31/12/09

20/10

A todos aquellos que cometen la imprudencia de andar por este espacio les deseo un buen año 2010. Lindo número ¿no? Muchas felicidades y que sean más los encuentros que los desencuentros. Y, por supuesto, gracias, muchas gracias a todos. Que Dios los bendiga.

Paciencia

Los adolescentes (también los más creciditos) de estos tiempos muestran una inveterada resistencia al uso de uno de los más maravillosos inventos de la modernidad: el diccionario. ¿Por qué? Vaya uno a saber, pero los sujetos a los que estaremos sujetos en un mañana no muy lejano, bien que se friegan con tan bello libraco.

Pregunto: ¿no es fascinante conocer el mejor sentido y significado de las palabras? Para mí este es un aspecto excitante, cosa que no es de extrañar: no soy joven, mucho menos adolescente, por más que uno persista –de tanto en tanto- en jugar a serlo.

Hoy me contaba Estela (mi antítesis hegeliana, a la vez que esposa, partícipe principalísima de la síntesis plasmada en mis hijas) que daba vueltas en su cabeza la idea, el concepto que encierra la palabra “paciente”. Maravillosa palabra. También me habló del diccionario (aunque siempre bella, Estela tampoco es una adolescente) y algunas curiosidades que de él emanan.

“Paciente: (Del lat. Patiens, -entis; p. a. de pati, sufrir.) adj. Que sufre trabajos y adversidades sin perturbarse. // fig. Que consiente que su mujer lo ofenda. // com. Persona que padece corporalmente; el enfermo. // m. Fil. Sujeto que recibe la acción del agente.”

Llama la atención esto de que un ser paciente es un sujeto que recibe la acción del agente. ¿Qué agente? ¿El Agente 86 o un "poli" recaudador de pizzas? Luego, para nada sorprende lo del pobre hombre que consiente ser ofendido por su mujer, aunque en estos tiempos deberíamos ampliar el espectro; bien podría tratarse de una pareja homosexual, un trío o un combo a lo Mcdonals, cheesburguer incluido. Advierto estimadas damas que soy un irrecuperable e incorruptible machista, así que nada de andarse con protestas o comentarios fuera de lugar al respecto. Más temprano que tarde las féminas nos horadan. Uno quiere ser Tarzán y ellas te condenan a ser un enano de Blanca Nieves, con un poco de suerte. Hay destinos peores. Al menos podrían dejarnos ser los ratones de la calabaza de la Cenicienta. Viviríamos nuestro momento de gloria, carroza (y Cenicienta, claro está) mediante.

Nunca me gustó que los profesionales de salud lo cataloguen a uno de paciente. Y no soy el único. No hace mucho José, mi amigo y socio en esto de intentar construir en un país en donde prevalece el no hacer o, lisa y llanamente el destruir, bramaba en medio de la sala destinada a los visitantes de los benditos pacientes, luego de una muy compleja operación que casi le cuesta la vida, “yo me voy de este sitio, basta de tratarme como una cosa, yo soy un cliente, les pago, explíquenme qué me pasa”. Está más que claro que mi amigo estaba como estaba, jodido. Sin embargo no le faltaba razón: al ser pacientes, bien que nos meten mano sin mayores explicaciones y uno no puede ni chistar. Es más, por lo general nos regañan ya que hacemos lo mismo que ellos (comemos, fumamos, bebemos, hacemos el amor, etc.) y por lo tanto no cumplimos con un acabado programa de salud. Sólo ellos la pueden pasar bien en esta vida. El resto nos jodemos y somos sus pacientes. No es justo.

Pero la moneda tiene dos caras, al menos las que no han sido acuñadas por quienes nos estafan. Mi antítesis (es decir Estela) bien me señalaba que en esto de esperar un par de horas a que el médico que asignó un turno, un horario al que se debe respetar a como sea, más allá que él nunca lo respetará, toda vez que se toma su tiempo que vale oro mientras que el del paciente poco vale o no cuenta, pudo observar que hay quien disfruta de ser –precisamente- un paciente. El hecho de esperar lo que se tenga que esperar los hace protagonistas. En ese trasiego son, la enfermedad (o su ausencia) los hace existentes. Interesante observación, muy interesante.

Queda, redondeando este ridículo análisis de las definiciones de la Real Academia, quien sufre trabajos y adversidades sin perturbarse. No me la creo. Uno siempre se perturba, la diferencia está en que algunos saben aguantar, esperar, que no es lo mismo. Admito entonces, en honor a la honestidad intelectual, que en este caso no estoy de acuerdo con el mejor libro que existe (luego de la Biblia, claro está), el amado diccionario. Se puede amar y disentir. En mi oscura existencia, me permito amar al diccionario y disentir con él. Con la Biblia mejor no me meto. Solo me falta que Jehová me convierta en puré de hospital, el más insípido de todos.

Dije recién saber aguantar. El aguante, versión elaborada, permisiva, heroica, patética y singular de la paciencia en versión argentina. Los argies sabemos, somos inventores del aguante, que no necesariamente –esto es contradictorio, sepan comprender, soy argentino- implica paciencia. A veces lo del aguante nos lleva a impaciencias tales como los piquetes variopintos, las trágicas escenas violentas que muchos protagonizan en cada encuentro de fútbol que se realice, o en la simple cola o fila de un banco o alguna repartición estatal que, como siempre, no solo funciona muy mal sino que está abarrotada de seres que se permiten el maltrato a quienes pagamos los emolumentos de quienes nos maltratan. El aguante no necesariamente es paciencia, insisto, aunque implica una actitud más que paciente. También es aceptación de los defectos y a la vez, respeto por los rasgos singulares de aquellos a quienes se nos da la gana aguantar.

Más allá de lo dicho y atado al diccionario creo que hay algunas definiciones que deberían ser incorporadas al mamotreto. Por ejemplo: paciente es el maravilloso cartero (VER) creado por Skármeta. También quien espera una palabra amable, apenas un poco de aliento en este mundo cada vez más crispado. Pacientes somos los argentinos, que seguimos esperando tozudamente que los desvaríos de mundos irreales como los de Alicia dejen de ser porque sí. Y también lo son los desamparados, aquellos que por más que se les haya prometido el Reino de los Cielos, bien merecen una mera caricia de nuestra parte, aquí y ahora. Apenas una caricia, que no cuesta nada.

Seamos pacientes. Que el 20/10 nos haga mejores. Podemos ser mejores. Un poquito nomás. Paso a paso…

Feliz año. La paz esté contigo.

30/12/09

Una sonrisa, por favor

Dolores, mi hermana, me envió el texto que a continuación transcribo, en uno de esos mails que saben dar vueltas y vueltas, rebotando como pelota de ping pong. Hace poco ha pasado la Noche Buena y ya se viene el fin de año en esta parte del mundo. Sonriamos un poco. Luego, si ya conoces el texto -se dijo, los mails dan más vueltas que un ovillo- pues te ríes igual.

Expediente regulador de empleo en el Portal de Belén

Mañana quiero empezar a poner el belén en mi casa y, como estoy en crisis, antes de hacerlo he decidido llamar a uno de estos consultores para que me asesore sobre como rentabilizar al máximo el tradicional nacimiento. El resultado ha sido sorprendente, y por eso os lo quiero comentar:

Pastores. Para nadie es un secreto que en todos los belenes hay más pastores que ovejas. Parece absurdo, pero siempre ha sido así. Por supuesto me veo obligado a deshacerme de todos, menos uno. Instalaremos pastores eléctricos (cercas electrificadas) con el fin de controlar a las ovejas y una vez instalado, se plantea la posibilidad de sustituir, en breve, al pastor por un perro con experiencia.

Personajes gremiales. Es sorprendente la cantidad de artesanos que puede haber en un belén: el herrero, el panadero, el de la leña, el carpintero (haciendo una desleal competencia a José que se ha cogido baja paternal), el tendero… Sin embargo es sorprendente ver los pocos clientes que hay. La decisión que hemos tomado es despedir a todos los artesanos, es duro, pero no ha quedado otro remedio. En su lugar hemos contratado a un chino, que en un pequeño comercio fabricará y venderá todos los objetos que vendían los artesanos. Si el chino decide subcontratar 15 menores para sacar el trabajo es un tema en el que no nos debemos meter. Respetamos la autodeterminación y, si hubieran drogas de por medio, no nos damos por enterados.

Posadero. El chino se hará cargo también de la posada. Además, últimamente habían llegado quejas de atención al cliente por parte de José y María. La posada podría funcionar con el sistema de cama caliente.

Lavanderas. Que manía tienen en los belenes con lavar la ropa, con lo fría que debe estar el agua, con tanta nieve en el hemisferio norte. Se suprimen los trabajos de lavanderas, normalmente asumidos por mujeres. Cada uno se lavará su ropa en los ratos libres, potenciando así la equiparación de sexos en cuestión de tareas domésticas.

Angel anunciador. Suprimidos casi todos los pastores, no tiene sentido la figura de un ángel anunciador. Se sustituye por un anuncio luminoso, en donde además podremos anunciar las ofertas del chino.

Castillo de Herodes. A Herodes le mantengo en su puesto, no es que haga mucho, pero manda. No es cuestión de ponerse a despedir directivos.

Soldados, me quedo con dos por razones de seguridad (que bastante calentita está la zona), pero los externalizo. Los contrataré por medio de Prosegur Castillos, para que me presten servicio como guardas de seguridad. Ahorro en costes fijos y gano en flexibilidad.

Paseantes varios. Es sorprendente ver la cantidad de personajes que abundan en un belén sin hacer nada, absolutamente nada. Todos despedidos. Esto lo teníamos que haber hecho hace tiempo.

Paseantes con obsequios. He observado que otro grupo de paseantes, algo menos ociosos, pero no mucho más productivos, se dirige hacia el portal con la más variada cantidad de objetos. Uno con una gallina, otro con una oveja, otro con una cesta, otro con un hatillo. ¿Qué llevará el misterioso personaje del hatillo? Es necesario recurrir a los servicios de inteligencia. Que para esto están. Luego, puesto que todos tienen el mismo destino, organizaremos un servicio de logística, para rentabilizar el proceso. Despediremos a todos los paseantes, uno de ellos se quedará con nosotros por medio de ETT y con ayuda de un animal de carga recogerá las viandas cada tres días y las acercará al portal.

