Jeve publicó un texto (me animo a pensar que se trata de un cuento o, si se prefiere, un relato) titulado "Cien palabras". No sé que opinarán los que saben de estas cosas. A mí me ha parecido maravilloso, un ejercicio de síntesis narrativa casi perfecto (y adjetivo con el consabido "casi" sólo porque asumo que los humanos tenemos nuestras imperfecciones, no vaya a ser que se nos ofenda algún fundamentalista), digno de ser leido varias veces. Bastan cien palabras para contar el cuento. Ni más ni menos. Cien.

Por favor, no se pierdan este delicioso remanso literario. HACER CLICK AQUI.

23/8/09

Algo más de Prévert (a pedido)

PARA TI MI AMOR (1)

Fuí al mercado de pájaros
Y compré pájaros
Para tí
amor mío
Fuí al mercado de flores
Y compré flores
Para tí
amor mío
Fuí al mercado de hierros viejos
Y compré cadenas
Pesadas cadenas
Para tí
amor mío
Y después fuí al mercado de esclavos
Y te busqué
Pero no di contigo
amor mío

(1) Jacques Prévert. Palabras. Traducción Juan José Ceselli. Compañía Fabril Editora S.A. Buenos Aires, sexta edición, 1977.

22/8/09

Como Tú

Hace un par de meses recordaba en este espacio un poema de León Felipe (VER) referido a la Luna, aquella que "...para no la robasen, en el pozo la han guardado..."
Hace mucho más que unos meses, diría que unos cuantos años (y algo más), supe tener un bello LP (de vinilo, por supuesto) que me acompañó a todas partes hasta que, como la simple piedra de un camino cualquiera, rodó para tomar vaya a saber qué rumbos.
Hoy me puse a escarbar por Internet y me reencontré, por así decirlo, con aquel querido disco escuchado hasta el cansancio y la interpretación de Paco Ibañez de hermosos poemas, como este. Creo que se trata de una bella conjunción y espero la disfruten tanto como yo.


15/8/09

Más Prévert

EL CAMINO RECTO (1)

De kilómetro en kilómetro
de año en año
viejos de frente estrecha
señalan a los niños el camino
con ademán de cemento armado.

(1) Jacques Prévert. Palabras. Traducción de Juan José Ceselli. Compañía Fabril Editora S.A. Buenos Aires, 1977 (6° Edición).

10/8/09

Acerca de las Percepciones

Al final, terminado de decir lo que decidió (o pudo) decir en su Carta Abierta (A Buenos Aires Violento) (1), Eduardo Gudiño Kieffer cita a Cesare Pavese y cuenta que él, en su obra El Oficio de Escribir (mayo de 1942), dice:

“Lo que nos sostiene en la inquietud y en el esfuerzo de escribir es la certidumbre de que en la página queda algo que no ha sido dicho.”

Parafraseando a Pavese, en una de mis acostumbradas asociaciones ilícitas, pensé que resultaría un buen ejercicio releer lo leído tiempo atrás, en otro contexto. Es posible que haya quedado algo que no fue percibido, incluyendo lo que no fue dicho. O mejor expresado, seguramente lo percibido en esta segunda lectura será diferente, salvo contadas excepciones.
Este pequeño juego, releer ahora este libro que me llamó la atención en mi juventud, casi cuarenta años después, estuvo interesante.

Gudiño Kieffer ha sido un escritor admirado o rechazado, según las percepciones de unos y otros, en diferentes momentos además. No sé si ha sido un gran escritor, pero supo –y creo que bien- hacer lo suyo. (VER).
Su Carta Abierta destinada a un Buenos Aires que efectivamente era violento es una obra que no ha perdido vigencia, aunque siento (con cierta decepción) que debería haberla perdido, si pensamos en una sociedad que evoluciona. Pues parece que no, que tal evolución no se ha dado como muchos esperábamos.
Buenos Aires sigue siendo violento, expulsivo y pacato, en particular con sus jóvenes. Podrán haber cambiado algunos “ejes”, pero la sustancia está allí, ahora más profunda y absurda. Atrasada. Me atrevo a decir que es denigrante. La gente muere porque sí, sin siquiera la excusa de una revolución o algo por el estilo. La exclusión lisa y llana domina el escenario social mientras que la pacatería sigue su reinado como si nada hubiera pasado. En el libro hay algunos relatos que conmueven, ásperos; y frases, pasajes o citas memorables. Ejemplo: “Ir hasta el fondo no sólo es resistir sino también dejarse llevar. Tengo necesidad de sentir mi persona en la medida en que es el sentimiento lo que me sobrepasa. Tengo necesidad de escribir cosas que, en parte, se me escapan, pero son la prueba precisamente de lo que es más fuerte que yo mismo” (Albert Camus, 1937).

