31/7/09

Otra de Prévert

El mal estudiante

Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice no al profesor
está de pié
le hacen preguntas
y le plantean todos los problemas
de pronto se echa a reír
y borra todo
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas
y a pesar de las amenazas del maestro
entre el tole-tole de los niños prodigio
con tizas de colores
sobre el negro pizarrón de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad.


Jacques Prévert. Palabras. Traducción de Juan José Ceselli. Compañía Fabril Editora S.A. Buenos Aires, 1977 (6° Edición).

30/7/09

Distensión

Este asunto de las cuestiones populares o populistas me ha desgastado. La cosa sigue, porque va a seguir, a como sea, así terminemos en Marte... o en la Luna imaginada ¿imaginada?, estudios de Kubrick mediante; en todo caso en la de Valencia.
Ahora propongo un baño de bella distensión: Les Feuilles Mortes (Las hojas muertas, para los hispanohablantes, Autumn Leaves en inglés), poesía de Jacques Prévert y música de Joseph Kosma, en este caso en una de las interpretaciones que más me gustan. Con ustedes Miles Davis y Cannoball Adderley. Jazz, puro jazz. Jazz a más no poder.



Ya que estamos deslizo una confesión, esas que sólo se hacen en la intimidad de la noche. Conservo mi sobado librito editado en 1977 por la Compañía Fabril Editora de Buenos Aires, Palabras (Paroles), de Jacques Prévert. El mismo que supe llevar en el bolsillo interior de mi abrigo o campera, en los tiempos de los sueños y amores imposibles. Lo aquilato, acaricio y amo.
Mientras tanto la gente se mataba estúpidamente. ¿Es loco no? Sí, muy loco. Pero no creo haberme equivocado. Yo me quedé con mi librito. Él y otros más, dieron sentido a las cosas.

Espero disfruten de este instante íntimo que, si no es popular, me importa un pito. Es mío y de los amigos que lo quieran compartir.

Otro si digo: Si quieren más Prévert busquen sus libros. En todo caso vayan a este sitio.

29/7/09

Jugando con el diccionario (II)

En el post anterior pregunté respecto de la expresión "meterse en camisa de once varas" que, dicho sea de paso, es una expresión popular que no ha nacido en estas tierras sino en la Península Ibérica.
Juan, mi cuñado, español él y un tipazo, me envió este correo:

"Querido Francisco:

Esto para que conste que antes de que se descubrieran esas tierras de las que tanto me pondera Lola y de las que yo mismo he podido comprobar su gran humanidad, te transcribo lo siguiente respecto a eso de jugando con el diccionario.

Meterse en camisa de once varas: Meterse en asuntos que a uno no le van ni le vienen.

Parece averiguado que esta expresión tiene su origen en la ceremonia que se hacía en la Edad Media para adoptar a uno como hijo, consistente en que el padre adoptante metía al adoptado por la manga, muy holgada, de una camisa, y lo sacaba por el cabezón o cuello de ésta, hecho lo cual le daba un fuerte beso en la frente.
Así lo hizo –según cuentan- doña Sancha Velázquez para adoptar como hijo legítimo y heredero de sus estados al llamado Mudarra González, que había de ser, andando el tiempo, el vengador de sus siete hermanos, los siete infantes de Lara.
Sucedía, a veces, que salían mal estas adopciones, y, por lo tanto, se aconsejaba al que trataba que lo adoptasen que no se metiera en camisa de once varas, es decir, que no se dejase adoptar por otro.
De esta ceremonia de adopción nació el refrán hijo ajeno, mételo por la manga y salirse ha por el seno, y las expresiones Éntrale por la manga y sácale por el cabezón y Metedlo por la bocamanga y salirse os ha por el cabezón.
Según J. Ribeiro (Frazes feitas), en portugués, meter-se em camiza de once varas significa correr y afrontar gran peligro. Alude al “coco” para amedrentar a las criaturas. Once es número indefinido, que significa “muchas”, para dar a entender que se trata de una camisa muy larga.
Bueno confío en que esto no te lo aclare para siempre, pero sí durante un buen tiempo."

Bien, querido Juan y amigos de este blog. Parece ser que el asunto ha quedado debidamente aclarado. Va de suyo agregar que la citada Lola, no es otra que mi hermana, esposa de Juan, claro está.

Luego, y pasando a los consejos dados por Despejada, anduve hurgando un poco, empezando por la propia referencia que ella indica, un texto de M. Bajtin, "La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento:El contexto de Francois Rabelais." Vale la pena leerlo. Aquí transcribo una parte que creo importante.

"...la risa popular y sus formas, constituyen el campo menos estudiado de la creación popular. La concepción estrecha del carácter popular y del folklore nacida en la época pre-romántica y rematada esencialmente por Herder y los románticos, excluye casi por completo la cultura específica de la plaza pública y también el humor popular en toda la riqueza de sus manifestaciones. Ni siquiera posteriormente los especialistas del folklore y la historia literaria han considerado el humor del pueblo en la plaza pública como un objeto digno de estudio desde el punto de vista cultural, histórico, folklórico o literario. Entre las numerosas investigaciones científicas consagradas a los ritos, los mitos y las obras populares, líricas y épicas, la risa no ocupa sino un lugar modesto. Incluso en esas condiciones, la naturaleza específica de la risa popular aparece totalmente deformada porque se le aplican ideas y nociones que le son ajenas pues pertenecen verdaderamente al dominio de la cultura y la estética burguesa contemporáneas. Esto nos permite afirmar, sin exageración, que la profunda originalidad de la antigua cultura cómica popular no nos ha sido revelada.

Sin embargo, su amplitud e importancia eran considerables en la Edad Media y en el Renacimiento. El mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa se oponía a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal de la época. Dentro de su diversidad, estas formas y manifestaciones -las fiestas públicas carnavalescas, los ritos y cultos cómicos, los bufones y "bobos", gigantes, enanos y monstruos, payasos de diversos estilos y categorías, la literatura paródica, vasta y multiforme, etc., poseen una unidad de estilo y constituyen partes y zonas únicas e indivisibles de la cultura cómica popular, principalmente de la cultura carnavalesca.
Las múltiples manifestaciones de esta cultura pueden subdividirse en tres grandes categorías:

1) Formas v rituales del espectáculo (festejos carnavalescos, obras cómicas representadas en las plazas públicas, etc.);

2) Obras cómicas verbales (incluso las parodias) de diversa naturaleza: orales y escritas, en latín o en lengua vulgar;

3) Diversas formas y tipos del vocabulario familiar y grosero (insultos, juramentos, lemas populares, etc.).

Estas tres categorías, que reflejan en su heterogeneidad un mismo aspecto cómico del mundo, están estrechamente interrelacionadas y se combinan entre sí."


Me someto a prueba y hago, según mi conocida predilección por las asociaciones ilícitas, un loop rocambolesco, pasando a nuestros días a través del siguiente ejemplo (1). Veamos.



Preguntita obvia y "picarona" para el cierre de este post: ¿que consideramos popular y qué populista de los contenidos aquí expuestos?

(1) Tomé noticia del vídeo que aquí se muestra (You Tube mediante), recorriendo el blog de mi amigo "Mike", allá por el mes de mayo pasado. Pesto & Malbec.

27/7/09

Jugando con el diccionario.

Supongo que aquellos pacientes y casi heroicos lectores de este blog se han dado cuenta que este sujeto se ha metido en "camisa de once varas" (ya que estamos, ¿qué sería esto de la camisa de once varas? ¿Un corset? Alguien que sepa, que aclare y ayude, por favor), e irresponsablemente se ha zambullido en la comentada no ponencia relacionada con la contradicción "popular Vs. populismo", pantano creativo que mi amigo y maestro Roberto (para los que no saben lo que intento relatar, sugiero recordar esto) se ha prestado a recorrer con este irresponsable, a pura generosidad.
Noten ustedes que estamos realmente en el horno. Nuestros estudiantes han planteado un umbral de exigencia que no es de pacotilla, no podemos andarnos con versos. Hasta hay un afiche y esto no es nada; los muy majaderos se proponen plantar tal aviso en donde se les deje hacerlo. La movida se viene y, si bien no tengo la más mínima idea en que termina la experiencia, estoy seguro que no nos vamos a aburrir. Eso nunca. No estamos para embolarnos, sino para vivir cada segundo de nuestras vidas, que para eso vivimos, por más jovatos que seamos. Que todavía quedan algunos cartuchos por quemar.


Cuando digo, algo jocosamente, que estamos en el horno, no expreso otra cosa que no nos toca perorar refiriéndonos al absuluto de una simple ecuación algebraica, tipo regla de tres simple; nos movemos en las dudas de la física o de su expresión matemática, algo tan complejo y simétrico a la dudas que generan arte, filosofía, sociología o psicología. Es el ser, el Universo. Es la duda, en verdad, lo más importante que nos podría ocurrir. Establezcamos que ni Roberto ni yo estamos para ecuaciones, lo nuestro es la palabra, quizás la música o el conocimiento de ella. Sin embargo la analogía no es inocente. Todo tiene que ver con todo, dijo alguien por ahí. Además, nos permitimos dudar.