Reyes Magos. Por supuesto con un solo rey es más que suficiente, para llevar el oro, el incienso y la mirra. Eliminamos dos reyes, dos camellos y los pajes. Posiblemente nos quedemos con el rey negro para no ser acusados de racistas, además es posible que quiera trabajar sin que le demos de alta. Tengo que estudiar, también, la posibilidad de dejar tan solo el incienso y vender el oro y la mirra a otra compañía, ya que debemos de reducir al máximo la inversión en regalos de empresa.

Mula y Buey. La única función de estos animales es dar calor. Esta función será desempeñada por una hoguera, que gasta menos combustible. Realizaremos un “assessment center” con los dos animales, y el que lo supere trabajará como animal de carga en el servicio de logística antes citado.

José y María. Está más que demostrado que el trabajo que hacen ambos en el portal puede ser desempeñado por una sola persona. Evitamos dos bajas de maternidad/paternidad y, por razones de paridad, nos quedamos con María. Lamentablemente, tenemos que despedir a José (con lo que había tragado el hombre en esta empresa).

El niño Jesús. A pesar de su juventud tiene mucho potencial; además parece ser que su padre es un pez gordo. Le mantenemos como becario con un sueldo de mierda, hasta que demuestre su valía.

El Belén queda pues de la siguiente forma: Un pastor, con ovejas en un cercado; un chino con un comercio/posada de 24 horas; Herodes y dos guardas subcontratados; un paseante -por ETT- con la mula (o el buey) haciendo repartos; el rey negro (ilegal); María y el niño.

Va a ser más soso que otros años, pero me he ahorrado una pasta.

16/12/09

Paz II

¿Todavía no te has dado cuenta? Es sencillo, la paz está en las coincidencias por sobre las diferencias. No es tan complicado. Basta con amar al semejante, saber que poseemos un alma. La música, para variar, sirve. Vamos con un poquito más de Playing For Change.



Hace no mucho ofrecí en este espacio un atisbo de este proyecto. Ver, si se quiere, el post anterior. Ahora insisto -amén de lo que ya habrás visto, si has tenido la paciencia suficiente- con Grandpa Elliot y su Fannie May, pero en versión cotidiana, callejera. New Orleans... Mirá y escuchá vos mismo.



Paz, amigos. Paz y mucha música. Ella nos acerca.


Otro si digo: la próxima vez que escuches a unos muchachos haciendo buena música en el subterráneo, en la calle, prestá algo más de atención. Salí de tu atormentada rutina, posiblemente alienante. Hay que saber parar, me parece.

9/12/09

Ser un helado

¿Te has pensado helado? Traduzco: sorbete, crema helada, eso que consumimos con placer los días de paseo o, seguramente, los domingos a la hora de dar "la vuelta del perro", gustosamente frío. Gran invento (no se de quién) bien explotado por los itálicos, generalizado en casi todo el mundo, es decir donde aún se come. Hay otros sitios, no lo olvides nunca.

Desde chico sentí una especial atracción por los "cucuruchos". Si hay recipiente más incómodo para degustar un helado es precisamente el consagrado cucurucho. Pero, vamos, que no es lo mismo andar relamiendo por aquí y allá, sin solución de continuidad, que vivir sin el compromiso de la aventura, cucharilla en mano, con el manjar bien atado, sometido, en un miserable vaso plástico. Una cosa es el placer y muy otra la rutina. El cucurucho es la antesala del erotismo.

Hay helados de todo tipo. Alguna vez bastaban la vainilla, la frutilla y el chocolate. Ya no. Todo es diverso, multidiverso diría. Cuando te enfrentás al extenso menú del despacho de tan exquisito e insustituible manjar, entrás en crisis. ¿Melón, frutos del bosque -qué será eso, digo- banana con licor, quinotos al wisky, crema del oriente, crema del cielo, turrón..? Mi Dios, esto es muy dificil. ¿No habrá de crema y chocolate? Y ahí viene la pregunta maldita: ¿qué chocolate? ¿Chocolate suizo, chocolate con almendras, chocolate con higos..? Y dale que va...

"Pero yo sólo quería un helado, estoy de paseo, no deseo pensar. Sólo necesito un helado." Pues no, te tenés que joder y elegir en medio de una diversidad no buscada, que no está mal, pero molesta, toda vez que no es otra cosa que una suerte de dilución de los conceptos, un sinnúmero de ofertas de poco tranco. A ver, si uno sólo quiere un simple helado, chocolate y crema. Ya ni se sabe lo que es la leche.

Yendo a cuestiones algo más filosóficas creo que uno se parece, y mucho, a un helado. Estás allí, supuestamente entero y a la temperatura necesaria, sos todo futuro, una promesa. Sin embargo el calor hace lo suyo y la impericia, por cierto. El consumidor, quien está a tu lado, no sorbetea como corresponde. Te vas derritiendo sin sentido hasta terminar en una suerte de líquido inconvenientemente pegajoso sólo apto para moscas, hasta que la lavandina de los empleados de la empresa de limpieza te lleven puesto. Toda una metáfora. El helado y yo. O me gozas o me pierdo.

Me he sentido un helado muchas veces, por lo general encaramado en el borde de un peligroso cucurucho. No es sencillo, todos los días son jugados a todo o nada. Podés terminár en el piso, derretido, asqueroso, candidato seguro al trapo limpiador de la mugre; o sos el protagonista de un instante de placer, alegría, pura vida. Pero solo un instante ya que la vida es una sucesión de instantes. Yo digo que vale la pena el riesgo. ¿Cuánto vale una sonrisa?

Definitivamente quiero ser helado. Pero de dulce de leche granizado. Nada más glorioso que la empalagosa dulzura del dulce de leche, tamizado con pepitas de amargo cacao. Bien argentino, por cierto. Luego, para que las cosas se pongan interesantes (uno siempre tiene sus costados complejos), agregamos limón. Acidez y frescura, moderando la tibieza amorosa de la dulzura en su máxima expresión.

Sí, ya sé. Soy contradictorio. ¿Y qué? Esto es un juego.

8/12/09

El Puente

Hace unos cuantos años, bastantes, tenía el berretín de cierta militancia política. En ese contexto y en mi condición de supuesto “creativo” (que no lo soy, pero en el país de los ciegos…), tuve la responsabilidad –entre otras- de diseñar y literalmente hacer casi artesanalmente la campaña publicitaria de los candidatos de la fuerza política a la que adhería incondicionalmente. Era joven y muy crédulo. Además no había en ese entonces y en estos lares agencias de publicidad ni tanto lío mediático. Todo era algo más rústico, casi de entrecasa.

Nuestro candidato a Diputado de la Nación era un tipo inexpresivo, bastante inútil diría, para no abundar en detalles que no vienen al caso. ¿Qué hago?, me preguntaba, mientras buscaba algún costado presentable del impresentable. No había caso: el tipo no merituaba para ser Diputado de la Nación, nada menos. Yo lo sabía y me molestaba (mucho) la situación, pero resultaba que en medio de la inveterada “lista sábana” se jugaban destinos importantes y allí estaban muchas personas que no eran impresentables sino todo lo contrario. Es más, estaba –todavía- en juego el sistema democrático, era necesario consolidalo, a pesar de este ingnoto y poco feliz personaje. ¿Error, acierto? No sé. Era otro tiempo. Hoy hubiera hecho otra cosa. Pero hoy, veintitantos años después, cuando con todas sus carencias la Democracia no es discutida en la Argentina.

Volviendo al dilema personal de años atrás, encontré la respuesta en el arte. Sí, esta historia mínima se resolvió gracias al arte y los artistas. Recordé a los muchachos que en la Alemania de las primeras décadas del siglo XX se despacharon con Die Brücke, es decir El Puente. Asocié: expresionismo, somos una alejada isla que necesita expresarse; necesitamos un puente, un puente al país; se supone que un representante en el parlamento lo es. Conclusión: fulano, “un puente al país”. Y resultó. El triste candidato fue elegido. Otra que puente. Hubo un océano entre nostros y la Nación.

Flor de pecado el mío. No se lo recomiendo a nadie. En lo personal, muy poco después, comprendí que estaba en un sitio equivocado. Me fui a casa y ya no volví. Suficiente para mí.

El líder del grupo de artistas expresionistas surgido en Dresde (cuya existencia y obra me "inspiraron"), luego eyectado a Munich, la ciudad que competía de igual a igual con París en esto de las vanguardias del siglo XX, y más tarde a Berlín, se llamó Ernst Ludwing Kirchner (1880-1938). Aclaremos que este hombre nada tiene que ver con el K del presente argentino, para bien del arte, digo.

Kirchner, el artista, nació en Aschaffenburg, en la región de Franconia. En 1901 inició sus estudios de arquitectura (¡caramba! un arquitecto haciendo de las suyas, vaya sorpresa), en la Escuela Técnica Superior de Dresden. En 1907 y luego en 1911 pintó a su amante, Doris Grosse. El último retrato de Doris, fue una suerte de carta de despedida. Se alejó de ella y mudó a Berlín, donde terminó casándose con Erna Schilling, con la que ya hacía un tiempo tenía sus entreveros amorosos. Ahora bien, el cuadro se lo hizo a la amante abandonada. Es para el diván ¿no les parece?

Esta es la pintura en cuestión. Ve por vos mismo. Hoy forma parte de la colección del Museo Ludwing, de Colonia, en Alemania. Cómo fue a parar allí (porque Dresde y Berlín bien poco tienen ver con Colonia) no tengo idea. El arte, como la política, a veces es un simple negocio.

No puedo terminar este relato sin comentar o reflotar algunos de los conceptos más importantes que supieron sostener los muchachos del puente, que no fueron artistas que tuviesen una formación demasiado académica. Lo de ellos, a lo Valkiria, era pura expresión y, sobre todo, actitud revolucionaria, ansia de cambio a como fuera. Me identifico con ellos. Estos tipos supieron hacer lo que había que hacer: buscar un nuevo camino toda vez que lo preexistente, por excelso que fuera, había pasado y no los representaba.

