Uno pertenece a una generación que, más allá de errores y aciertos, puede mostrar con orgullo una explosión creativa, que defino singular, sin miedos ni pudores. Sobraron músicas, letras, cuadros, esculturas, experimentos y un sinfín de expresiones de todo tipo. Descubrimos la libertad y supimos, supongo, aprehenderla. Me place poder afirmar esto y me place repasar un pasado que no necesitó ejercer la violencia para expresar sus convicciones, a pesar de haberla sufrido. Tengo el orgullo de no haber disparado un arma en mi vida. Detesto la violencia y no la justifico (ni acepté), nunca.
Un grupo musical chileno de aquellos tiempos, Los Jaivas, pudo definir en una canción, constituida en un ícono cultural, lo que intento expresar. Vamos con ellos.
Los años pasaron. Sin embargo, desgracias latinoamericanas mediante, Los Jaivas y su bella canción siguen vigentes. Un detalle que nos debería llamar a la reflexión, supongo. En otras palabras, al decir del David Lebón de Serú Girán, ¿cuanto tiempo más llevará?
Y digo lo que digo porque tipos de pelos canosos podemos seguir cantando lo mismo. Todo un atraso ¿no creen? Los Jaivas de nuevo, ya en otro tiempo.
La termino. ¿Cuánto tiempo deberá pasar?