Uno (en este caso yo) es un clásico y ante este tipo de dilemas comienza por el principio: va al diccionario. ¿Se acuerdan del diccionario? No está malo, sigue vivo, cada vez más vivo. Veamos algunas definiciones. Creo que son más que interesantes.

POPULAR:
Perteneciente o relativo al pueblo.
Que es acepto y grato al pueblo.

POPULISMO:
Doctrina que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo sin realmente hacerlo.

POPULACHERIA:
Popularidad que se consigue halagando las pasiones de la gente vulgar.

POPULACHERO:
Perteneciente o relativo al populacho.
Propio para adular al populacho, o para ser comprendido y apreciado por él.

POPULACHO: Lo ínfimo de la plebe.

Apuesto veinte veces a la lotería a que estas definiciones remueven más de un avispero. En lo personal me parecen atrapantes las definiciones referidas al "populacho" y sus populacheros. Dan para un tratado, me parece. Pero intentemos concentrarnos en las dos primeras.

Popular, perteneciente o relativo al pueblo. Nada menos.

Populismo, doctrina que pretende defender los intereses del pueblo sin realmente hacerlo. Pregunto, hermanos latinoamericanos y del ancho mundo: ¿suena conocido, no?

Luego, no puedo dejar de pasar por alto el ajustado comentario que Despejada, hizo hace un par de días en este mismo blog (ver Lo popular (III)); estoy en deuda al respecto porque como buen ignorante que soy, debo leer, estudiar, revisar. Sin embargo creo haber comprendido algo más que interesante e inquietante: resulta que la expresión popular podría contener cierto elitismo y es ambivalente. Sinceramente creo que esto ocurre. Quizás este detalle es lo más sabroso de la indigesta comida y el meollo del asunto: la ambivalencia. Me encanta y a la vez desestabiliza tal palabra. Ambivalencia. ¡Que lo parió! Flor de palabra.

Porque no es otra cosa que la ambivalencia (y nuestra propia subjetividad, agrego) lo que determina para cada uno de nosotros (o para cada una de las diversas percepciones que sobre el mismo hecho existen, tantas como las de cada ser que lo percibe), el concepto de lo popular. Un culo de Tinelli (para citar a nuestra inteligente amiga, Despejada) puede ser muy popular o aberrante. Porque el asunto no es Tinelli y su respetable armado comercial, lo popular o no, es el mismísimo culo.

Luego, y bajando un cambio, hay algunas cuestiones que -arbitrarias o no, casuales o no- me parecen efectivamente populares, aunque no necesariamente cotidianas. Un argentino puede no escuchar habitualmente la música que arroja una chacarera, una zamba, una milonga, un blues de Pappo o una cumbia de Los Palmeras. Pero, en el instante en que la oye, sabe que se trata de su tierra. Eso es para mí algo popular. Y lo es porque estas músicas nos pertenecen, son nuestras, como tantas otras cosas.

¿Alguien puede suponer a un andaluz que no se emocione al oir a un cantaor, por más que le importen un pito los gitanos de la bella Andalucía? Respuesta: no, es imposible. Está en su naturaleza, pertenece a su tierra. El lamento del gitano es, entonces, algo realmente popular. Se puede suponer a un uruguayo que, esté donde esté, no vibre con un candombe. De nuevo: no, es imposible. En fin, podría seguir enumerando.

Lo popular, mis queridos amigos y amigas, está en nosotros mismos. Lo popular es aquello que deseamos lo sea, aunque ello conlleve un sesgo eventualmente elitista (¿elitista o subjetivo?). El resto es merchandising o -como la historia nos enseña- oportunismo político. O populismo. Expresiones, facetas, del mismo demonio.

Luego, no puedo evitarlo, retorno a la definición de populacho. "Lo más ínfimo de la plebe". ¿Quienes fabrican (mos) a la "plebe" y, en esta fatídica producción, establecen (mos) que -encima- hay un grado inferior, el de lo más ínfimo? Patético.

Mejor escucharnos un candombe... y ya. Vamos a dormir, que mañana será otro día.

26/7/09

Populismo (I)



¿Alguien tiene algo que decir?

25/7/09

Lo popular (III)

Franz von Stuck (1863-1928), uno más de mis famosos "tocayos", ha sido un artista plástico, pintor él, que en general es vinculado al Jugendstil (Art Nouveau, pero alemán o, si se prefiere, lisa y llanamente Modernismo); o al simbolismo liderado por klimt (1862-1918) y, si hay algo que lo destaca, es no haberse contentado con darle forma a sus obsesiones, convirtiéndolas en obras de arte. Por lo que he podido leer en algún sitio él se impuso la dura misión de remover los ánimos estancados de su época, despertando a la dormida conciencia de sus contemporáneos. Klimt no ha sido tan contundente, aunque también tuvo lo suyo, ya que ha sido lo suficientemente claro.
Alguien, mientras lee esto se preguntará que tiene que ver esta introducción con el título de este post. Pues mucho, estamos hablando de una búsqueda personal y de entrecasa de lo que podríamos definir como "popular". ¿Es que hay algo más popular que el pecado, ese que a todos obsesiona? No lo creo. A ver, vamos por partes.


Este detalle de Judtih con la cabeza de Holofermes, de Gustav Klimt (1901), no hace más que mostrarnos una de las muy interesantes y ornamentadas obras del simbolista por definición que, no por casualidad, tuvo una clara tendencia a representar el desnudo femenino.
Pero, sinceramente, si de pecados e insistencias al respecto hablamos es necesario volver a mi tocayo, Franz. Muchas son sus obras que merodean en torno al tema que se sugiere pero hay una que es célebre. No por casualidad ella se llama, precisamente, Pecado (1891 y posteriores versiones, entre ellas la de 1893, hoy en el Museo Nueva Pinacoteca de Munich, que aquí se reproduce).


Ya pudimos ver a una pletórica Judith con la cabezota de Holofermes bajo su brazo, como si de una cartera de Vuitton se tratara. Volvamos a la inquietante dama que nos presenta Stuck. Acerquémonos un poco y observemos bien.


Caramba, no solo disfrutamos del bello e invitante torso semidesnudo de la dama, que mantiene su rostro en la penunbra. Aparece un bicho muy peligroso: una serpiente. No hace falta que abunde en el significado que puede tener en términos morales o bíblicos esta presencia. Pero el amigo Franz es ambiguo, juega con nosotros. En realidad no terminamos de saber si él pintó a una mujer dispuesta a arrastrar al espectador hacia un abismo de tentaciones carnales, o si se refiere a una hidra de dos cabezas preparada para devorar a quien que, creyendo en su poder seductor, termina convirtiéndose en una envanecida criatura que, animosa, se dirige a un destino de aniquilación. En otras palabras, la típica historia del "macho", esto es un flor de pelotudo, cazador que termina cazado y mal.

Pero no todo es pintura en este mundo (ya que estamos cuento que, al exponer Stuck su cuadro en una vidriera, no faltó quien la destrozara a pedradas, indignado por el mensaje "amoral" que se exponía "impúdicamente"); hay de todo en la viña del Señor. Por ejemplo algunos ritmos musicales (en este caso la Cumbia de origen colombiano, pero en versión de la provincia de Santa Fe, República Argentina) que hablan de exactamente lo mismo, pero en términos algo más concretos, o pragmáticos para ser claros. Ejemplo: Los Palmeras y su "Bombón Asesino".



Está visto que algunas cosas han cambiado. Que yo sepa nadie le ha lanzado un ladrillazo a Los Palmeras, todo lo contrario. La gente paga para escuchar lo que acabamos de escuchar, si es que lo has escuchado.
Y esto no es nada. Ya tenemos a una suerte de Judith siliconada (o la hidra de dos cabezas de mi tocayo, ahora con efectos de luces, humo y demás porquerías del escenario) vivita y coleando (sobre todo esto último), haciendo gala de ser ella misma un "bombón asesino". Miren sino a una tal Ninel Conde.



Bien, esta incongruente y breve exposición requiere de un final, que no me está dado. Yo soy quien duda, busca y pide desesperadamente respuestas. Las preguntas -supongo- son las siguientes:
a) ¿Es posible detectar en lo aquí expuesto una expresión genuinamente popular? Y si así fuera ¿cuál o cuales?
b) ¿Y el populismo? ¿Está aquí presente?
c) ¿Es preferible el "bombon" de la Conde, explícito y solícito o, por el contrario, la siempre inquietante y nunca bien explicada sugerencia de tipos como Klimt o Stuck?
d) Después de tanta exposición e imagen concreta ¿se puede saber a qué puede dedicarse un artista, sino a las cada vez más extrañas "instalaciones", por "innovadoras" que ésta sean?
e) ¿Qué les parece esta pavada?
Las respuestas no son tan sencillas, mis amigos. Así y todo las espero. Sinceramente las deseo... como al bombón, por más asesino que sea.