Por lo pronto el citado Kirchner más Bleye, Heckel y Schmidt-Rotluff (todos estudiantes arquitectura… insisto, los arquitectos somos tipos peligrosos), con la suma de Nolde y Pechstein un par de años después, rompieron con el Impresionismo (para mí un final, la expresión del agotamiento del largo proceso iniciado en el Renacimiento, en vez de un principio), emplearon un vocabulario estético muy simplificado, con pocas formas, reducidas a los esencial, cuerpos deformados y espacios reducidos, disueltos, sin perspectiva alguna.

Usaron un colorido apasionado que se condecía con la decisión de conceder al color una nueva relevancia emocional y composicional bajo aspectos estéticos únicamente internos, creando sus obras exclusivamente a base de colores, como supieron hacer los Fauvistas de París. Los muchachos intentaron recuperar el sentimiento, revalorizar la visión subjetiva del artista, intérprete y no copista de la realidad objetiva.

Alguien dijo que lo que hicieron estos hombres era Art Brut, es decir el arte de niños, dementes o salvajes. No sé si serían salvajes, porque niños o dementes no eran. A mi me parecen, insisto, revolucionarios, sentimentalmente alemanes hasta la médula, diría que Nietzscheanos, por más que los nazis los declararon como los artífices del “arte degenerado”, junto a los demás protagonistas de las vanguardias de principio de siglo, apoyándose -curiosamente- en este filósofo que aparece por todas partes en el siglo XX y aún ahora, a partir de las forzadas interpretaciones y especulaciones del Sr. Heidegger, extrañamente rescatado por la izquierda “Nac & Pop”.

Para los cafishios del poder, sin amor



Sí, salame de ocasión. La vida te da sorpresas. Aunque no te lo creas el poder lo tiene la gente y no vos. El que último ríe, se ríe mejor. No serás el último, tenelo por seguro, aunque nos toque tu última y siempre artera puñalada.


PD1: Rubén Blades, un gran artista. Excelente compositor.
PD2: ¿Hay que agregar algo respecto de Willie Colon? Nada, a excepción de que es el personaje de bigotes que se dedica -a esa altura de su carrera- a boludear en escenario. Cuando ya hiciste lo que tenés que hacer estos gustos te están dados. Y bien dados que están. Para eso hiciste lo que has hecho. Per jodere.

5/12/09

Escuchate esto

Uruguay, el paisito de Mario, un gran país. Tierra de gente inteligente.

4/12/09

No te lo pierdas

Haceme caso, andá a este sitio, no te prives del placer de leer lo allí escrito.

3/12/09

Francisquito

Samuel Coleridge dijo alguna vez que "Probablemente todos los misioneros que han ido a regiones en las que sus compatriotas se hallaban ya establecidos (…) han encontrado en ellos a los peores enemigos de su obra de evangelización. En este sentido, las naciones católicas son tan culpables como las protestantes. España, Francia y Portugal son tan culpables como Inglaterra y Holanda".

Francisco de Jaso y Azpilicueta, nacido en Javier, Navarra (cerca de Pamplona), España, canonizado por la iglesia de Roma como San Francisco Javier, bien podría aseverar lo afirmado por el romántico inglés. Sin doblegarse soportó adversidades y grotescos abusos soezmente coloniales durante su incansable trasiego por tierras orientales predicando el Evangelio apoyado, me parece, en tres pilares: su profunda fe, la inspiración de quien fue su compañero de estudios en la Universidad de París, Ignacio de Loyola y su condición de navarro, que no son fáciles de domar los hombres de esas tierras. Es que profesar una fe a ultranza, ser jesuita y encima navarro, es una combinación que merece respeto.

Hoy es 3 de diciembre, fecha en que los católicos recuerdan al hombre que “inspiró” a mi padre para asignar a su tercer hijo, quien esto escribe, el nombre que lleva. Luego, imposible de pasar por alto, está mi abuela Francisca. Menos mal que nací hombre porque el muy tozudo de José, mi padre, me zampaba el nombre de todos modos. Podría imaginarme ser una Francisca pero lo de Javier, Navarra… es algo más complejo. Dios existe: me puso en el género masculino.

¿Y por qué no solo Francisco, papá? Pregunté alguna vez. ¡Joer hombre! ¿Es que no lo entiendes? ¿Cómo podrías llevar tú el nombre de un italiano? Además, hijo, tú eres Quico. Con perdón de la digresión, observarán ustedes la claridad y fluidez de los diálogos hijos-padres o padres-hijos en ciertas épocas, como la de mi niñez. Una putada, dirían los españoles.

Unos años después descubrí el significado de tan rotundas palabras: Pietro di Bernardone, apodado Francisco por su padre –Juan- y nacido en Assisi, es el San Francisco universal, el del amor inagotable.

Más allá de las consideraciones peninsulares (ambas) y los aspectos relacionados con las creencias religiosas que podemos tener o no, debo confesar que mi nombre me gusta y, fuere como haya sido, me encanta ser Francisco Javier. Me gusta llevar el nombre de hombres singulares (el de Navarra y el de Assisi) y me gusta más todavía ser un Javier, aunque no sea navarro, en todo caso hijo de andaluces, Almería para ser más precisos. Ya lo dije alguna vez: "uno es un moro judío que vive con los cristianos."

Me gusta también, y mucho, ser argentino y estoy orgulloso de ser un descendiente más de hombres y mujeres que un día vinieron a estas tierras buscando un destino superador, desgarrados por el desarraigo, pero abiertos a una nueva condición, asociada al arraigo con la tierra que los cobijó. Me gusta que mis viejos hayan decidido que yo fuese argentino. Tipos generosos los peninsulares (ambos).

Lo interesante del caso es que Francisco es un nombre de origen germano que, según el sacrosanto Google (casi un pater familiae de estos tiempos on line), significa “el abanderado”. No hay caso, soy un jodido asociador ilícito (obsesivamente curioso) y se me van ocurriendo algunas cosas. La primera: ¿y a que viene este lío de santos españoles o italianos, si resulta que el nombre es de origen germano? Segunda: vuelvo a los desarraigos y arraigos, esta vez en versión nibelunga, que no son pocos y mucho han dado. Luego: ¿abanderado de qué?

Solo una respuesta: probablemente soy abanderado de las causas perdidas, esas que bien valen una misa.

1/12/09

¡Kapum!

Pregunta: ¿Qué efectos puede producir el manejo irresponsable de la fisión atómica para producir energía?
Respuesta (con letra cercana a lo ininteligible, dificultosa): Yo creo que hay que tener cuidado con esas cosas porque sino… ¡KAPUUUMMM!

Cabe agregar que la onomatopéyica definición ocupaba aproximadamente la mitad, o más, de la hoja (la eterna N° 5 marca “Rivadavia”) utilizada por el estudiante.

Acabo de reproducir, más o menos, el resultado de una breve evaluación escrita ocurrida hace ya unos cuantos años. El autor de la notable respuesta es hoy un joven físico. Y lo bien que ha elegido su carrera, digo. Es un querido amigo de la vida, esos que te cruzás dos o tres veces en tu efímera existencia.

¿La calificación? ¿Qué “nota” pondrían ustedes? Yo opté por un soberano y rotundo ¡muy bueno!, como su respuesta. El discurso vendría después, estaba en juego la idea y ella fue expresada con la claridad que suelen tener los niños y jóvenes, en particular los que gozan de la inocencia que es inherente a ellos, sólo a ellos.

Hoy, repasando el diario, me entero que se estrena un nuevo film catástrofe que anuncia el “fin del mundo” para dentro de muy poco: el merequetengue se anuncia para 2012. El fundamento, que existe, es ni más ni menos que las interpretaciones realizadas por diferentes investigadores (de variada coloratura, aclaremos) del calendario Maya, esa cultura que –catástrofes aparte- deberíamos conocer más. Aseguro, desde mi escaso conocimiento, que la Civilización Maya es apasionante. Después, lo de 2012, no corre por cuenta mía.

No es cuestión de refritar aquí lo que abundantemente se ha publicado por ahí al respecto que, ahora y film mediante, se potenciará en términos hollywoodenses. Simplemente advirtamos que hay quienes predicen (una vez más) un final –caótico, propio del Apocalipsis- y otros una suerte de nuevo comienzo que vendría a ser lo mismo. Me explico: el reverdecer del humanismo más puro, en síntesis con el ser espiritual que nos habita, sería algo así como un tsunami para vastos sistemas que hoy regulan nuestros días. Me muero de risa pensando en varios personajes ante tamaña circunstancia. ¡Ahí va, salame de la Bolsa de Valores; te mando un Donatello! O, ¡cuidado, politicón, se viene un Matisse! Mejor aún, ¡agarrate líder sindical, te mando un Miró, para que no entiendas un carajo!

Lo cierto es que con ¡kapúm! o sin él, en una versión orientada hacia cierta visión New Age, este aparente globo que habitamos está un tanto sobreexigido y, ni hablar de nosotros mismos, los seres que no cejamos en esto de las sobreexigencias. Porque no aprendemos, eso está más que claro. Somos lo suficientemente insensibles y, agregaría, estúpidos, como para no terminar de aprender. Marcel Duchamp y sus amigos del Dadaísmo tenían su parte de razón.

¿Acaso es necesario que todo vuele por los aires para entender que nos afanamos diariamente por lo que, al final, no nos servirá de nada? ¿Es necesario recordar al Avaro que tan bien pintó Molière? Dígame, amigo lector: ¿llevará usted a su tumba el dinero que acopió a costa de aplastar la cabeza de tantos, a golpe de egoísmo (y garrotes varios, aún los invisibles, esos que más duelen) o, peor aún, la indolencia de los hipócritas? ¿Qué queda de una vida? ¿Sancho o Don Quijote? Y eso que el amigo Sancho demostró ser un tipo comprensivo, no merece la comparación en este espacio, es injusta. Espero se interprete lo que deseo expresar, a pesar de Sancho que sigue ligándose los “palos”.

Bicho raro el ser humano. Bicho raro yo mismo, un completo inadaptado.