Mientras acaricio las orejas de Felipe (el bendito perro Beagle –un revoltoso- que tuve la malhadada idea de regalar a mi hija; bicho que, por más conferencias referidas al arte que le prodigue sólo piensa en comer, dormir y ser acariciado, programa bastante apetecible por cierto), sigue dando vueltas en mi cabeza esto de “la percepción”, un concepto complejo, volátil.

Volviendo a Gudiño Kieffer, no podría faltar el humor corrosivo, crítico, impiadoso con una sociedad hipócrita y almidonada. No creo que el relato en que "Doña María Guadalupe de De Santis, presidenta de la liga Pro Moral y Buenas Costumbres de Burzaco, advierte a los censores sobre algunas peligrosas omisiones que su amplitud de criterio ha dejado pasar en su noble tarea por la conservación de nuestra salud espiritual", se trate del mejor pasaje de esta obra (que dio que hablar en su momento), pero me parece muy divertido y a la vez penoso, toda vez que nace a partir de un contexto impresentable, doloroso. El humor es jodido o, en todo caso lo jodido, por serlo, mejor que sea dicho con un poco de humor. El personaje principal es obviamente una casta dama de barrio, aferrada a la “moral y las buenas costumbres” incapaz de percibir la tragedia que la rodea, persistiendo –además- en su obcecada visión de las cosas y en acciones que mucho tienen que ver con la tragedia aludida.

Transcribo, parte de una supuesta carta de esta señora, a quien se le suicidó el marido, sus dos hijos mayores se convirtieron en “taxi boys” y su hija menor prepara cócteles Molotov en el fondo de su casa; que "solo" tres veces tuvo un encuentro sexual en su vida, con su marido naturalmente, para tener los tres hijos que tuvo. Está dicho, el pobre marido terminó pegándose un tiro.
Ella supone que sus dos hijos varones están en trabajos altruistas. El mayor es un “boy”, palabra que a la señora le suena sospechosa pero, al saber que se desempeña en un lugar seguramente patriótico, con nombre de gran gesta, El Maipo, percibe que lo de su hijo es un gran destino. El segundo de sus hijos es un “taxi boy”, aspecto que la inquieta porque andar de chofer de un taxi es peligroso y de muy mal gusto. Se tranquiliza al conocer que no, que su hijo no maneja ningún taxi, sino que forma parte de un grupo de samaritanos jóvenes que, parados en alguna esquina, esperan que los hombres mayores tengan alguna necesidad para asistirlos y acompañarlos. De hecho su hijo finalmente se ha mudado a la casa de uno de estos pobres ancianos para esmerarse en sus cuidados. Finalmente la hija, a la que la señora ha sacado de la escuela a los diez años para que el sistema no la pervierta, parece –según percibe la señora- haber entrado en la industria química, futuro económico de la Patria, instalando en el fondo de su casa un “laboratorio” en el que realiza procesos químicos junto a otros jóvenes científicos (las Molotov) y apenas se pregunta e indaga respecto de la palabra cóctel que, según su entender es algo que se toma o ingiere. La hija sólo le responde que "no joda y no hable."

La misiva está dirigida a los “Señores de la Dignísima Censura, en la Ciudad de Santa María de los Buenos Ayres”, y propone profundizar la acción de tan "ilustrísima" (en realidad perversa) repartición del Estado (que existió y, hoy por hoy, me parece que persiste, ya no repartición formal, sino en formato posmoderno: la censura ejercida desde el poder está pero “no existe”) en una absurda avanzada contra palabras de nuestra lengua que, al entender de tan enajenado personaje van contra la moral de la sociedad, poniéndola en riesgo.
Ella dice, para ser claros, que “Me refiero, concretamente, a las palabras que aún aceptadas por la Real Academia Española, aún incorporadas al lenguaje cotidiano, encierran por su sonido una carga que ni el napalm, ni las bombas H, ni la guerra bacteriológica podrían igualar”. Nada menos. Vamos al listado de esta digna señora.