Lo pupular (II)


Si es menester hablar de lo popular no hay otro inicio que comenzar por las comidas. Se sabe, desde siempre, lo primero es el estómago en razonable calma. Luego viene lo demás.
Supongo que hay muchas expresiones gastronómicas que expresan lo popular. Este mundo es ancho y diverso. Pero, en lo que respecta a nuestra cultura, creo que hay un clásico: el puchero o guiso o, en el peor de los casos, una sopa.
¿Y de qué se trata? Sencillo: uno pone lo que tiene a mano en una olla a fuego lento y a comer se ha dicho.
Luego, curiosa evolución, terminamos con las recetas especiales, todas ellas regionales y desde hace tiempo internacionales, que muchos degustan y disfrutan en restaurantes de alto nivel o en el bodegón de la esquina. O en casa, que es lo mejor.
Es que el fogón, la olla y un misterioso caldo que es el resultado del rejunte de lo que se tiene a mano es, por lo general, algo atávico que por más seres urbanos y evolucionados que nos creamos, atrae y llama imperiosamente, especialmente en las frías noches del invierno. No podemos, a Dios gracias, desprendernos del recuerdo genético y mandato vital de lejanísimos tiempos, los de la tribu reunida en un contexto azaroso, intentando no sólo el alimento sino la construcción social. Nada menos.

Recetas hay miles. Todo pasa por incorporar algo que “llene” (papas, garbanzos, lentejas, lo que fuese), descartes de lo inaccesible (carnes), los vegetales que se encuentren cercanos o a la mano y, obviamente, sal y especies. Por estas últimas hubo más de una guerra en el pasado. No es lo mismo la comida con pimienta o sin ella, por dar un ejemplo.

Vamos, para concluir esta pavada, con un ejemplo: Potaje de Soja, con Rabo de Cordero y Pie de Cerdo.

Digresión de un obsesivo detallista: “rabo de cordero y pie de cerdo”. No sé si queda claro el punto.

Debemos contar con 200 gramos de soja verde. Nueva digresión (pido disculpas), esta local y de coyuntura. ¿La Presidente Cris que diría al respecto, retenciones a la soja mediante? En fin... sigamos.

A los 200 g de soja verde debemos agregar un rabo de cordero (si, m’hija, la cola del bicho), un pie de cerdo (para ser claros, las “descartables” pezuñas), un hueso de espinazo salado (hueso, espinazo y salado… ¿les suena esto de lo salado, cuando no había “cadena de frío” y de los animales apenas los huesos, toda vez que la carne era de otros? ¿Esto es sólo cuestión de pasado o el asunto se nos presenta hoy descarnadamente?); una zanahoria (no es cuestión de despilfarrar vegetales de la gama de los “difíciles”), cebollas, papas (aquí no hay límites, más que los del sentido común; cebollas y papas abundaron siempre y sobre todo llenan los estómagos), tres o cuatro dientes ajo (maravilloso y eterno ajo), un litro y medio o dos de agua (hay que hacer un buen caldo), cuatro –al menos- cucharadas de aceite de oliva (que siempre estuvo), y sal (eterna sal y que se embromen los que sufren de hipertensión, ya que vamos por el salario).

Esto ha sido solo un ejemplo. Como decíamos hay muchísimos más. Intuyo que cada uno de nosotros tiene “su receta familiar”, que es lo mismo que decir que hay tantos guisados como seres en el mundo, olla más olla menos.

Concluyo con una pregunta: ¿quién se come el rabo del cordero? Respuesta: quien tiene hambre.

Lo popular (I)

Arranca una serie que nace a partir de un compromiso cercano que tenemos por delante mi maestro y amigo Roberto Santana, y este ignoto "blogger".
El dilema (nada nuevo, por cierto, pero siempre sujeto a interpretaciones diversas) es el siguiente: ¿Qué es lo popular y qué lo populista? Flor de pregunta, me parece. Luego, se supone que mi maestro y yo debemos realizar lo que seguramente será una "no ponencia", en un encuentro que organizan nuestros estudiantes, en el contexto de la carrera de Gestión Socio Cultural. Ergo: "...Huston, tenemos un problema..."
Empiezo (supongamos un precalentamiento, a ver si me cae una idea), ahora, con lo que considero popular. Y lo hago con un maestro, Don Ata.



Digo: ¿Es posible agregar una sola palabra a tal mensaje? Respondo: no, absolutamente no.

D'ont let my down



Sin palabras.

24/7/09

Amanecer

¿Por qué nos inquieta la noche si a ella sigue el amanecer? La noche es desplazada por la aurora, cuando la oscuridad y los misterios van dejando paso a la luz. Y también a los sonidos de la vida. Ellos anuncian, tímidos al principio, luego cada vez más seguros, caracterizando la transición. Sonidos que obviamente no son siempre los mismos, en cada sitio se diferencian. Hay matices.

No estoy pensando en este momento en la extraordinaria variedad sonora que nos regala la Naturaleza, particularmente a la hora en que sus seres diurnos comienzan a despertar y los que habitan la noche se retiran, prudentes. Pienso hoy en la construcción –sujeta a revisión- que se nos ha ocurrido a los seres humanos para organizar nuestra convivencia, la ciudad.

Cada pueblo, tiene su tempo particular. Sus sonidos le pertenecen. Luego, para que las cosas tengan más sabor y deleite, cada cual, en el contexto de su propio sonar, tiene una partitura para cada día de la semana. También tuvo un repertorio distinto en cada momento de su historia. Los sonidos de hoy no son los de hace unas décadas, menos aún los más lejanos, que apenas podemos inferir a través de la lectura de pasadas ficciones, la apreciación artística o el relato histórico. A éstos los imaginamos, los otros forman parte de nuestros recuerdos. El hoy se escucha, aunque no siempre se oiga.

Es perturbador amanecer en un pueblo que nos es desconocido, cuando se ha hecho un alto en el camino en el transcurso de un viaje por la carretera. Todo nos suena diferente y hay allí un instante en el que sentimos que algo se ha detenido en el tiempo y nos encontramos atrapados en una inexplicable burbuja. Estamos escuchando, no oímos, desconocemos. No pertenecemos. Luego recordamos nuestro periplo y, cosa curiosa, generalmente dejamos de prestar atención a lo que escuchamos para referenciarnos en los sonidos de nuestro lugar de origen o aquellos que suponemos (o conocemos) del punto al que nos dirigimos.

Hablaba de una partitura para cada día de la semana. En efecto, no suenan igual los amaneceres cansinos y resignados de los lunes que los teñidos de optimismo de un viernes, cuando la ciudad saborea de antemano el fin de semana. Luego, éste, siempre es particular. El domingo es el día de las grandes definiciones y el que registra juergas y desgracias, amores y desamores, cuando todos ellos ya ocurrieron y se han ido a descansar.

He podido conocer algunos amaneceres. Me gustaría acceder a otros, los que sólo imagino a la distancia. De los vividos opto por los mágicos albores de un domingo en el llamado micro centro o “dawn town” de Buenos Aires. Momento en el que reina el silencio que contrasta con el brutal ruido de la semana.

Las calles están desiertas, los imponentes edificios que cobijan un alocado hormiguero humano de lunes a viernes, son intuidos al trasluz de la aurora. Todo se ha detenido. La ciudad se anima a mostrar la belleza que contiene, ella sola, sin ruidos y sin gente. Ella es y vive aún sin nosotros o, mejor dicho, a partir de los otros. Esos otros que nadie considera, pero que están.

Suenan y son oídas las campanas de campanarios y torres coronados de hermosas cúpulas, revolotean a su antojo las palomas, ruedan hojas sueltas de algún diario que nadie ha retirado y que persiste en su mensaje de papel. Hasta se oye el latir imperceptible del corazón de los semáforos, ese que los condena a un eterno juego sin final: rojo, amarillo, verde… Se escucha la respiración de los que no duermen. Sus pasos. Los recuerdos que aún quedan. Las esperanzas que nunca se abandonan.

Me quedo con el mejor sonido: el del silencio, ese que define todo.

20/7/09

20 de Julio

Un 20 de julio el hombre llegó a la luna, estuviesen trucadas o no las imágenes que millones seguimos por T.V. conteniendo el aliento.
Por iniciativa de un argentino se estableció (al menos aquí) que hoy es el Día del Amigo.
No faltan los que, también en la Argentina, insisten en que este día -el del amigo- debería ser el 19, en honor al gran Negro Fontanarrosa. El Negro no merece este tonto manoseo. El ha sido un grande.
Pero nadie recuerda un detalle, que es el que deseo destacar. Un 20 de julio falleció Juan Carlos Altavista, un gran actor argentino que creó e inmortalizó un personaje único: Minguito Tinguitella. Yo me quedo con Minguito.