Nota fuera de lugar: Hace también unos cuantos años tuve el privilegio de andar por territorios mayas, a los que ansío volver. Recuerdo a un niño, que pretendía una propina a cambio de una naranja en la puerta de un cenote, en medio de la selva, un lugar absolutamente maravilloso, al que accedí colgado de una soga. Estábamos en medio de “la nada” en términos occidentales. Producido el intercambio de rigor, aspecto indispensable, le pregunté qué era lo que más deseaba. Me respondió, con su vocecita y un acento entre el español hablado por nuestros hermanos mexicanos y vaya uno a saber que otro dialecto o lengua para mí desconocida, algo que aún hoy da vueltas por mi cabezota: “yo quiero ser mozo en un bar de Cancún”. ¿Algo que agregar? Sí, me dolió el destino.

Homenaje a mi madre (II)

INOCENCIA

Piensa el intelecto,
la razón hilvana
junto al sentimiento,
diferentes credos.
A punta de espada
o tiro de revólver,
de acuerdo a los tiempos,
los defiende el hombre.
Mientras que los niños del mundo,
indefensos,
juegan en las playas
a hacer hoyos en la arena
para llenarlos de mar.


LIBERTAD

Deja que parta el verano
que crezca en tormenta el viento
porque cuando el sol se ausenta,
sustituido por la niebla,
el cielo permanece.
Todo es mudable circunstancia
y tú eres el orfebre de ti,
creador en libertad
de felicidad o muerte.
Cada mañana la flor crece
a un orden obediente
y continua lo establecido.
Pero tú eres el orfebre
que niegas o afirmas libremente.
Tú que no sabes nada
de tí mismo, pobre mortal.

Carmen Arjonilla; Ediciones Rondas; Barcelona, 1978.

29/11/09

No te acostumbres, por favor



Acoto: él o ella no dejaron el banco de la escuela para ir a trabajar. Uno mató por veinte pesos y un teléfono móvil. La otra hace rato que es víctima de la trata de blancas, sujeto de la violación. Ambos le dan al paco o lo que sea. O no, por ahí tienen "un plan" y hacen piquetes a medida de los punteros de ocasión. Quizás sólo se limitan a romperse el alma haciendo lo que puedan porque todavía tienen sentido de la dignidad, esa que parece ser no da réditos.

28/11/09

Divagando un poco, es sábado.

Urbano VIII fue nombrado pontífice de Roma en condiciones algo azarosas, luego de la muerte de Gregorio XV. El Papa Barberini, nacido en Florencia en el seno de una familia noble, fue enviado a Roma por su madre luego de fallecer su padre, quedando a cargo de su tío Francesco Barberini, alto funcionario de la corte papal. En realidad en el cónclave no había acuerdo entre franceses y españoles; las cosas venían empatadas y no por el Barberini, toda vez que la lucha era otra, hasta que una amenza de peste hizo que los protagonistas "apuraran el trámite" y, decisiones tomadas, pusieran pies en polvorosa. La vida te da sorpresas...

Urbano es un nombre de origen latino, “Urbanus”, algo así como “quien es de la ciudad” o “el que es un ciudadano”. Es decir que, en términos de la cultura de la vieja Roma, un Urbano no era cualquier cosa. Era un ciudadano, nada menos. Y si no lo era, estaba el deseo de sus padres que lo fuera. Recuerden: S.P.Q.R.

Un ciudadano de Roma era algo importante, concepto que –admitámoslo- en estos días está bastante depreciado en nuestros pagos; ser un ciudadano en la Argentina de hoy es algo así como ser el último orejón del tarro, ya que se pretende que seamos borregos funcionales a sistemas decididamente agotados. Y tanto es así que (y pido perdón a quienes visitan este sitio y no habitan nuestras contradictorias tierras) vemos cotidianamente una publicidad de un banco oficial que promueve asumir una conducta borreguil para acceder a créditos supuestamente accesibles y ventajosos (que no lo son) para la gente que necesita tener su vivienda. Es el colmo. Parece ser que a los “creativos” publicitarios (y sus mecenas, los funcionarios de turno) no les basta con que sean millones quienes no tienen un techo, sino que descaradamente transmiten el siguiente mensaje: "sé una oveja obediente; sé un trucho; disimulá, boludo y comenzá a bajarte los lienzos. Yo soy un langa que habla con la papa en la boca y vos un salamín que labura, gilún." Lo patético es que los giles vamos.

Volviendo al amigo Urbano VIII, y digresiones pasionales (posiblemente inconducentes) al margen, podríamos decir que algún honor hizo a su nombre papal. Por lo pronto supo anexar a los territorios papales el condado de Urbino (el de la Venus de Tiziano, nada menos) a partir de la persuasión y sin un solo tiro. Bastó que Francesco María (II) della Rovere se pusiera viejo y le pesaran los pecados que sólo su conciencia habrá sabido, aunque los imaginamos; esos no eran tiempos de medianidades y simulaciones extremas. Cuando se iba a los bifes, ellos eran debidamente degustados.

Tampoco se comportó con demasiada urbanidad, dicho sea de paso. Bien que se ocupó de hacer de las suyas, jugando en un tablero de ajedrez entre los dos poderes católicos de aquel entonces: Francia y España (Portugal agradecido, logró su autonomía). Yo diría, sin ser un conocedor de la historia, que el papa Barberini era un jodido; y encima nepotista. Parecido a varios y curiosos (¿curiosos; qué esperábamos?) líderes de nuestro tiempo que no necesito nombrar, toda vez que los conocemos, sabemos de ellos, aunque no terminamos de decidirnos de una buena vez por todas a asumir nuestra responsabilidad ciudadana y -sobre todo actuar- estableciendo el límite, diciendo "¡basta ya! No te voto y espero que te juzguen por tus pecados, que ya no se lavan con una donación de territorios."

Sin embargo, cosas del poder, el tipo no solo ha quedado en la historia por su reinado pontificio, en todo caso un aspecto historiográfico. Creo que la historia lo galvanizó porque –en su orgullo- pretendió hacer “algo” con Roma. Y, para su suerte y la de ellos mismos, allí estaban nada menos que Carlo Maderno, Borromini y el gran Gian Lorenzo Bernini. Hubo más, pero con estos tres alcanza y sobra.

¿Hace falta refritar la obra de Bernini? ¿Es necesario recordar que Maderno le encontró “la vuelta” al mastodonte de San Pedro y resolvió su fachada final? ¿Podemos dejar pasar las magistrales ilusiones ópticas y el manejo de las curvas de Borromini?


Como era de esperar, Urbano avanzó en la construcción un palacio urbano, nada menos que el Palazzo Barberini. Lo inicia Maderno, Bernini pone su impronta y el moño está a cargo de Borromini, en particular con su escalinata elíptica. Una belleza y un alarde geométrico, al punto de igualar (o superar quizás) las dobles escaleras pensadas por Leonardo, hechas en Fontainebleau siguiendo los deseos de Francisco I, impetuoso rey de Francia.


Estamos en el Barroco Italiano, diría que específicamente el de Roma. Todo empezó a moverse. Curvas, agua y fontanas por todas partes, piazzas, más curvas y una expresiva carnalidad que colma, abruma. Puro dramatismo escénico, excelsa ficción.

Volviendo al palacio, me animo a decir que es –todavía- bastante palladiano (años más tarde las efusividades arquitectónicas explotaron, especialmente las del propio Bernini) como se observa particularmente en la ordenada fachada del edificio, que muestra una tendencia clasicista en vías de mayores libertades. A mi me gusta y mucho, la obra se encuentra en un punto intermedio entre el orden estricto de los maestros del Renacimiento y la voluptuosidad de posteriores exageraciones barrocas y su sucedáneo, el Rococó. Es como el asado: “vuelta y vuelta, cocido, nunca seco o pasado”. Sólo faltaría un buen vino. Y él estuvo.


Pietro da Cortona supo despacharse con un genial fresco, aludiendo a la Divina Providencia, una fuga hacia “el cielo” sólo superada, en mi humilde opinión, por la magistral obra de Andrea Pozzo en la iglesia de San Ignacio.


En fin, no se como llegué aquí. Digamos que es un sábado a la tarde, estoy de sobremesa y las condiciones ambientales dan para el divague. Ergo, divago. Puras asociaciones ilícitas. Sólo eso.

Homenaje a mi madre

93

Si yo fuera de madera
no me estaría quieta.
De noche, despacito, me habría de escapar
hacia un astillero,
para volverme barco flotando en alta mar.
Sería un barco contento
buscando aventuras en los oceanos
gozoso de la libertad.
No le pondría ancla.
Mi barco no se saciaría de inmensidad.
Después, al morir
sus restos flotarían
en la azules aguas del mar.


Carmen Arjonilla; Sentimientos; Nuevas Ediciones Argentinas, Bs. As. 1974.
Mi madre, Carmen, hace ya unos meses que flota alegre en el mar. Es justo que así sea.

26/11/09

Doll Face

Hurgueteando por ahí me encontré (después de unos tres millones de personas, que es lo mismo que decir ¡vaya novedad, Francisquito!), con un inquietante video, una expresión de arte contemporáneo creada por Andrew T. Huang.
Comparto con el visitante desprevenido esta obra y, además, me permito pedir opinión al respecto.



No me voy a hacer el distraido. Tengo un par de opiniones, pero no termino de ordenar las ideas. Dudo. La obra en sí es más que ingeniosa, diría que muy interesante, aunque verla me produce un no se qué, quizás un cierto escalofrío. También están claros (me parece) algunos sentimientos propios de la naturaleza humana. Pero después... ¿qué más? Escucho ofertas.