Pijama: sugiero que se la sustituya por su equivalente “piyama”, puesto que la letra “j” da a las dos primeras sílabas una connotación libidinosa inadmisible.

Tetera: debe suprimirse por su clara alusión a cierta parte de la anatomía femenina, que despierta los bajos instintos de la plebe.

Conchabar: sin comentarios. El pudor me impide analizar esta palabra cuyo sonido es evidentemente licencioso.

Pedúnculo: si bien esta palabreja pertenece al dominio científico de la botánica, une en sus nueve letras dos conceptos pornográficos: no sólo la lamentable ventosidad (que también debería prohibirse) sino hasta el lugar por donde sale.

Culinario: de una manera bochornosa esta palabra se infiltra en los hogares, incluso a través de publicaciones con secciones sobre “Arte Culinario”. Con la palabra “arte” se pretende disimular o disfrazar el sentido erótico de la que le sigue. Pero como comprendo que para un ama de casa las secciones de esas revistas pueden resultar indispensables, sugiero que se les cambie ese asqueroso título por el de “ARTES CISORIAS”, que aunque casi nadie sabe lo que quiere decir suena mucho mejor y no da lugar a corrupciones.

Senil: debe suprimirse esta palabra, también por su referencia a una parte de la anatomía femenina. La gente llegará a la edad provecta pero no a la edad senil, ya bastante feo es volverse viejo como para que –para colmo- llamemos a esa época de nuestra vida con una palabra sucia.

Masculino: casi nadie se da cuenta de la peligrosidad de esta palabra, que comúnmente designa a uno de los dos géneros (prefiero decir géneros antes que sexos) en que se divide la humanidad. Y se la utiliza indiscriminadamente, sin percibir que no sólo es destructiva para la moral sino también falsa. Destructiva para la moral porque el adverbio “más” con que empieza exalta las tres últimas sílabas, en una especie de tácita apología al tafanario, parte del cuerpo que excita a actos “contra natura”. Y falsa porque encierra una enorme mentira. Las mujeres tenemos esa parte mucho más abundante que los hombres, a quienes se debiera llamar menos-culinos. Si se pretende sinceridad, el verdadero sexo mas-culino es el mal llamado femenino. Pero de todos modos lo que importa es que la palabra “masculino” desaparezca para siempre.

Peloponeso: mi proverbial honestidad me obliga a reconocer que para pedir la supresión de esta palabra no tengo razones lingüísticas verdaderas, sino tan sólo mi intuición femenina. Esa intuición hace que Peloponeso me suene como algo muy pero muy feo, algo que no se hace, que debe ser seguro pecado mortal. Como soy lúcida y pienso que esto puede traer tal vez algún problema internacional con Grecia, sugiero que la supresión de la palabra Peloponeso se haga por vía diplomática, como corresponde, respetando así el principio de no intervención que sustentamos los argentinos. Podrá darse como razón que Peloponeso no sólo suena como si fuera algo lúbrico, sino que para colmo es una península, y las penínsulas son símbolos fálicos.

Chotis: aunque esta danza ya no es usual entre la juventud, quizás el hecho de descubrirla insinúe vagos deseos pecaminosos y vuelva a ponerse de moda. Debe prohibírsela definitivamente. A la danza en sí y a la palabra que la designe.

En realidad esto es patético pero, sinceramente, no me digan que no se han reído un rato. Carta Abierta (A Buenos Aires Violento), buen libro. Vale la pena releerlo (o leerlo, si no lo has leído).


(1) Eduardo Gudiño Kieffer. Carta Abierta (A Buenos Aires Violento). EMECÉ Editores S.A., Buenos Aires, 1970.

31/7/09

Otra de Prévert

El mal estudiante

Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice no al profesor
está de pié
le hacen preguntas
y le plantean todos los problemas
de pronto se echa a reír
y borra todo
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas
y a pesar de las amenazas del maestro
entre el tole-tole de los niños prodigio
con tizas de colores
sobre el negro pizarrón de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad.


Jacques Prévert. Palabras. Traducción de Juan José Ceselli. Compañía Fabril Editora S.A. Buenos Aires, 1977 (6° Edición).