Un poquito más, junto a otro grande, el Gordo Porcel.



Luego, amigos, mi fraternal abrazo en este día, el de los amigos. ¿Y la luna? Bueno, ya lo dijo León Felipe: "para que no se la robaran en un pozo la guardaron".

19/7/09

Sugerencia de Guido

Ey profe como va (...) ya que me manda "una musiquita", me tome el atrevimiento de reponderle mandándole otra... El video es de Kiko Loureiro, el guitarrista de una banda muy importante de heavy metal brasilera mundialmente conocida... el tema del video es de un cd solista de él, y no es heavy.
Escuchelo es un excelente músico no se puede creer las cosas que hace. El video empieza como al minuto y cuarenta, lo anterior ni idea que es...
chauu!!


Guido, que conoce muy bien lo que es una guitarra, ex durmiente de las 08:00 A.M. me envió, vía mail, este aporte. Lo hago público porque Guido tiene razón, Kiko derrite la guitarra. Y además, este tema no es heavy, diría que es muy jazzero, quizás una especie de jazz rock. En realidad no importa nada de nada, es buena música.



Muchas gracias Guido. Ahora sé más: conozco a Kiko Loureiro. Luego, un detalle. Lo del principio es la tanda publicitaria de la TV. Descolgate un poco o, dicho de otro modo: colgado sí, recolgado... no lo aconsejo.

Francisco, ya no "el Profe".

18/7/09

Comprender, aceptar, convivir

Lunes, 08:00 A.M. La muchachada adolescente presenta una peligrosa tendencia a seguir al pie de la letra la Ley de la Gravedad derrumbando su humanidad sobre los pupitres escolares, por más que estos se hayan diseñado -mal, por cierto- para que la posición de los usuarios se acerque a lo vertical. No hay caso, ha pasado un fin de semana y los sujetos están pagando las experiencias juveniles del mismo, casi siempre extendidas al límite y un poco más allá también.
En otras palabras, están naturalmente cansados antes de empezar con la rutina escolar de la semana y si no lo estuvieran es lo mismo: ellos están creciendo, que no es poco. Suelo decir que un adolescente durmiendo es algo así como un acumulador de energía, puro futuro.
Frente al grupo, en el otro rincón del ring side, el profesor. El también trae consigo los resabios y resacas del fin de semana. Es humano, imperfecto.
En este caso no cabe la excusa del sueño y si así fuera, aquí no habría un proceso de acumulación energética sino más bien un prudente ahorro cuasi ecológico de las energías no renovables o eventualmente un ejercicio de flotación imperfecta, figura asimilable al concepto trascendente de hacer la plancha.
Así y todo el enseñante es consciente de su rol, un cabeza dura obsesivo, y pretende dar la clase que ha sido programada, pase lo que pase. El asunto no se presenta fácil, pero no imposible. El tipo toma aire, elonga un poco, ejecuta un prudente carraspeo (señal indicadora del comienzo de la gesta), y dice: “Buen día mis ilustres estudiantes, ¿qué tal el fin de semana? Hoy vamos a…”
¿Cuál es el tema del día? Pues bien, nada menos que analizar e intentar comprender la génesis y desarrollo del arte moderno y, lo que es peor, convencer a tan aplicado público que esas imágenes extrañas que le son mostradas son reproducciones de obras de arte, qué digo, obras maestras nada menos.
Porque, por decirlo de algún modo, hasta Van Gogh, Gauguin o Cézanne se la bancan, a pesar de las dificultades de comprender a Cézanne y el automático fervor militante por el singular expresionismo de Vincent. Es natural, ya lo dije, son adolescentes. De allí en más comienzan las dudas que, a la hora de Marcel Duchamp, mutan hacia un concreto escepticismo. Ni les cuento las reacciones frente a la obra de Jackson Pollock o Josef Albers y su memorable “Homenaje al Cuadrado”. No es fácil.
Pero no todo es arena en el desierto. Sorprenden Munch, el Kandinsky de la Bauhaus en adelante y regodea Dalí. Lo surreal fascina a los jóvenes -cosa esperable- aunque en el momento no racionalicen profundamente los conceptos no racionales del surrealismo, aspecto paradójico, por cierto.
Inhibe y modera reacciones la exposición del desnudo, aunque sabemos bien que a estas alturas saben muy bien de qué se habla. Es un asunto social, me parece.
Desestabilizan Miró, Modigliani y Henri Matisse. Nacen barreras ante Picasso, Berni, Petorutti y Mondrian. Se relativizan las sopas de Warhol y las obras de Jones o Lichtenstein. Interesan Woodstock y Piazzola. Curiosamente siempre gusta la música de Mozart en simultáneo con las cumbias. Inquieta el Jazz, que es algo nuevo.
Definitivamente no se terminan de capturar las instalaciones contemporáneas y se rechaza que el arte –hoy por hoy- puede ser feo, aunque sobran en el auditorio los piercings, expresiones corporales dark o emo; además de la eterna campera de egresados que pasa a formar parte de la piel de cada discípulo de Morfeo (o estudiante), las zapatillas que dan asco y una suerte de desordenado orden medieval que establece que el mundo sigue girando en torno al sujeto (ellos) y que Galileo era un verdadero hereje.
Así y todo se aprende lo que se debe aprender. O, mejor expresado, se toma debida nota de la existencia de todo lo antes mencionado y más también. Eso es lo que importa. Y no solo eso. Al cabo de un tiempo, año más, año menos, viene lo bueno. Aquello que justifica haber hecho frente a las resacas del fin de semana, insistiendo contra viento y marea, que la clase se daba a como fuera, siempre amigablemente. Aparece la devolución, esta vez desde una juventud algo más madura, laborante o universitaria.
El alma se alimenta. La vida sigue teniendo sentido. Aquellos durmientes superaron al enseñante.

16/7/09

En la medianoche

Acaban de dar las 12 de la noche. Es medianoche en la Argentina. Me proponía publicar un nuevo post en este espacio, mi blogcito. No lo haré, en verdad estoy cansado. Mejor me voy a dormir. Pero no será sin nada. Al buen sueño hay que convocarlo con energía positiva. La música de Winston me energiza, me tranquiliza. En otras palabras: me gusta y se me da la gana de escucharla y compartirla.
Vamos con Marsalis y The Lincoln Center Jazz Orchestra. Muy buenos.



Antes del final, algunas consideraciones, propias de un obsesivo como yo. ¿Notaron que la trompeta de Winston no brilla? Ella suena, él la hace sonar. El brillo exterior de los metales es pura pinta, nunca sustancia.
Luego, para los fanáticos de los tambores, ¿observaron la batería del man que está a cargo de los parches? Miren, no es una batería cualquiera, es como las de antes, me parece.
Finalmente, por lo que se observa en el vídeo esto pasó no hace tanto en Stuttgart, ciudad alemana. Será casualidad o no, pero cuento: el festival de Jazz más descomunal que he vivido ocurrió, precisamente en Alemania, un primero de mayo, por las afueras de Postdam. ¿Jazz y Alemania? Relación extraña, a la distancia.
Epílogo: no me pregunten cómo logré llegar a mi hotelito en Berlín, sin entender nada de nada de la lengua de Goethe. Siempre me quedé con la impresión que fue el Jazz, música del cielo, quien me preservó entre tanta fiesta y derroche de cerveza. O, por ahí, fueron las salchichas de Baviera. Ciao, caros.

14/7/09

Bajando un cambio (o el Bolero de Ravel)

Jorge Donn nació en Buenos Aires el 25 de febrero de 1947. Comenzó a bailar a los cuatro o cinco años. Estudió en la Escuela del Teatro Colón en Buenos Aires. Su maestra era María Fux, nada menos.
En 1963, siendo muy joven, llegaba a Bruselas para trabajar en la compañía de Maurice Bejart y pronto se convirtió en el bailarín principal de la misma. En 1979, interpretó por primera vez El bolero, ballet que fue concebido para ser bailado por una mujer.
Es memorable la interpretación del Bolero que realizó Jorge Donn en el filme Los Unos y Los Otros, del director Claude Lelouch. Dudo que quien haya podido ver aquella película se pueda olvidar de la intervención de este gran bailarín, que tuvo la particularidad de reencontrar el lenguaje de brazos y manos, en una danza dominada en esos tiempos por giros, saltos o otras proezas.
Donn murió de sida el 30 de noviembre de 1992 en Lausanne. Fue homenajeado por muchos coreógrafos: Maurice Bejart, Denys Ganio, Carolyn Carlson, Grazia Galante, entre otros.
No me puedo olvidar de Les uns et les autres (1980), en particular por aquella danza innovadora y sutil de Jorge Donn. Nos dejó pasmados a todos, literalmente pasmados.