21/11/09

Palladio

Vicenza es una ciudad hermosa, armoniosa. Está más o menos en la misma latitud que Venecia, a unos 60 Km aproximadamente, hacia el oeste, en la confluencia del río Bacchiglione con su afluente, el Retrone. Más allá, a unos doscientos Km está Milán, paradigma de “la otra Italia”, que aún hoy se siente más cercana al norte, tierra de lombardos. Es la capital de la Provincia del Véneto. Entre lo que podríamos considerar su casco urbano y los alrededores, alberga cerca de doscientas mil almas. Es hoy uno de los polos industriales de la península itálica y una de las capitales mundiales de la joyería en oro. Pero estos datos pasan a ser irrelevantes cuando descubrimos que (por lo que tengo sabido) es seguramente la única ciudad del mundo que, en un lugar privilegiado, la Piazza dei Signore, al lado de la célebre basílica, cerca de la loggia, rinde homenaje a un arquitecto y no a un guerrero, emperador o gran rey. Homenaje un gran arquitecto y, más que eso, un tipo inteligente: Andrea di Pietro della Góndola, es decir Andrea Palladio.

No debe haber arquitecto en el mundo que, de paso por Vicenza, no se haya sacado una fotografía al lado del monumento erigido en homenaje al gran Andrea. No es un tema menor –me parece- que una ciudad rinda su mejor tributo a un hacedor, diseñador y artista. Diría que es un asunto conceptual. Importa más el pensamiento y la obra de un hombre que puso a Vicenza en el mapa, que cualquier gobernante o guerrero, que no han faltado, por cierto. Pregunto: ¿no es esta una demostración de inteligencia social? Y respondo: estoy convencido de la respuesta afirmativa. Cuando uno camina por las calles de Vicenza respira un aire superador, diferente y –sobre todo- sereno, moderado, tan equilibrado como el Renacimiento. Razón, orden, proporción, armonía. No sé ahora, pero cuando me tocó andar por allí me llamó la atención la actitud de la gente del lugar, particularmente serena, moderada, sumamente educada.

Pero no es la ciudad de Vicenza sino Andrea Palladio el motivo de este artículo, un nuevo ejercicio amateur referido a las cosas que a uno le llaman la atención o sencillamente le gustan. Y a mí, la arquitectura palladiana, su revolucionaria historia y las implicancias que sobre casi toda Europa y -ya que estamos- la América Colonial que empezaba a aparecer en el mapa occidental, me interesan. Porque si admiramos la terrabilitá de Miguel Angel y nos sorprendemos ante las fascinantes elucubraciones y progresistas inventos de Leonardo, no podemos pasar por alto al hombre que supo establecer las normas definitivas del clasicismo, haciendo gala de un pragmatismo sorprendente para su tiempo y una interpretación libre e inteligente de los fundamentos estéticos de un tiempo verdaderamente revolucionario: El Renacimiento Italiano. Palladio señaló el camino de la definitiva liberación. Él, el Miguel Angel de los últimos años, Tiziano, Mantegna y algunos más, abrieron las rígidas compuertas del estricto orden renacentista (lo llaman Manierismo), posibilitando la inmediata explosión de uno de los momentos más creativos, contradictorios y humanos de la historia: el Barroco.

Según escuché decir en una clase al Profesor Guido Beltramini (Director del Centro Internazionale dei Studi Andrea Palladio de Vicenza, reciente curador de las muestras que celebraron los quinientos años del natalicio de Andrea), este singular creador tuvo la genial e innovadora idea de publicar sus Cuatro Libros de la Arquitectura (1570), hecho que posibilitó algo entonces impensado: ya no hacía falta ir hasta Roma para “estudiar” el pasado clásico. Hubo un registro sistematizado y una propuesta. A partir de allí, nació la nueva creación. Las cosas ya no pudieron ser iguales. Como tampoco lo fueron a partir de la reformulación de la “Villa Rural” (partido arquitectónico que ya existía en la Antigua Roma), dándole una organización a lo que no era otra cosa que la estancia de la burguesía agropecuaria de la zona, enriquecida por factores económicos de la época y ansiosa por elevar su nivel de vida, ya que dinero no faltaba. La villa Capra (la Rotonda) y tantísimas más, son el mejor ejemplo de lo que hoy es para nosotros un concepto casi natural: la racionalización sistémica.

El asunto es que el amigo Andrea pensó en esto hace quinientos años. Un adelantado. Y no solo eso: terminó siendo el artífice del dique de contención que su mecenas, Trissino, pensó ante lo que entendía como un agobiante avance de los godos, para nada itálicos. La historia está llena de este tipo de situaciones. De pronto hay un ser que cree en otro ser (hasta puede enamorarse del mismo), lo banca y se produce el cambio, la revolución. Los godos terminaron consagrando el clasicismo de Palladio y ni hablar de los galos o los absortos sajones. Game over.

El "arma" (la esencia fue el propio pensamiento de Palladio), no fue otro que los celebérrimos cuatro libros. El primer libro es una suerte de registro ordenado de los antiguos órdenes arquitectónicos, aquellos surgidos en la remota Grecia, luego resignificados por Roma. El tercero y el cuarto son un muy detallado relevamiento de los distintos templos y demás grandes edificios romanos, ya fuera que aún se encontraran en pie o simplemente se tratara de lejanas ruinas. Pero el más importante de todos es el segundo libro en el que nuestro personaje, que empezó su carrera como un simple cantero, hasta encontrar su destino gracias a la generosidad de Giangiorgio Trissino, tiene la brillante idea de exponer sus propias obras pero de un modo particular: ellas no son publicadas como realmente terminaron siendo sino como el arquitecto consideró que debieron ser y digo más, hubo casos en los que lisa y llanamente revisó sus propios diseños. Lo hizo diez años antes de morir, es decir que se tomó su tiempo y su obra editorial fue deliberada, pensando en un destino superior o trascendente.

No siempre, diría que casi nunca, los arquitectos construimos nuestras creaciones como consideramos que deben ser, y eso si las construimos. Hay factores de todo tipo que atraviesan el proceso creativo si consideramos al mismo como un todo que comienza en la génesis de la idea y el resultado final, eso que vemos y habitamos y llamamos edificio. Bien, Palladio comprendió perfectamente que había factores tales como los propios deseos del comitente o simples cuestiones económicas. En otras palabras, demostró una clara practicidad, al punto de ser quizás el primer arquitecto de la historia que diseñaba obras que él no supervisaría personalmente. Hubo un momento en que se construyeron varias villas en forma simultánea, en base a los diseños del arquitecto y sin que este estuviera presente para dirigir los trabajos. Lo que hoy es un hecho repetido y hasta casi natural, nunca había pasado antes. Una conjunción singular: creación y praxis. Sistematización, insisto. Sin embargo, a la hora de manifestar su verdadero pensamiento, procede a publicar los proyectos que pensó eran los más adecuados, más allá de los cambios que la realidad impuso cuando ellos fueron construidos.

Vamos cerrando este desordenado artículo. Iñigo Jones, gran arquitecto inglés entonces escenógrafo de la corte, lleva los cuatro libros a Londres. Replica en alguno de sus diseños lo hecho por el italiano. Luego, Lord Burlington (en realidad Richard Boyle, otro arquitecto) toma la obra de Palladio y diseña numerosos edificios siguiendo los parámetros establecidos por el italiano. En menos de lo que canta un gallo, la Francia –siempre compitiendo con sus “primos” allende el canal- se subsume en el campo del clasicismo, al punto que el gran Luis XIV idea una defensa económica frente al aluvión que se le venía encima gracias a la incipiente Revolución Industrial. Inventa “La Academia” y consagra “Los Estilos”. Frente a la industrialización, artesanía de calidad y cierre de mercados. Nada, cosa de reyes y sonsos, como nuestros gobernantes quienes, para colmo de males, hace rato olvidaron el concepto de calidad.

Luego, no hizo falta el más mínimo esfuerzo para que estas ideas o conceptos estéticos y/o arquitectónicos cruzaran el Atlántico, para instalarse en la América que surgía a pasos agigantados, especialmente en el norte. ¿Debo señalar las características de la arquitectura sureña de los Estados Unidos o la de los más rancios y “fundadores” estados complejamente unidos del norte de América? ¿Les suena Boston y alrededores? En fin, que hay mucha tela para cortar. Acá, en el sur, esperamos hasta el siglo XIX y la historia es distinta, otro día la contamos.

Creo que si alguien le hubiera dicho a Andrea Palladio que iba a armar semejante despelote, no se la creía, por más que su autoestima supo ser poderosa. Terminemos esto, veamos un video. Ciao.

20/11/09

Paz

Un estudiante -Agustín- ahora iniciando el tradicional viaje de egresados de la escuela media, me envió anoche el link a un sitio que sugiero visitar. Se trata de la Playing For Change Fundation, una organización que se dedica a gestionar escuelas de arte y música para niños de distintas comunidades alrededor del mundo. Es imposible que si de arte, música e integración se habla, las cosas resulten mal. Es más, es mucho más facil llevarse bien y poner sólidos cimientos para lo que puede ser la Gran Construcción, esto es una sociedad mejor, superadora y en paz, que andar levantando muros de hormigón destinados tarde o temprano al colapso, dejando las secuelas del daño que producen. Miren sino.

Y hay más. Por ejemplo esto que viene a continuación, con un personaje apasionante, Grandpa Elliot.

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. (Fito Páez)


P.D. Te pasaste, Agustín. Yo les mandé una "murguita" de Juan Carlos Cáceres y vos me tiraste por la cabeza esta maravilla. Muy bueno, amigo.

13/11/09

Sand Animation

Ella se llama Kseniya Simonova. Ha ganado el concurso de talentos (un programa -hoy "formato"- de T.V. que se reproduce en muchos paises, incluida la República Argentina) de Ucrania. Vale la pena ver esto. Es arte.

No puedo dejar de mencionar a mi amigo Miga quien me hizo ver (y conocer) esto que aquí comparto. Amigo, gracias por tu inquieta sensibilidad. Sos un vitivinilo cabal.

9/11/09

Hace veinte años


Tuvieron que pasar 28 años, para que el pueblo alemán derrumbara el oprobioso muro que cercó a la ciudad de Berlín, por decisión del régimen estanilista de la entonces U.R.S.S. Hoy hay allí un gran festejo y creo que está muy bien que así suceda.