Luego Ravel y su Bolero. ¿Puedo yo agregar algo sobre esta música exquisitamente inmortal?

Bajemos un cambio como decimos en la Argentina de hoy, y gocemos un poco de lo que merece ser gozado. Lo demás... seguirá, supongo.

12/7/09

¿Belleza? ¿Fealdad? Es lo mismo

«Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado».


Vemos la imagen exterior del tríptico "El Jardín de las Delicias", de Hieronymus Bosh, artista flamenco que vivió (1450-1516) en los tiempos de la transición entre lo que alguien definió como Edad Media y el Renacimiento, conocido por todos como El Bosco. Digo transición porque una cosa era la Florencia de aquellos tiempos y muy otra los Países Bajos, dominados por entonces por Carlos V y, luego, por su especialísimo hijo, Felipe II.

Esta es una obra que desde hace mucho ha merecido la atención de cientos de pensadores, artistas y comentaristas, hasta los aficionados, como el que escribe esto. Esto sucede con casi todas las obras de este enigmático personaje que algunos piensan como un emisor de un mensaje moral contundente y otros como un pragmático narrador de lo que podríamos denominar como "la naturaleza humana". No faltan quienes encuentran a un alucinado, un maestro de la simbología (simbolistas y surrealistas lo estudiaron y adoraron unos siglos después) o un exégeta del bíblico pecado.

Previo a la apertura de las hojas del tríptico e ir al contenido profundo del mismo o su mensaje, si se quiere, es necesario establecer que lo primero que se nos muestra es ni más ni menos que al mismísimo mundo antes de la creación del hombre. Hay un mundo, un Edén, que está siendo creado (para que no haya dudas al respecto, allí está el Creador con una tiara y una Biblia en sus manos y además, la imagen está coronada en su parte superior con la frase que encabeza este texto) que es casi perfecto. Y digo "casi perfecto" porque todavía falta lo imperfecto, detalle que -entiendo- se corona en el instante mismo en que Dios tuvo la inquietante idea de crearnos a nosotros, los seres humanos, que nos arrogamos ser a su imagen y semejanza. Para que la Creación se perfeccionara fue necesario que se creara lo que por naturaleza es imperfecto. Extraordinaria paradoja.


Hemos abierto las hojas del tríptico y encontramos su mensaje, aunque no terminemos dilucidar definitivamente su esencia profunda, del mismo modo que nunca terminaremos de definir en términos absolutos el concepto de "La Creación". A la izquierda vemos a Adán, Eva y El Creador, en supuesta armonía y naturalmente en la perfección del Edén. Sin embargo allí ya atisbamos algo inquietante. Dios toma la mano de Eva, mientras Adán observa (en mi opinión sin comprender demasiado de qué se trata), en lo que podríamos asumir como una advertencia o, por qué no, un mandato.

Aquí, compañeros, hago una pausa imprescindible. No sugiero sino que me permito "ordenar" que se pongan en contacto con el Museo del Prado (Madrid) que ha tenido la muy inteligente idea de poder observar al detalle algunas de las más importantes obras de su descomunal colección. Insisto, ¡metete en este lugar!. Es necesario ver los detalles.

¿Es que acaso debemos entender que ella es el sujeto del pecado? ¿Y si se trata del objeto del mismo? La historia, salvo contadas excepciones, ha sido escrita por hombres y nadie puede culpar al historiador de justificar sus propias miserias. El es imperfecto al punto tal que fue capaz de matar a Abel, su hermano. ¿No podría Dios estar advirtiendo a Eva que su destino sería aciago y que debería sobreponerse al mismo, luchar por su autonomía y, finalmente, encontrar el equilibrio entre su destino reproductor y su esencia como ser humano, autónomo y libre? ¿Y si a Eva tal advertencia -en la inevitable "juventud" de su condición de recién creada- tal asunto no le pesa demasiado porque especula con la posible ventaja que su condición de eventual objeto pondría en sus manos para ratificar su necesaria presencia?

Como fuera que fuese pasó lo que tenía que pasar. Se vino nuestro mundo. Supongo que Dios, libre albedrío mediante, habrá pensado que que esto no era más que un juego por lo que no cabría otra cosa que ver las alternativas del mismo. En serio, más de una vez he pensado que somos algo así como "Los Sims". Nada más que un divertimento de aquello que no comprendemos.

Vamos al panel del centro, que es la vida terrena o el juego, en la que pasa de todo y no faltan los que no se priven de nada. Todo vale. Es un juego en el que las "reglas" son variables. Equívoco y fascinante juego el de la vida.



Si me han hecho caso (ir al Prado)-insisto en ello- habrán visto en detalle lo que suelo llamar un "catálogo" de la sexualidad humana (la observación es mía), por demás compleja. Que nadie se equivoque, la "fiesta" existe desde siempre. Y lo hace por una sencillísima razón: así se nos ha creado. No hay perfección, hay humanidad. Luego, ella puede ser vivida e interpretada del modo que se prefiera. Los demás seres de la Creación cumplen con una suerte de mandato. Nosotros no. Podemos revisar tal consigna, significarla y resignificarla y, en definitiva, hacer lo que nos plazca. Lo jodido del asunto es que, del mismo modo que se nos ha dado la libertad de hacer con nosotros mismos lo que nos plazca, se nos impuso una conciencia. Ella también es nuestra y por definición variable. Un dilema.

Luego, las consecuencias. ¿El Infierno? Mi respuesta: no, la vida misma o, en todo caso, la pesadilla de vivir contradictoriamente. Aquella Eva, advertida de su compleja existencia o aquel Adán, absorto y sin entender demasiado la sutileza de lo que Dios advertía, pudieron -o no- entender el mensaje. Luego, según hayan sido sus decisiones, la propia vida creará más vida o será una muerte. Ella, la muerte, encuentra rutinaria y hasta burocrática nuestra desaparición física. La muerte, en verdadera plenitud, ocurre en vida. En este caso ella se excita, rejuvenece, abona nuevas generaciones y nuevos equívocos. Esto es una noria. Lo esperanzador, supongo, es que el burro de vez en cuando se empaca.

Disquisiciones de medianoche

Estoy enfrascado en un pequeño conflicto conceptual en el que me he metido que no es otro que ponerse a pensar en la relación entre el concepto de belleza y su necesario complemento, la fealdad. En fin, que estoy metido en un lío del que espero salir airoso ya que, por el momento, estoy muy superficial. Es que el asunto es complejo.

Soy de los que cuando comprenden que se han metido en un farrogoso pantano busca algún cable a tierra que distienda las tensiones. Eso no tiene para mí otro nombre que música.

Pero no es cuestión de apelar a un sano bolero, o algo por el estilo. Estamos hard, así que vamos a los bifes. Propongo escuchar a uno de los mejores bateristas del mundo -Dennis Chambers- con Santana y en tal encuentro, su notable solo de batería en la memorable "Sacrificio Soul". Es espectacular, al punto que el tipo se da el lujo de secarse con una toalla, parar, seguir y siempre (pedales mediante), mantener el tempo. Una bestia. Veamos.



Ahora bien, por más Dennis Chambers que tengamos el gusto de ver y escuchar, me sigo quedando con el pendex del Santana de Woosdtock. Ver de nuevo.

En fin, lo de "pendex" debe ser asumido por los lectores como una natural regresión viejex de uno que andaba en esos años con los pelos largos. Pero, amigos, en la música no hay edades. Es música, sólo música y nada más... como Pappo recitó en alguno de sus blues.

Finalmente, antes de emprender el camino a un reparador sueño de fin de semana, dejando a fealdades y bellezas en el limbo de las ideas que no se terminan de aprehender, hago dos comentarios personales y arbitrarios (en definitiva este es mi espacio y aquí me permito, a veces, sentirme como el Rey Sol, Luis XIV); el primero es obvio: Santana es, ha sido y será un grande. Luego, me derrito cuando escucho un Hammond. Como dirían mis jóvenes estudiantes, es una masa.

11/7/09

Pichuco

Hoy, 11 de julio, se celebra el natalicio de Aníbal Troilo, "Pichuco". En su homenaje este día es para nosotros -los argentinos- el día del bandoneón, ese "fuelle" que vino para quedarse.
No puedo dejar de pasar por alto la fecha y proponer este humilde recuerdo al Bandoneón Mayor de Buenos Aires junto al gran Astor.



Ya que estamos, les sugiero acceder a este sitio. Les va a gustar.

10/7/09

Negro


Considérenme,
Un chico moreno,
Alguna vez dieciséis años,
Alguna vez cinco, alguna vez tres,
Alguna vez nadie,
Ahorita yo.
Más antes de mí
Papá, mamá,
Abuelo, abuela,
Y así yendo 'ta
El primer
Pá.
Deletreando:
De, i, o, ese.

(Una letra mayúscula ahí mismo
Dios
Siendo Misterio.)

Considérenme,
Un chico moreno,
A las ocho en el centro,
A veces trabajando hasta tarde,
Cobrando sobretiempo
Para divertirme,
O ahorrar,
O darle a mi Azuquítar
Para las cosas
Que necesita.

Considérenla
Mi Azuquítar
Ella también trabaja—
No queda otra.
Uno no gana lo suficiente
Para to' lo necesario pa' vivir.
Perdónenme
Por lo que no tengo,
Negro,
Atrapado en una grieta
Que divide al mundo en dos
Desde la China atravesando Alabama
Hasta la avenida Lenox,
Ah Avenida Lenox.

Considérenme,
Los viernes vuela el águila.
Los sábados hay risas, un bar, una cama,
Y los domingos los rezos ponen en síncopa la gloria,
Luego el lunes,
El lunes viene a las ocho,
Pa' trabajar hasta tarde,
Tal vez.

Considérenme,
También
Descendiente del
Misterio.

Considérenme.


Este es un poema de Langston Hughes (1902-1967), poeta afroamericano conocido sobre todo por su vinculaciòn con el llamado Renacimiento de Harlem. En este sitio (ver) no solo es posble encontrar referencias sobre este notable escritor sino que podemos escuchar varios de sus poemas recitados por él mismo, acompañado de la música de Leonard Feather o Charles Mingus. Vale la pena. Escuchen, sino, el poema que acaban de leer haciendo clic aquí. B20. Hago una advertencia: es necesario contar con el reproductor de Real Player que se puede "bajar" gratuitamente desde varios sitios de Internet.

Nota: la traducción aquí publicada de "Considérenme", fue tomada del sitio Web antes indicado. Vale la pena observar la presentación -en paralelo- de los textos originales en inglés y, a su lado, la correspondiente traducción. Buena idea.

La importancia de lo feo (segundo intento)

Carlos Fuentes relata: En la primera escena de Un perro andaluz, un joven español llamado Luis Buñuel fuma serenamente un cigarrillo y saca filo a una navaja contra una correa. Observa el cielo nocturno. Una nube pasajera bisecta la luna. Buñuel separa con los dedos los párpados de una mujer que nos está mirando, y mirando cómo la miramos. Buñuel acerca la navaja al ojo abierto y lo rasga de un solo tajo. La visión se derrama. Las visiones se contagian. (1)

Pasen y vean, con paciencia (por más Internet que tengamos), que esto es para verlo y pensarlo un par de veces.



Si no has tenido la paciencia suficiente como ver las imágenes por vos mismo, te paso un sitio donde encontrarás una información suficiente e interesante al respecto. Ver aquí. Pero insisto, tomate tu tiempo y mirá bien esta obra.

En fin, hagas hecho caso o no a mis sugerencias, cuento algunas sensaciones que se me ocurren cada vez que tomo contacto con esta obra paradigmática del universo no real que expresa la vida profunda de la subconsciencia y va más allá de los límites de la razón, espacio generalmente feo, inquietante, pero absolutamente propio. ¿O acaso no convivimos con nuestros propios fantasmas?

Buñuel mismo dijo que “Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. Un Chien andalou nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí”.

Cuarenta años después, un viejo español llamado Luis Buñuel me dice, escondido en las profundidades del Café Florian, de espaldas al tumulto veraniego de la Plaza San Marcos con sus siniestras palomas, sus torvos turistas alemanes y sus deprimentes orquestas tocando pot-pourris de My Fair Lady y Un homme et une femme que, "...si se le permitiera, el cine sería el ojo de la libertad. Por el momento, podemos dormir tranquilos. La mirada libre del cine está bien dosificada por el conformismo del público y por los intereses comerciales de los productores. El día que el ojo del cine realmente vea y nos permita ver, el mundo estallará en llamas." (2)

No mucho después, muy poco francamente, al parecer los productores consideraron que era comercialmente interesante abrir en algún sentido, sólo en algún sentido, los ojos. Pudimos profundizar -por si hiciera falta- en el conocimiento de algunas pesadillas, esta vez en pantalla grande y en colores. Pudimos ver Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola.

Otra vez te pido la paciencia necesaria. Este film, a diferencia del experimento de Buñuel y su amigo Salvador Dalí, que apenas alcanza los 16 o 17 minutos, dura unas horas y tiene más de una secuencia memorable. Me costó decidir, porque no puedo olvidarme de aquellos helicópteros y el napalm.

Sin embargo me quedo con la que presento. Salvaje en su resolución, deprimente en cuanto a la explícita exposición del sometimiento de los seres humanos marginados o marginales -aún a su pesar- a la "ley del más fuerte" (sometimiento propio de un estado de violencia e ignoracia, tal como una guerra como la de Viet Nam o, si te gusta la actualidad, la de Fuerte Apache o tantos otros sitios de nuestra Argentina y otras tantas partes del mundo) y, a pesar de todo, esperanzadora. Alguno se pudo salvar y otro volver, que es más dificil. Así y todo ya nadie será feliz. Eso no pasa en el mundo surreal... ¿Surreal?



Nota al margen: ¿Notaron ustedes que tanto Buñuel como Coppola seleccionan para parte de sus respectivas obras música de Wagner? Luego, no deja de resultar interesante la presencia del Tango en la obra de Buñuel, que data de 1929. ¿Somos los argentinos un tanto surreales o simplemente es la magia del Tango? Buena pregunta ¿no?

(1) Carlos Fuentes. Actas Surrealistas. Editorial Quadrata, Buenos Aires, 2004.
(2) Ibid.

9/7/09

La Patria


"La Patria, amigos, es un acto perpetuo
Como el perpetuo mundo..." Jorge Luis Borges (1)


Es 9 de Julio, nada menos que el día de nuestra Independencia. Tucumán, año 1916, momento en que "...esos fundadores que cruzaron los desiertos (...) aparentemente sensatos, capaces de citas en latín o francés, estaban guiados por una inexplicable locura, seguramente de raíz ibérica, quijotesca, para transformar el desierto en vida y para enfrentar la globalización de entonces, sancionada en el Congreso de Viena" (2) tuvieron la tentación o el sueño de existir.

La Patria, como bien lo expresó Borges es un acto perpetuo, diría que cotidiano. Los más grandes edificios o construcciones (y los más humildes también) se hicieron de a un ladrillo por vez y como la lógica indica, de abajo hacia arriba, nunca al revés. El amor a la Patria es -o debe ser, creo- un acto cotidiano fundado en nuestras conductas también cotidianas, necesariamente basadas en una ética ciudadana que no siempre abrazamos con suficiente convicción. Hay un decir y un hacer en nosotros que no siempre es convergente, lo que nos hace contradictorios.

Pero la Patria también es el recuerdo de la historia, honrando a quienes tuvieron ese sueño extraordinario, nada menos que el de existir; conmemorando con énfasis nuestras fechas, recordando a nuestros antecesores con amplia comprensión, aprendiendo de sus errores, valorando sus aciertos. Es el respeto por nuestros símbolos patrios, comenzando por nuestra Bandera Nacional. Es nuestro pueblo, somos nosotros. No imagino una Patria para pocos, toda vez que "No se puede concebir la lucha por la democracia y el gobierno del pueblo, sin el pueblo." (3)

Por eso, argentinos, no debemos bajar los brazos ni confundir el profundo sentido de la vida, aquí, en paz y properidad. Simplemente "se trata (...) de restaurar en los hombres de nuestro país la convicción de que pertenecen a una sociedad y que el destino de esa sociedad les pertenece, de manera que pase lo que pase con la Argentina será lo que los argentinos quieran que pase." (4)

Feliz día de la Patria.


(1) Jorge Luis Borges. Obras Completas; El Otro, El Mismo; Oda compuesta en 1966. Buenos Aires, Emecé Editores S.A., 1994.
(2) Abel Posse. La santa Locura de los Argentinos. Buenos Aires, Emecé Editores S.A., 2006.
(3) Raúl Alfonsín. La Cuestión Argentina. Editado clandestinamente, 1981.
(4) Ibid.

La Importancia de lo feo (primer intento)

Hace casi un año atrás publiqué en este espacio un post que se titulaba Los Feos (ver) Allí no hice otra cosa que rescatar (un poco en broma, otro poco en serio) el hecho de que somos normalmente feos, toda vez que la belleza es un aspecto de la cultura que entiendo efímero, diverso, volátil. Así y todo, lo supuestamente bello nos subyuga y es lo deseado, como ya se ha expresado también por aquí no hace demasiado tiempo.