Conocí Berlín hace justamente 10 años. Habían pasado otros diez, entonces, de aquel hecho histórico -la caida del muro, el modo en que ocurrió- que quedó grabado en nuestra retinas, al ver las noticias desde aquí, tan lejos... aunque también más cerca de lo que se piensa. Siempre recordé mi asombro frente a tres cosas:

El aire de libertad que se respiraba en esa ciudad. Pocas veces me sentí tan libre y seguro.
El descomunal esfuerzo económico puesto en juego y las asombrosas obras que por doquier se estaban construyendo, regenerando el tejido urbano de una ciudad muchas veces derruida y vuelta a construir. Uno se encontraba ante un "manual viviente" de arquitectura contemporánea. Fue hermoso, al menos para mí, que soy arquitecto.
La marcada diferencia (a pesar de los diez años que ya habían pasado desde la reunificación de Alemania) entre las ciudades del este y el oeste. Todavía hoy, dicen los que por allí anduvieron recientemente, esta distancia subsiste en algunos aspectos, ahora mucho más corta. No es tan facil eliminar definitivamente ciertas cicatrices. El daño se perpetra rápidamente, la cura es muy trabajosa. Se lleva vidas enteras.

Ahora bien, al parecer los seres humanos no hemos aprendido demasiado. Hoy, mientras buena parte del mundo festeja y recuerda la caida del muro de Berlín, siguen tan campantes otros muros que han sido levantados, separando, segregando. ¿Es que se trata de cosas diferentes? No lo creo. Lo peor del caso es que ni siquiera hay cicatrices que curar. Los muros crecen, las heridas están abiertas.


Foto: AFP, tomada de la versión digital del diario La Nación, Buenos Aires, del día de la fecha.

8/11/09

El trabajo te libera

Historias con nombre y apellidoLa odisea de un héroe inesperado

Jorge Fernández Díaz

lanacion.com | Información general | Sábado 7 de noviembre de 2009

5/11/09

Bronces, caballos y demás...

Allí está el emperador, montando su rotundo caballo, dominando desde lo alto de la Piazza del Campidoglio la perspectiva del foro que en su niñez y primera juventud supo pisar César, a modo de nuevo símbolo de la Roma imperial y la papal. Estamos en el siglo dieciséis y nada menos que Bounarroti acometió con el nuevo diseño de este espacio por encomienda del papa Pablo III (Farnesio él), en ocasión de la visita a la ciudad eterna del emperador Carlos I (o Carlos V, es lo mismo, un tipo poderoso sin duda, jefe del imperio en el que no se ponía el sol) consolidando un conjunto arquitectónico asociado a la idea de poder en el mismo sitio que en otros tiempos lo supo ostentar la orgullosa República de Roma, resumida en la sigla SPQR (Senatvs Popvlvs Qve Romanvs). Advirtamos al lector desprevenido que en esos tiempos Roma daba asco y el jefe de la Iglesia de Roma no podía andar pasando papelones ante semejante visitante y muy poco le importaba este asunto del Senado y el Pueblo de aquella ciudad (república) que supo tener más de un millón de habitantes antes de que Cristo naciera.

No cabe duda que la escultura es magnífica y todo un ejemplo, sobre todo técnico (un alarde diría) de la capacidad del viejo imperio. Lo curioso es que el personaje inmortalizado es Marco Aurelio, considerado un filósofo estoico, quien según muchos se comportó moderadamente -en el contexto de su tiempo- a pesar su poder. No creo que germanos, partos, galos y otros bárbaros pensaran lo mismo, pero dejaremos este “pequeño detalle” a los habitantes del Walhalla o quienes se anduvieron por la antiquísima Mesopotamia.

Don Marco emitió numerosas reformas de ley en las que limitaba los abusos de la jurisprudencia civil. Promovió medidas favorables para los esclavos, las viudas y los menores de edad reconociendo las relaciones de sangre en lo que respectaba a la sucesión. Estableció también una división social entre los honestiores y los humiliores ("el más distinguido" y "el menos distinguido", respectivamente) (1). Y digo más, si bien los “novedosos” cristianos no eran todavía admitidos, no se metió demasiado con ellos. La sangre no lo excitaba demasiado y por lo que se cuenta, en el circo prefería no prestar atención a lo que sucedía, leyendo absorto algún texto. Todo lo contrario que su hijo y sucesor, Cómodo Antonino, que estaba más loco que una cabra y no se privó de nada: puro sexo, drogas y rock and roll, sangre incluida. Por suerte para todos nosotros el actor Russell Crowe –ficticio Maximus- se lo deglute al final de la película El Gladiador, aún a costa de su segunda muerte (la primera y más importante ocurrió cuando mataron a su mujer e hija, eso está más que claro), gens en mano. Menos mal que hoy tenemos a Hollywood. Estamos salvados.

Volviendo a esta arquetípica escultura –enchapada en oro, además de estar realizada en el siempre apreciado bronce- es interesante acotar que sobrevivió a la codicia de más de un papa porque se la suponía un homenaje a Constantino, el gran emperador cristiano y no por sus valores artísticos o históricos. Después de todo en tiempos de Marco Aurelio Roma era un ámbito pagano, en tanto despreciable para el pensamiento medieval. Debe admitirse que algunas confusiones del Medioevo resultaron convenientes, al menos en este caso. Cosas de la historia, o de la vida, siempre bañada por los equívocos. Tened paciencia vuestras mercedes, que hacia allí vamos.

Pero estamos en el Renacimiento, decía, y detengo el paso en la ciudad (república) de Venecia, la de la sabia y defensiva decisión de emplazarse sobre el agua; la misma que siempre supo hacer buenos negocios con sus naves. La aparente adversidad del agua fue su fortaleza, la gran barrera defensiva de la ciudad estado. Allí, en il Campo di San Zanipolo, entre el Ospedale y la basílica de San Giovani e Paolo, nos encontramos con la majestuosa escultura de Andrea del Verrochio, estatua ecuestre del condottiero (mercenario, guerrero profesional) Bartolomeo Colleoni, hombre de estirpe longobarda. Venecia siempre supo darse algunos gustos, entre ellos inmortalizar –contra las costumbres de la sociedad veneciana- a un militar a sueldo que no había nacido entre los canales, quien sobre fines de la Edad Media supo prestar sus exitosos servicios bélicos a la ciudad del mítico Marco Polo, en particular los devenidos de los entredichos con la siempre peligrosa y no poco poderosa Milán.

Y si de Milán y el orgulloso jinete del soberbio equino plasmado por Verrochio hablamos, es imposible pasar por alto a Francesco Sforza, quien supo tener bajo su mando al amigo Colleoni (¿cómo, no era que luchaba para Venecia?) y también como hábil adversario en el campo de batalla. Francamente, si se me permite la digresión, no faltan los políticos contemporáneos que cuyas conductas se parecen a las del condottiero, "borocotización" mediante. (2)

Fallecido el gran Francesco, trepa al poder el más que inquieto Ludovico, il Moro, su quinto hijo, quien terminó cayendo bajo la presión del no menos inquieto rey de Francia, asociado a –vaya casualidad- la república de Venecia y el papa Borgia (Alejandro VI) y su célebre brazo ejecutor e hijo, César (¿habrá tenido algo que ver su nombre con el recuerdo de aquel César de la vieja Roma?). Cosas de señores y guerreros. Asuntos de la historia que desde mi punto de vista es bastante borgiana, digamos circular.

Leonardo nunca pudo olvidar las sesenta o setenta toneladas de bronce acopiadas para concretar El Gran Caballo, homenaje ecuestre dedicado al padre de Ludovico. Sobre todo porque se la había pasado diseñando majaderías (hoy se las llamaría “instalaciones” probablemente) aptas para festines y sorprendentes –por lo adelantado de su concepción, ninguna viable en aquellos tiempos, todas hoy una realidad- máquinas de guerra para Ludovico y estaba frente a la oportunidad de realizar la mayor y mejor escultura ecuestre de todos los tiempos. No las olvidó, al fin, porque habiendo realizado el modelo final en arcilla (de unos siete metros de altura, deliberadamente superador de la obra de Verrochio, a la sazón maestro de Leonardo), comenzó la guerra de Milán con la coalición apuntada y allá se fue el bronce, en bombardas y demás artefactos de muerte de aquellas épocas. Para colmo de males, perdida la batalla, los arqueros franceses no tuvieron mejor idea que practicar el tiro al blanco con el modelo de Leonardo (después de todo no se trataba de otra cosa que la exégesis de los Sforza), y literalmente hicieron pomada al modelo, en sí una obra de arte. Casi nada quedó del ambicioso proyecto de Leonardo. Bocetos, algún pequeño ensayo en escala.

Frustrante experiencia para quien siendo -y sintiéndose- un maestro, necesitaba superar todo lo hecho hasta aquel momento. Lo cierto es que no hubo caballo superador de Da Vinci pero sí un traslado a tierras galas, Gioconda bajo el brazo, en el que todavía quedaron fuerzas e ingenio para algunas notables intervenciones (por caso las curiosas escaleras de Fontainebleau), bajo la égida de su nuevo mecenas -el rey Francisco I- quien según se cuenta, lo admiraba a punto de tener al maestro en sus propios brazos a la hora de su muerte. Dato aparte, a modo de cotilleo histórico: da la casualidad que el rey Francisco tuvo como gran rival al citado Carlos I. Lo dicho: un gigantesco embrollo circular. Todo un culebrón.

La figura ecuestre es un tema complejo. El caballo (y no el homenajeado) es lo más difícil, particularmente si de esculturas coladas en bronce hablamos. En fin, no es cuestión de hacer de esto un mamotreto. Baste mencionar que sobran ejemplos de homenajes ecuestres a lo ancho del mundo. Algunos muy buenos y otros, más de lo que uno desearía, mediocres. Muy pocos, quizás ninguno, como los del exquisito Verrochio o el desconocido escultor de la vieja Roma. Eso sí, a los poderosos siempre les ha gustado el bronce y, si es a caballo, mejor. Machismo puro, aunque no está de más adoptar una actitud prudente ante las "amazonas" del nuevo siglo. A mi me asustan, lo confieso. Luego, están los equinos y sus verdaderos jinetes, esos que saben y dificilmente serán plasmados en el bronce.


Pasaron los tiempos, cambiaron algunas costumbres. Los pueblos fuimos al rescate de nuevos héroes (o anti héroes; somos posmodernos) y míticos personajes, bronce mediante. Ya lo dijo Horacio Salas, en su muy recomendable obra El Tango (3), refiriéndose al Zorzal Criollo, Carlos Gardel: “…La sonrisa perenne, indestructible, adquiere tal carácter simbólico que además de acompañarlo como un tic estereotipado en sus fotografías lo acompaña en el monumento que se levanta sobre su tumba en el cementerio de la Chacarita. Cuando uno de sus más fanáticos seguidores lo bautiza “el bronce que sonríe”, por sobre la cursilería de la metáfora está la realidad: Gardel es de bronce.” Se sabe: Gardel cada día canta mejor.

Es Gardel precisamente quien engendra junto al gran Le Pera allá por 1935, a un “…noble potrillo / que justo en la raya / afloja al llegar…” Por una cabeza, tango inmortal, ese que nos cuenta de otras batallas, las de los eternos perdedores. Miserias, arrojos inútiles, éxitos a lo pirro, seguras derrotas. Historias de hipódromo y “burros”. Caballos de noble estirpe tales como Lombardo (vaya casualidad, me acuerdo de los muchachos de Milán, sus guerras y la Lombardía), Yatasto, Lunático, cuyo dueño era justamente el gran Carlitos. Vueltas y más vueltas de la vida, como las de la pista de carreras en la que los nobles equinos ponen todo, sabiamente guiados por diminutos jinetes, livianitos pero corajudos, mientras una multitud es capaz de jugarse todo, absolutamente todo, a cambio de nada o en todo caso, de una ilusión atravesada por la ambición o la desesperación. Igual que la historia de Ludovico quien, como hemos contado, terminó como Tarzán: desnudo y a los gritos. Por una cabeza...

Quien no acabó como el gran Tarzán, por prudente, y para muchos habitantes del Río de la Plata merecedor del bronce, ha sido Ireneo Leguisamo, “Legui” para los allegados y/o fanáticos. Maestro nacido en el Uruguay que ganó su última carrera tan solo a los setenta años, todo un joven. Gran jinete, un caballero y eximio bailarín del Turf, que no montaba al animal sino que formaba equipo con el bicho para hacer de la contienda un tango inmortal. Un tipo sensible, con la percepción necesaria para comprender al noble animal. Quinientos clásicos ganados. Para eso hay que saber hacer las cosas, sin violencias, pacientemente. No siempre sale bien, no es tan sencillo. Dije que Ireneo ha sido un grande o algo por el estilo. ¿Hay quien en este gran Río de la Plata lo ponga en duda?

No conozco de bronces que honren la trayectoria de Leguisamo pero sé, como creo que sabe la mayoría de los argentinos con un mínimo de memoria, de una bebida espirituosa que adoptó su apodo: Legui. Caña quemada Legui, licor que "nació" en honor al "Pulpo" (así le decían los amigos) a base de alcohol, azúcar, hierbas y agua. Se lo llamó “el licor argentino”. Se lo publicitó de extraña manera por medio de un comercial que hizo historia y que, vaya novedad, no transcurría en nuestras húmedas pampas. Un estúpido comercial según mi percepción, tan estúpido como nostros mismos. Miremos.


¿Por qué habrán puesto caballous? Respuesta: pregúntenle a Marco Aurelio, gilunes.

1. Interesante este asunto de los honestiores y los humiliores. No estaría de más profundundizar al respecto
2. Ver, para mayor comprensión de quienes no tienen la suerte de habitar estas hermosas tierras.
AQUÍ.
3. Horacio Salas. El Tango. Emecé Editores S.A. 2004, Buenos Aires.

P.D. Ya que estamos ¿han notado la diferencia de gesto entre Marco Aurelio y el amigo Colleone? Ese palote que el condottiero lleva en su mano intimida.

26/10/09

Evaristo

Hace un rato (gracias al iGoogle, debo admitirlo) me enteré que hoy -26 de octubre- se recuerda a San Evaristo. Este nombre es de origen griego "Eu-aristos", que significa "Aquel que es apropiado para complacer" o "Aquel que es servicial" (gracias iGoogle, again). Fiel a mi costumbre, esa que me lleva a las asociaciones ilícitas, dejé que mi mente divagara por ahí. A poco de hacerlo recordé nada menos que a Evaristo Carriego, el poeta de Palermo. (VER).
Por supuesto que de allí a Jorge Luis Borges, hubo nada más que un paso. Precisamente fue Borges quien escribió un conocido ensayo sobre Carriego.

En fin, se trata de Buenos Aires, el arrabal y su música: El Targo. Música singular e inagotable. Pero a la música la componen los músicos y, si de ellos hablamos, traemos a nuestra memoria a Eduardo Rovira (VER), en mi opinión un gigantesco innovador del tango y excelente músico. Una de sus composiciones más conocidas es justamente "A Evaristo Carriego". Un tangazo que paso a mostrarles en este video. Bailan la pieza Marcela Durán y Carlos Gavito quienes -pienso- logran una puesta muy buena, cargada de sensualidad tanguera sin meterse en exageraciones coreográficas, en general poco felices.



Espero que hayan disfrutado este recorrido inorgánico, asociación ilícita -ya se ha dicho- que no tiene otra intención que hacer honor a los "Eu-aristos" con algo apropiado para complacer...Chan, chan.

P.D. 1: La bailarina definitivamente una dama. "Mata".
P.D.2: El quía, una demostración de la sabiduría humana. Maduro, un "troesma."
P.D.3: No todo es vértigo, juventud y toda la bola. Los años pueden resultar interesantes.

17/10/09

¿Cuándo tomaremos el vino?



Nos mira displicente, casi desafiante, aunque su equilibrio es inestable. El fruto de la vid está haciendo su trabajo. Este dios terrenal, il Bacco de Caravaggio, es un musculoso joven que a pesar del vino, da la impresión de poder incorporarse en cualquier momento y desprenderse del equívoco disfraz que el artista asignó a su modelo, quizás él mismo. Es más, una de sus manos juguetea con el cordón que sujeta la sábana que cubre parcialmente su cuerpo, mostrado lo estrictamente necesario para establecer la fortaleza del personaje. Luego, poco cuesta pensarlo totalmente desnudo y listo para disfrutar los placeres mundanos sin vergüenza alguna.
Pero la imagen, el instante, es clásico. Este dios de rasgos alejados de lo divino se encuentra reclinado como si formara parte de la rutina cotidiana de una de las ricas villas de Pompeya, antes del vómito del Vesubio, aunque en realidad él se encuentra en el palacio romano de un cardenal. Su cabeza es coronada por uvas y hojas de parra. Lo rodean frutas no comestibles (posiblemente una alusión a la fugacidad de las cosas mundanas) y un botellón de un vino aún espumoso, recién servido. La fiesta recién comienza y en ella, el botellón, aparente elemento secundario aunque referencia insustituible, lleva consigo el autorretrato del artista en el destello del juego de luces y sombras que enfatiza lo esférico. (1)



¿En qué quedamos Sr. Michelangelo Merisi? ¿Quién es este ser que nos estás mostrando? ¿Acaso la androginia del sujeto puede interpretarse como atracción de los opuestos, en tanto armonía, propia de lo divino, mientras que Baco -Dios muerto y resucitado- se constituye en el anuncio de la venida y el sacrificio de Cristo, que ofrece el cáliz de la salvación, como esta imagen lo hace? ¿Has hecho una crítica a las contradicciones de tu tiempo? Finalmente, Merisi, ¿quién has sido? Los libros hablan de un tipo complejo, violento, fugitivo, audaz, contradictorio. También de un ser que pudo captar lo divino y traducirlo a lo humano. No es poco, amigo pendenciero.
Pero volvamos a tu Bacco. Manos bastas que sostienen una copa. Biblia y calefón. Cáliz en manos de los descendidos, invitando a sumarse a la fiesta. ¿Y a quién habló Cristo en su sermón de la montaña, sino a los descendidos, los niños, los frágiles? Se impone la pregunta: ¿cuál es la fiesta a la que nos invita este Baco?



Michelangelo Merisi, artista del siglo XVI, genio del Barroco italiano (el más barroco de los barrocos, momento vital y contradictorio) y de todos los tiempos. Tras diez mil (o algo más) años de “civilización” Caravaggio ocupa su sitio entre los elegidos, que no son tantos. Miguel, has sido un grande.

(1) Luego de una trabajo de restauración en el que fueron eliminados barnices y suciedades, se detectó el autorretrato en miniatura de Merisi en el botellón, en lo que se interpreta como un típico juego de "espejos". El artista, al pintar su propio reflejo, manifiesta que allí estuvo para capturar el intante. Interesante ¿no?

15/10/09

Vergonzoso

Anoche, poco después del partido entre las selecciones de fútbol profesional de nuestro país y del Uruguay, en la que el equipo argentino se impuso por un gol de carambola sobre el final del encuentro, logrando su clasificación al campeonato mundial de Sudáfrica, escribí y hasta llegué a publicar por unas horas un furioso post. Que digo, casi lo tacharía de rabioso. Estaba enojado, muy enojado.
Esta mañana, con la cabeza algo más serena y las pasiones aplacadas, opté por eliminar tal publicación por una sencilla razón: sin darme cuenta había caído en la trampa de la irracionalidad, la misma que logró sacarme de las casillas. Y hablo de irracionalidad porque no cabe otro calificativo para las conductas del señor Maradona quien ha demostrado que haber sido un gigantesco jugador de fútbol no significa otra cosa que eso, mientras que el resto va por otros senderos que este sujeto no ha recorrido, habiendo tenido la oportunidad de hacerlo. No le han faltado oportunidades, me parece.
Me da vergüenza que el señor Maradona sea considerado un “ícono” argentino. Para mí no lo es y, además, ya me tiene realmente harto. Las desmedidas y soeces declaraciones formuladas al término del partido, sus desaforadas actitudes y la pésima gestión como organizador de un equipo que se limite a tratar de jugar a la pelota más o menos bien, merecen que sea despedido de inmediato de su cargo de entrenador. Ya está bien, Maradona.

9/10/09

¿Qué es..?