"A lo largo de los siglos, filósofos y artistas han ido proporcionando definiciones de lo bello, y gracias a sus testimonios se ha podido reconstruir una historia de las ideas estéticas a través de los tiempos. No ha ocurrido lo mismo con lo feo, que casi siempre se ha definido por oposición a lo bello y a lo que casi nunca se han dedicado estudios extensos, sino más bien alusiones parentísitcas y marginales. Por consiguiente, si la historia de la belleza puede valerse de una extensa serie de testimonios teóricos (de los que puede deducirse el gusto de una época determinada), la historia de la fealdad por lo general deberá ir a buscar los documentos en las representaciones visuales o verbales de cosas o personas consideradas en cierto modo feas (*)."



Animado por las palabras que inician la obra dirigida por Umberto Eco, Historia de la Fealdad, me animo a afirmar que este concepto, el de la fealdad, nos es imprescindible y no siendo esto suficiente, creo que lo feo se convierte en bello, intervención o interpretación humana mediante. El análisis, entonces, merece ser algo menos banal.

Hace bastante tiempo que mi gran amigo Aristóteles afirmó que "La poesía parece deber su origen, en general, a dos causas, y dos causas naturales. El imitar es connatural al hombre y se manifiesta ello desde su misma infancia -el hombre difiere precisamente de los demás animales en que es muy apto para la imitación y es por medio de ella como adquiere sus primeros conocimientos- y, en segundo lugar, todos los hombres experimentan placer en sus imitaciones. Prueba de ello es lo que pasa en la realidad: nos gusta contemplar la imagen de aquellos seres cuyo original resulta doloroso o triste, reproducida con la mayor exactitud posible; por ejemplo, las formas de los animales más repugnantes o las formas de los cadáveres." (**)


¿Hay acaso algo más doloroso o triste en la cultura cristiana (seamos amplios, podríamos decir que se trata de un eje central de la cultura occidental, guste o no) que la pasión y muerte de Jesucristo? "Para sostener tu fe, Cristo se volvió deforme, aunque eternamente bello..." (***)

Pero no todo es poesía en la construcción humana, normalmente fea, ocasionalmente bella. Marx nos recuerda que la posesión de dinero puede suplir la fealdad. Gran verdad, por cierto. Sobran las historias o relatos de cortesanas o cortesanos, sean del pasado o la mismísima actualidad -¿hace falta que recuerde el show de Berlusconi?- que bien podrían contarnos las habitantes de un prostíbulo imaginadas (¿sólo imaginadas?) por Picasso, deliberada y salvajemente primitivas (¿feas?), a quienes pienso o supongo más bellas que alguna que otra Venus o damisela "had hoc" que anda suelta por la Historia del Arte (o por el mundo, que para mi es lo mismo).


En fin, me parece que me he metido en un terreno complejo aunque está claro que no estoy descubriendo nada nuevo; son los caminos que uno transita, por reiterativos que éstos resulten. Pero no le vamos a esquivar al bulto. Esto no termina. En todo caso, por ahora, cierro con lo expresado por Maurice Merleau-Ponty: "Indudablemente un "otro" dista mucho para mi de reducirse a su cuerpo, precisamente es ese cuerpo animado de todo tipo de intenciones, sujeto de muchas acciones o propósitos de los que yo me acuerdo y que contribuyen a dibujar para mi su figura moral (...) Para nosotros, los demás son espíritus que frecuentan un cuerpo y, en la apariencia total de dicho cuerpo, nos parece que está contenido todo un conjunto de posibilidades de las que él es su misma presencia." (****)

Continuará...

(*) Storia della bruttezza; a cargo de Umberto Eco, 2007, RCS Libri, S.p.A., Bompiani
(**) Fuente Storia della bruttezza; a cargo de Umberto Eco, RCS Libri, S.p.A., Bompiani, 2007. Aristóteles (siglo IV a.C.); Poética, 1448b.
(***) San Agustín, Sermón 27, 6
(****) El mundo de la percepción; Maurice Merleau-Ponty, Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A., 2002.
Imagen 1: Peter Paulus Rubens; La Cabeza de Medusa; 1618. Viena, Kunsthistorisches Museum.
Imagen 2: Andrea Mantegna; El Cristo Muerto; hacia 1475-1490. Milán, Pinacoteca de Brera.
Imagen 3: Pablo Picasso; El Burdel Filosófico o Les Demoiselles d'Avignon; 1907. New York, Museo de Arte Moderno (MoMA)

Ezeiza, dos fotos

Hay regresos y regresiones. Las regresiones bien pueden ser ejemplificadas por la foto que nos muestra a la Sra. Presidente (protegida de la lluvia con oportunos paragüas de ocasión) después de un viaje a la nada, de características ficcionalmente eyectivas. Algo similar a la aventura selvática que hace no tanto tiempo protagonizara el ex Presidente Néstor (su marido), en oportunidad de un frustrado simulacro de rescate de rehenes de la anacrónica y cruel guerrilla colombiana, para ser más precisos las FARC. El dato, por ahí, es que en ambos casos todos percibimos la sombra del Presidente Chávez, a modo de titiritero omnipresente en escenarios equívocos de nuestra América.


Luego, hay otra foto que registra un regreso. También bajo la lluvia, y un solo paragüas. Regreso que supuso un proyecto lamentablemente truncado por la propia Naturaleza y -como bien sabemos por los datos objetivos por todos conocidos- la intolerancia absurda que tanto nos ha dañado. Intolerancia que al parecer se pretende reinstalar insistentemente o -mejor dicho financiar- con los dineros del Pueblo, por más que éste haya dicho en las urnas y muy claramente que NO desea tal cosa.


Como un simple ciudadano que soy, me permito decir que usted, Sra. Presidente, no es Evita y que Néstor no es Perón. Y que ya han pasado unos 36 años de aquel regreso. Tiempo más que suficiente, me parece, como para empezar a mirar hacia adelante, sin insistir en regresiones que a nada conducen.

4/7/09

Bebo & Chucho

Bebo Valdés (90 años) y su hijo, el Chucho Valdés. Dos geniales pianistas cubanos. Separados por las circunstancias de la vida (en particular, las de la linda Cuba) y, un día, el 26 de junio de 2007, se reencuentran en la música convocados por la producción de Fernando Trueba y Nat Chediak. Esto sucedió en Madrid y, sinceramente, vale la pena disfrutarlo.



Un poquito más. Son muy buenos...



Hay un CD que registra la totalidad de este encuentro soñado. No te lo pierdas, vale la pena tenerlo a mano, como aquellos libros que siempre están vigentes y recurrentemente, nos convocan a su lectura.

3/7/09

Volviendo a Venus

Franciszek Zmurko (1859-1910), es uno de los artistas plásticos que supo retratar muy bien la atmósfera que se vivía en su Polonia natal, a fines del siglo XIX.

Los argentinos estamos, estuvimos, lejos de las expresiones culturales de sociedades de los denominados "paises del este europeo". No es casual, no solo nos separan lejanías geográficas y barreras culturales, comenzando por las dificultades idiomáticas. Hubieron guerras, fascismos, dictaduras... Demasiados líos, ninguno positivo. Por suerte hoy -por defectos que existan- estamos en democracia y las comunicaciones son una herramienta central a la hora de interactuar entre los seres humanos.

Pero volvamos al amigo Franciszek, artista que se destacó por el estudio y representación de lo erótico, siempre en el límite justo. Un tipo inteligente, creo. Y si no lo fué, al menos no se ha privado de bellas modelos. Todo un logro por cierto, desde un punto de vista no machista, sino masculino.

Su "Mujer con abanico" es célebre. Y lo es, porque es casi perfecta en su explícita imperfección. En otras palabras es humanamente perfecta. Ella es bella, paradigmática, el clima es el ideal. Hay allí desplegada una estrategia precisa y sutil: la de apenas dejar entrever y cubrir el resto -abanico mediante- sugiriendo que lo que se ve es un módico adelanto de una sensualidad atrapante, en la que la mujer disfruta del ejercicio de la seducción, aunque todo pase de un modo en que se supone debemos percibir que hay una cierta capacidad (relativa a la seducción) que sobrepasa holgadamente los límites de la voluntad.



Algún crítico expresó que "los cuerpos se cubren en seda tan suave como la satinada piel de las mujeres retratadas por Franciszek". Y es muy cierto. El encanto de esta dama -retratada en Florencia, vaya casualidad, en 1884- radica en la combinación de su reposada gestualidad, además de los accesorios que luce. Luego -me parece- hay en esta mujer un aura de vulnerabilidad y una cierta distancia o distanciamiento del mundo cotidiano. Ella está, más allá de lo que pase o deje de pasar en el exterior de un ambiente íntimo que muy claramente expresa el artista.

Zmurko materializó un tipo particular de belleza que aún hoy resulta interesante, atrapante. Lo ha logrado a partir de un uso armónico del color, que lo incorpora o asocia a la vertiente pictórica de los simbolistas. Lo curioso es que este artista se volvió famoso como retratista de mujeres elegantes, lo que supuso un impedimento para explorar otras búsquedas estéticas, profundizando algunos rasgos que, desde sus obras de juventud (en general religiosas o mitológicas, según las costumbres de su tiempo), suponían otros horizontes.



Francamente creo que Franciszek no se equivocó. Hoy, en el Museo Nacional de Varsovia (ver) (institución que incluye en su colección la obra que intentamos comentar), el público se detiene frente a esta joven de singular y enigmática belleza, ansioso de asistir a la consumación de un milagro, por supuesto imposible: que la figura cobre vida y que, comprendiendo el deseo ajeno, deje caer de una vez por todas el inoportuno abanico.


PD: Pregunto, por si anda por ahí alguien que entienda la lengua polaca, ¿Franciszek es lo mismo que un castizo Francisco? Me encantaría ser tocayo del maestro. Tanto como el límite erótico.

Ser esdrújulo

Siempre me gustaron los acentos. Ellos son únicos, contundentes. Establecen límites o, mejor dicho, ponen las cosas en su justa medida. Los acentos son al lenguaje lo que las especias y hierbas aromáticas al milenario arte de la gastronomía. Dan el toque, la nota justa.

Pero ellos, los acentos, no siempre se explicitan; a veces les gusta jugar de agentes encubiertos, por joder nomás. Es por eso que nuestra lengua, la mejor del mundo por lejos, se permite el lujo de tener acentos fonéticos y ortográficos. Allí están entonces las tildes, denominación que siempre me ha parecido débil, insegura y sobre todo equívoca.

Buscando en el sacrosanto diccionario encuentro que ellas son una “virgulilla o rasgo que se pone sobre algunas abreviaturas, el que tiene la ñ y cualquier otro signo que se use para distinguir una letra de otra o indicar su acentuación.” Hasta aquí las cosas, a mi ver, no están muy claras. Pero esto no queda allí. El sacrosanto se despide con “tacha, nota denigrativa… cosa mínima.” No lo soporto. ¿Cómo es que un portentoso acento terminaría siendo, en una interpretación equívoca, algo mínimo, si resulta que El, el gran acento, le pone sal a la lengua? Además ¿qué es esto de virgulilla? Suena mal. Porque una virgulilla resulta ser “cualquier -cualquier, o sea que da lo mismo- signo ortográfico de figura de coma, rasguillo o trazo, como el apóstrofo, la cedilla, la tilde de la ñ y la raya que se pone sobre las abreviaturas -o lo que es peor- cualquier rayita o línea corta y muy delgada.” ¿Qué esto de cualquier rayita? Un claro ninguneo a su majestad el acento.

La labilidad de los tiempos y los mismos hechos nos han hecho saber que las tildes pueden ser (y son) groseramente olvidadas y tales olvidos finalmente son aceptados por la fuerza numérica, expansiva, de la simplificación progresiva del lenguaje que, nos guste o no, implica la reducción de las ideas. Las ideas, se desarrollan a partir del leguaje. Una simbiosis maravillosamente necesaria que debería ser prufundizada insistentemente. Es que no se pueden desarrollar las ideas (el pensamiento) si no contamos con las palabras y, ellas, deben ser esencialmente correctas, justas y precisas. Si no ocurre así, las ideas se van a... ya saben dónde.

Las palabras, como las ideas, pueden ser agudas, graves o esdrújulas. También pueden ser simplemente palabras, sin la necesidad de caracterización alguna, son las que nada dicen, las de los discursos vacíos. Lo que no es aceptable es que las palabras, esencia de las ideas terminen en manos de la virgulillación, a dos pesos por rayita corta y muy delgada.

Acentos, señores y señoras, acentos. Definición y claridad. Que ya está bien de virgulillas. Acento, espacio en el que se produce la mayor intensidad de voz con que se pronuncia el núcleo vocálico de la sílaba de una palabra.

Y, si de acentos hablamos, tildados o no, nos encontramos con tres categorías, una de ellas con su “up grade”. Las palabras acentuadas son agudas (u oxítonas), llanas o graves (o paroxítonas) y esdrújulas (o proparoxítonas) y con lo que he llamado un “up grade” las sobreesdrújulas, que serían algo así como una orgía de la acentuación. Por suerte son escasas, en defensa de la moral y las buenas costumbres, digo. Porque hay que ser proparoxítono y ni te cuento si se termina siendo ultra proparoxítono… No habría cuaderno ni palotes que aguanten.

Las palabras agudas me parecen concretas, definitorias, incisivas y a veces, dolorosas. Revés, vivió, jabalí, perdió, patán, jardín, robó, cumplió, virrey, Uruguay…

Las llanas o graves son, precisamente, graves. Por ahí resultan algo más serias. Carácter, pómez, fórceps, fácil… En general no me motivan, aunque tienen lo suyo. Son serias.

Y las esdrújulas (ni hablar de las sobreesdrújulas) son excitantes, contundentes a más no poder y, además, siempre llevan su virgulilla, para mí -un arcaico- el acento explícito. Carámbano, forúnculo, régimen, límite, anárquico, ignífugo, pedúnculo, cúmulo, fascículo, ridículo, retícula, módulo, adminículo…

Luego tenemos las palabras átonas (definición esdrújula, por cierto), que –supongo- ponen las cosas en equilibrio o terminan desfigurando el discurso, a fuerza de hablar de nada. Como culo, curiosa terminación de muchas palabras esdrújulas. ¿Será que nuestras posaderas son, además de soñadas y ansiadas en más de una oportunidad, el equilibrio o en todo caso, el bálsamo moderador a tanta pasión, la humana? ¿Será que de tanto discurso que no expresa nada, nos va como el mismísimo culo? Dicho de otro modo, si se menciona al crepúsculo, ¿en qué estaríamos pensando?

Me defino, no esquivo al bulto. Apuesto a lo esdrújulo. Es, probablemente, más complejo y expuesto. Pero ¿quién te quita lo vivido, por aciago que resulte? Como bien definió Pedro Mairal, el culo se va, te abandona...

2/7/09

La Surca

Estela me ha regalado un CD del grupo La Surca, "Solos en Madrid". Son muy buenos. Hacen una música actual, en la que confluyen las músicas del Río de la Plata, ritmos gitanos y, naturalmente, un poquito de Jazz. Además, buena poética en sus letras. Estas son, se sabe, las ensaladas (ir) que más me gustan.
Hace no mucho han presentado su segundo CD, "Otra Sangre". En él -si no me equivoco- se incluye el tema que aquí reproducimos, gracias a YouTube.



Pero, amigas y amigos, hay más. Este grupo tiene un buen sitio en la Web (ir). Allí hay más, música incluida. Que lo disfruten tanto como yo.

PD: Presten atención a los temas "Vidas pasadas", "La ronda del ángel" y "Andaluza".

1/7/09

Hubo elecciones

Me encuentro entre los que creen que Beatriz Sarlo es una lúcida pensadora. Por lo general, acordando o no con sus opiniones y conclusiones, disfruto leer sus publicaciones por la claridad e inteligencia de sus ideas. Me permito reproducir aquí un artículo publicado hoy en el diario La Nación, de Buenos Aires, en el que analiza los resultados de las elecciones del domingo pasado. Sinceramente (y confieso que leído, visto y oido bastante en estos días sobre el tema) su análisis me parece excelente. Invito a leer la nota.

Todos están apuradosLa esfinge y sus metamorfosis

Beatriz Sarlo

lanacion.com | Opinión | Miércoles 1 de julio de 2009

Hace 35 años

El 1 de julio de 1974 falleció Juan Domingo Perón. Esto pasó hace 35 años. Aunque a los jóvenes de hoy esto les parezca muy lejano creo que en términos históricos son muy pocos años. Son casi los mismos años de la propia vida, después de la extraordinaria alegría de la niñez y las dudas de la pubertad. Uno forma parte de una generación maltratada por la historia. Al menos yo lo siento así.

No soy peronista, no lo fui, seguramente no lo seré; menos ahora que ya no se sabe muy bien qué significa ser o no ser lo que fuere y -parece mentira- cuando la poesía de Discépolo es cada vez más descarnadamente vigente, a pesar del paso del tiempo.

Tampoco soy ni seré "anti" peronista. No cabe el antagonismo irracional. Hay ideas o, mejor dicho, debería haber ideas... y realizaciones. Las famosas "efectividades conducentes" que proclamaba otro gran líder popular, Hipólito Yrigoyen.



¿Es, acaso, un deseo inusitado pretender que -finalmente- haya entendimiento y consensos democráticos entre los argentinos? Espero que no. Siempre queda un lugarcito para la esperanza.