Te invito a ver algo hermoso. Tené la paciencia necesaria y dejá que "baje" el video. No te vas a arrepentir.



Gracias, amigo Luis, por enviarme esta pequeña joya.

7/10/09

Un día (o jugando a escribir II.3)

Una gota de rocío fue la señal para romper la crisálida. Decidió aprovechar intensamente su momento. El prado, pleno de aromas y colores, se rindió ante ella. Voló entre las flores y su aleteo convocó al par. Hubo amor, fecundaron. Su vuelo tomó fuerza y en él transportó el polen generador de vida. Más vida. Exultante abrió sus alas al sol de primavera, todo fue perfecto.
Pero el sol se alejó lentamente, ensimismado. Brillos, aromas y amor se apagaron. Cuentan que un niño oyó su lamento. Cansada, sintió la inmensidad de la existencia y pensó en lo efímero. Luego murió.

Son cien palabras. Ni más ni menos. Un juego que aprendí leyendo a Jeve, que ignoraba, interesante por cierto. Pero hubo, en este caso, mucho más que cien palabras. Jeve, Horacio, Lucas (y su notable carta), algún amigo de a pié y "de la zona", expusieron sus puntos de vista, enriquecieron el juego. Me gusta jugar, decididamente me encanta. Cuando nos comunicamos multiplicamos la vida. Para quienes no siguen habitualmente este espacio, por favor, lean los post del mes de septiembre. Allí nació esto.

Imagen: Mariposas a lunares. Acrílico sobre lienzo. Copyright © 2005 Chris Bytebier. Esta imagen se reproduce sin fines comerciales y al solo efecto de su difusión.

5/10/09

Mercedes (II)

Pensé -luego del impacto (y pena) que su desaparición física me produjo- en escribir algunas reflexiones respecto de Mercedes Sosa y el significado que encuentro en su vida y obra. Sin embargo, recorriendo los diarios del día de la fecha, he dado con el artículo que propongo leer. Lo comparto plenamente y excede todo comentario de mi parte, más allá de alguna anécdota personal que no viene a cuento.

Qué simboliza "la Negra"

Por Alejandro Grimson

lanacion.com Espectáculos Lunes 5 de octubre de 2009

4/10/09

Mercedes

La noticia ha dado la vuelta al mundo. Mercedes Sosa ha fallecido en la madrugada. La Argentina, el pueblo argentino está de luto. Y digo bien, es el pueblo quien ya la extraña porque ella es una genuina expresión de la cultura popular: su voz mágica y las músicas que supo interpretar como nadie, le pertenecen al pueblo, o los pueblos.
Se nos fue Mercedes y no seremos pocos quienes la vamos a extrañar. Pero aquí nos queda su obra. Ella seguirá cantando por ahí, como lo hizo siempre. Hasta siempre Negra querida.

2/10/09

Belleza (Jokerman)

Miguel -amigo vitivinilo- señaló esta obra, que paso a compartir. Percibo belleza. No podría ser de otro modo. ¿Cómo se conjugarían sino la poesía de Dylan, la voz de Caetano y el alma de Brasil, allí, bien presente? Miguel habló de remanso. Es más que eso, amigo, es mucho más.



Gracias, Miguel.

Filosofando

Juan Ramón Carrasco es actualmente el DT del club River Plate, del Uruguay. Antes de dedicarse a esta profesión tuvo una dilatada y destacada carrera como jugador en varios equipos uruguayos, de América (incluyendo al River Plate -el del grato nombre- porteño y La Academia de Avellaneda), y Europa. Además integró en varias oportunidades la selección nacional de su país. (Ver Aquí)
Pero lo que pocos sabíamos hasta hace poco es que, además, parece haberse convertido en un filósofo de la globa. Observen sino esta alegoría motivadora de players del amor, ya no futbolistas.



No le fue tan mal. Sus muchachos ganaron aunque, en el resumen del partido, no se observe demasiado amor que digamos toda vez que los esclarecidos jugadores (de ambos equipos) no escatimaron patadas a la hora de los bifes.
Vaca, pasto, toro, red. El toro se monta a la vaca... Es muy complicado Ramón. Los muchachos no pueden con todo, los vas a estresar.

28/9/09

Ley de Medios (enfoque jurídico)

Federico es un joven abogado y, en mi opinión, un tipo inteligente. Además -aspecto más importante aún- tiene lo que parece faltarle a unos cuantos no tan jóvenes: conciencia cívica. Si esto no bastase, es menester confesar que compartimos varios amores que ahora no vienen al caso.
Acabo de leer un post publicado hoy en su blog referido a la denominada "Ley de Medios". Sugiero su lectura. Ir a este sitio.

Más arte

Me parece que esta nota merece ser compartida. Sobre todo si te gustan las artes visuales.

Recorrer galerías de arte con sólo un clic

Un sitio español recrea en 3D salas de casi 1300 artistas, 264 de ellos argentinos; Redgalería, dirigida por Santiago Bengolea, es el primer proyecto similar en el país

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lanacion.com Estilo de Vida Lunes 28 de setiembre de 2009

Juegos y palabras (o la mariposita)

Todo comenzó como un juego. Apenas un breve ejercicio que conocí recorriendo y disfrutando el blog de Jeve y Ruma, Palabras como nubes. Así fue como hizo su irrupción en este espacio nuestra mariposa. Como también los comentarios de Jeve y Horacio. Luego, Lucas -"amigo de la zona"- me envió ayer un hermoso correo al respecto que, con su permiso, comparto con ustedes. Vale la pena, según creo. Vamos con los comentarios de Lucas:

Lo que es maravilloso es que una palabra cambie el sentido del texto. Y es extraordinario también el poder de la palabra. Porque ¿qué es al fin y al cabo la palabra? Unos signos que para el 90 % de la humanidad no tienen sentido alguno, impresos sobre un plano, sin belleza ni color, ni armonía. Refieren a un código que inventamos para entendernos lo que las convierte en una simple convención. Y las palabras convención y convencional tienen mala prensa entre los artistas.

Pero vayamos a la frase y al cambio sutilísimo que surge al cambiar una palabra. No. No es sólo una palabra; es todo el sentido de la contemplación. Primero, no es lo mismo "y todo fue perfecto", que da la imagen de una consecuencia -con la partícula "y"- y de algo terminado, al usar el pretérito indefinido. En cambio al decir "todo era perfecto" uno estima que "era", es decir que es algo que está fluyendo, que no está termindo, para ella, para la mariposa; a mí personalmente me gusta más el pretérito imperfecto que me parece más adecuado a la levedad de toda la frase.

Pero más aún cambia todo al aparecer un niño. Un niño, en cualquier frase, texto, libro, documento o enciclopedia, cambia todo. Y el niño también es pequeño, leve, frágil, y sus ideas y sentimientos suelen ser también efímeras. Pero no sólo es además ese niño ni siquiera tiene existencia real. "Cuentan que oyó su lamento", no es seguro, es algo que pudo ser o no ser, pero hace a la esencia del problema. Nada es igual si un niño oye su lamento o si no lo oye. Y no es lo mismo pensar en la inmensidad de la existencia que pensar en lo efímero. De hecho ambos son conceptos extremos aunque en pocos casos como éste uno se tienta de pensar que los extremos se tocan y que cada vez que uno piensa en lo inmenso no puede dejar de pensar en lo efímero. Y esto me lleva, aunque no tenga nada que ver, a pensar en las más famosas "últimas palabras" de nuestros próceres (vaya, mariposita... a dónde nos has llevado!...). Voy a tomar tres casos: Moreno ("Viva la Patria aunque yo perezca"), Belgrano ("Ay, Patria mía") y San Martín ("Es la tormenta que llega al puerto"). En el primer caso, con la revolución aún en pañales, don Mariano evoca lo Sagrado, lo inmenso, lo que abarca todo -la Patria- y lo confronta con lo que es secundario, menor, individual -su vida-; Belgrano, mucho más humilde y algo más sensible que el joven jacobino, también piensa en la Patria pero se limita a sufrir por ella; no se siente tan importante como para poner su muerte como referencia, ni siquiera hace mención a ella sino sólo a los pesares que le esperan a esa construcción a la que había ofrecido su vida y que algunos, vagamente, llamaban "patria". Y San Martín, que murió muchos años después y que fue el único que pudo ver, mal que bien, su empresa terminada, piensa en las dos cosas; en la inmensidad de la vida, representada por la tormenta, y en la sabiduría de la naturaleza que la hizo efímera, porque la muerte es el puerto al que todos llegaremos y en el que descansaremos porque allí no llega el rumor de la tempestad.

O sea que en nuestro caso, (y para no pasar por una de esas mariposas no comprometidas con la historia, que las hay) la mariposita podría haber pensado en cualquiera de las dos cosas. Pero de nuevo el niño cambia todo: si por algún motivo tomó conciencia de que éste había escuchado su lamento, puede pensarse que sintió cierta tristeza al morir y habrá pensado en lo efímero, en lo que se acaba, en una despedida, y las despedidas siempre tienen un dejo de tristeza, como lo tiene la conciencia de lo efímero. Ahora, si el niño no estaba, a la chiquitina le faltaba ese punto de anclaje con la vida que continuaba; sin el niño, la naturaleza eran las plantas, las flores, acaso el canto de los pájaros, y esa vida menuda de las criaturas más leves de la Creación, es la que no se apaga con la muerte. Los poetas juegan mucho con la idea de que nuestro cuerpo vuelve a la tierra para convertirse algún día en árbol o en flor, y en ese caso, nuestra mariposita filósofa sí podría pensar ingenuamente en la inmensidad de la vida a la que volvería. Después de todo ya había fecundado al par y ya había llevado el polen de una a otra flor; ya había creado vida, y, como Amado Nervo, podía decir:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
Vida, nada me debes, vida, estamos en paz.

Un abrazo, Lucas


Amigos, esto se está poniendo entretenido. Luego, ¿qué duda cabe? Habrá que seguir dando vueltas al asunto. Se impone y llegará "Un día (o jugando a escribir II.3)". Muchas gracias a todos los que andan por aquí, opinando o en silencio. Esto de comunicarnos está fenómeno.